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La más increíble historia sobre el LSD jamás contada

Richard J. Miller publica "Drugged", un exhaustivo recorrido por la apasionante historia de lo psicotrópico

Las drogas, y en especial aquellas que provocan estados de alteración psíquica, las que conocemos como sustancias psicotrópicas, han estado junto al hombre desde la Prehistoria, y han tenido un profundo impacto en nuestra manera de entender el mundo. Por eso en " Drugged: The Science and Culture Behind Psychotropic Drugs", el escritor Richard J. Miller se ha propuesto embarcarnos en un apasionante viaje a través de nuestra estrecha relación con todo aquello que nos sirve para cambiar nuestros equilibrios biológicos y alcanzar estados que de forma natural quizás nunca conoceríamos.

De entre la abrumadora variedad de psicotrópicos que uno podría consumir, seguramente el LSD sea el más popular. Aquí te ofrecemos unos breves extractos del libro en los cuales se habla precisamente del descubrimiento de la droga y la posterior evolución de algunos de sus gurús, gente como Tim Leary o Ken Kesey.

“La ciencia es supuestamente un asunto puramente lógico. Sin embargo, todo científico sabe que esto no es del todo cierto. Los verdaderos científicos tienen un instinto sobre cómo funcionan las cosas. De dónde viene, no se sabe".

"Como Hoffmann (primer sintetizador del ácido lisérgico) cuenta en sus memorias, sin saber por qué, él no podía quitarse el LSD-25 de la cabeza, y una intuición le decía que aquel compuesto escondía más de lo que había observado".

"Testó esta hipótesis a través de la experimentación consigo mismo […] Por supuesto no se dio cuenta de que había sintetizado una de las drogas más potentes conocidas por el hombre y que la dosis que tomó era algo así como 10 veces mayor que el mínimo necesario para sentir los efectos […] Se levantó al día siguiente sin resaca o efectos adversos. De hecho afirma que no se había sentido mejor en su vida y que la droga le había hecho ver todo 'bajo una luz nueva'".

"En los años 50 y 60 la CIA estaba llevando a cabo varias iniciativas de alto secreto […] que buscaban desarrollar técnicas de control mental o “lavado de cerebro” a lo “Manchurian Candidate” como ayuda en los interrogatorios de sujetos, como parte de sus actividades de guerra fría".

"La idea de que el LSD podía producir desorganización mental impulsó a la CIA a utilizar en experimentos similares a los que habían llevado a cabo doctores Nazis con presos del campo de concentración de Dachau […] La CIA no sólo llevó a cabo experimentos con individuos, sino que acabó planeando maneras de contaminar los suministros de agua de enemigos potenciales con LSD para así incapacitar poblaciones enteras. Afortunadamente para el futuro de la humanidad, esto nunca llegó a ocurrir".

"En la atmósfera de paranoia general que sobrevolaba la era de postguerra, la CIA mantuvo un importante papel en el desarrollo de la Cultura de la Droga. Los operativos de la CIA actuaban como camellos si estaban interesados en observar los efectos de una droga en circunstancias particulares, y se infiltraron en diferentes grupos que consumían drogas y además tenían puntos de vista políticos en los que Washington estuviera interesado".

"Podría pensarse que en 1950 las drogas alucinógenas como la mescalina, la psilocibina o el LSD se habían convertido en un asunto ampliamente discutido en los círculos médicos, políticos y artísticos. Sin embargo, para que el uso de alucinógenos realmente despegara en la sociedad, se necesitaba algo más. Los líderes del proselitismo tenían que llegar, y pronto uno estuvo a mano".

"En 1960, Tim Leary era un psicólogo de 39 años que daba clases en Harvard. Tenía una carrera brillante frente a él. Ese verano viajó a Cuernavaca, México, y consiguió unas cuantas setas de psilobicina. Leary quedó muy impresionado por la experiencia […] Tiempo después fue introducido al LSD, y esa se convirtió en su droga experimental de elección. De todos modos, las autoridades de Harvard habían tenido ya suficiente de los modos de Leary, de su autopromoción y su modus operandi. En 1963, él y su compañero Richard Alpert fueron apartados de sus puestos en la facultad. […] Leary no se desanimó en absoluto. Inicialmente él y Alpert empezaron su propia organización, la International Federation for Internal Freedom (IFIF), para el estudio del uso religioso y psicológico de las drogas alucinógenas".

"De todos modos no fue sólo Leary quien catapultó la popularidad del LSD. En 1960 Ken kesey, quien se había graduado en los talleres de escritura creativa de Stanford, contestó a un anuncio para hacer de conejillo de indias en unos estudios patrocinados por la CIA sobre drogas psicodélicas y acabó trabajando allí en el ala de psiquiatría. El amplio acceso a drogas psicodélicas y pacientes mentales le llevaron a escribir su primera novela, “Alguien Voló Sobre El Nido Del Cuco”, un éxito de crítica y público".

"La aproximación a la experiencia del LSD de Kesey era muy diferente al de Leary. Se veía a sí mismo como un agent provocateur, cuyo rol era sacudir por completo el stablishment burgués. En 1964, junto a su grupo The Merry Pranksters, consiguió un bus, lo pintó en colores fluor y viajó por todo el país ofreciendo LSD (o ácido, como estaba empezando a conocerse) a cualquiera que quisera probarlo".

"El uso de LSD en los Estados Unidos alcanzó su pico a finales de los 60, más o menos al mismo tiempo que el gran concierto de Woodstock en 1969. Sin embargo el uso de alucinógenos no ha desaparecido, y las setas en particular han alcanzado recientemente un nuevo momento de popularidad”.

Fragmentos extraídos de "Drugged: The Science and Culture Behind Psychotropic Drugs", editado en Oxford University Press.

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