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La increíble historia del hombre-compresa

El indio Arunachalam Muruganantham ni siquiera sabía que el periodo era mensual. Ahora es famoso gracias a un invento que está mejorando la vida de millones de mujeres

Arunachalam se acababa de casar cuando descubrió los “trapos asquerosos” que su mujer Shanthi se veía obligada a usar durante la menstruación. Si comprara toallas sanitarias, le dijo ella, no nos quedaría dinero para comer. Así que decidió fabricarlas él mismo, más baratas: no tenía sentido que 10 gramos de algodón, que por entonces costaban 10 paise, se vendieran por 4 rupias (40 veces más). Este hombre indio no sabía hasta dónde le llevaría su curiosidad.

Arunachalam tardó poco en darse cuenta de que casi ninguna de las mujeres de los pueblos cercanos utilizaba compresas (sólo un 12% de las mujeres indias lo hace). En su lugar, emplean trapos viejos y otras sustancias antihigiénicas, como hojas o ceniza. Por vergüenza, tampoco secan los trapos al sol, así que tampoco los desinfectan.

En la India, como en muchas otras zonas del mundo, persisten muchos tabúes respecto a la menstruación. Las mujeres no pueden visitar templos o lugares públicos, no pueden cocinar ni tocar el suministro del agua. Esencialmente, son consideradas intocables. Pero en este país, el 70% de las enfermedades reproductivas son causadas por falta de higiene menstrual, que además puede afectar la mortalidad materna durante el parto.

El día que Arunachalam le dio a Shanthi su primer prototipo para que lo probara, descubrió que el período aparecía cada mes: aquello tenía una envergadura mayor de la que había previsto en un principio, y se dio cuenta de que necesitaba voluntarias para testar el producto y mejorar su producción. Pero ninguna mujer se atrevió, a causa del pudor; ni siquiera las estudiantes universitarias. Arunachalam no podía detenerse, así que decidió que él mismo probaría sus productos: i ba a fabricarse un útero.

Cortó una pelota de fútbol por la mitad y le hizo dos agujeros. Un amigo carnicero le trajo sangre de cabra y otro le trajo un anticoagulante. Arunachalam se colocó la pelota y caminó, montó en bicicleta y jugó a fútbol con el útero-balón para probar la absorción de sus toallas.

Al principio todo el pueblo pensó que había enloquecido; después corrió el rumor de que Arunachalam padecía una enfermedad sexual. A Shanthi no solo le escandalizó el interés de su esposo en ese tema. Tampoco aprobaba que le dedicara todo su tiempo y dinero cuando la familia apenas tenía suficiente para comer. Luego vinieron los chismes y a Shanthi se le acabó la paciencia. Abandonó a Arunachalam en una increíble ironía del destino: "¡Dios tiene sentido del humor: empecé mi investigación por mi mujer y 18 meses después me dejó!".

Arunachalam tuvo que marcharse del pueblo porque se le llegaron a atribuir, incluso, espíritus malignos, pero no cejó en su empeño.

Salto a la fama

La increíble historia del hombre-compresa

Sus compresas no funcionaban igual que las de las grandes marcas. Así que Arunachalam gastó todo su dinero en llamadas a las corporaciones para conseguir su secreto, hasta que consiguió que una de las fábricas le enviara muestras argumentando que tenía pensado montar una fábrica. Aquellas compresas estaban hechas de celulosa, extraída de la corteza de los árboles. Pero surgió otro impedimento: la máquina que se requería para moler este material y convertirlo en toallas sanitarias costaba varios miles de dólares. Iba a tener que diseñar otra. De nuevo su inventiva y su empeño, a prueba.

Cuatro años y medio después, Arunachalam logró crear un método barato para la producción de compresas, una máquina sencilla y fácil de mantener. Sin que él lo supiera, el IIT ( Instituto Indio de Tecnología) postuló su máquina al premio nacional de innovación, y ganó. El mismo presidente de India, Pratibha Patil, le hizo entrega del galardón.

Arunachalam se hizo famoso, Shanthi quiso volver con él, y aldea tras aldea, la gente empezó a aceptar las máquinas, que tienen un coste de 1.200 dólares. Con ellas, las mujeres pueden producir rollos de sus propias compresas. Actualmente, la mayor parte de sus clientes son ONG y cooperativas de mujeres. El invento de Arunachalam ha llegado a 1.300 aldeas y se está exportando a 106 países en todo el mundo.

La curiosidad de Arunachalam Muruganantham no solo le ha convertido en un destacado emprendedor, además ha mejorado la vida de miles de mujeres en su país. Su hazaña ha sido recogida en un documental titulado "Menstrual Man". Este es el trailer de la pieza.

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