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La marca indeleble del crimen en el tatuaje tradicional japonés

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El fotógrafo checo Martin Hladik se ha especializado en documentar el tatuaje tradicional de la cultura nipona y su influencia actual

Alba Muñoz

22 Agosto 2014 18:14

El tatuaje como expresión cultural existe en las islas japonesas desde hace miles de años. Al principio no se relacionaba con el crimen: las mujeres Ainu de la isla de Hokkaido se tatuaban alrededor de los labios como ritual de buena suerte. Pero poco después las ilustraciones con tinta en la frente y en las manos empezaron a usarse en la isla de Honshu como castigo para criminales y marginados.

La tradición de los Ainu fue erradicada hace un siglo, pero el tatuaje sobrevivió en otras islas japonesas y penetró en el underground como un arte invisible: pasó a representar el estatus de los miembros de la mafia de los Yakuza a través de los mitos y leyendas tradicionales chinas y japonesas.

Martin Hladik es un fotógrafo checo que reside en Tokio desde el año 2000 y lleva documentando el mundo del tatuaje en Japón desde entonces. Ha conocido a los principales maestros, códigos y familias. Su proyecto Tattoo in Japan se acerca a los creadores vivos más influyentes y a sus herederos, y reflexiona sobre cómo el tatuaje se ha transformado en un fenómeno globalizado.

Desde Oriente, y desde otros continentes donde el tatuaje surgió como ritual social o religioso (Oceanía y África), el tatuaje pasó a ser un imprescindible de las tribus urbanas de Occidente, y hoy es un seña de identidad que la industria de la moda ha absorbido por completo. Sin embargo, en Japón sigue teniendo un significado que traspasa las modas, las tendencias y los grabados por motivos personales. E incluso ahora que las nuevas generaciones de japoneses tienden a tatuarse dibujos de la cultura pop, el gobierno japonés tiene claro que sigue siendo necesario controlar qué tipo de leyendas se dibujan sus ciudadanos en la piel. Allí, tienen un poder profundo que se nos escapa.

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