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El increíble viaje de una carta de auxilio enviada desde una prisión china

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La clienta de una tienda de Nueva York encuentra escondido en una de sus bolsas el mensaje de socorro: el caso ha sacado a la luz los trabajos forzosos en China

Leticia García

06 Junio 2014 15:47

Hace dos años, Stephanie Wilson se compró unas botas de agua en el centro comercial neoyorkino Saks Fifth Avenue. Buscaba el ticket en la bolsa y, en su lugar, se encontró esto:

"¡Ayuda! Soy Njong Emmanuel Tohnain, camerunés. He sido humillado y torturado física, moral, y psicológicamente sin posibilidad de comunicarme con mi familia y amigos. Nos maltratan y trabajamos como esclavos trece horas al día fabricando estas bolsas en prisión. Por favor, ayúdeme a contactar con los derechos humanos de la ONU. Gracias y discupe las molestias".

La carta iba acompañada de un email y una foto del autor. Procedía, según él mismo escribió, de una prisión china. Wilson se puso en contacto con la Laogai Research Foundation, una asociación de Washington centrada en investigar lo que ocurre los campos de trabajo chinos. Ellos, junto con la periodista Serena Salomon, del portal DNAInfo, comenzaron a investigar la veracidad de la carta. Dos años después, sabemos que era real.

Njong daba clases de inglés en China cuando fue acusado de fraude, encarcelado y trasladado a un laogai (campo estatal de trabajo). No se le permitía ningún contacto con el exterior, sólo podía trabajar y sobrevivir bajo pésimas condiciones. "Prefería morir. No quería seguir en el mundo“, contó recientemente a la revista The New Yorker.

Cinco llamadas de auxilio

Se jugó la vida escribiendo cinco cartas. La que encontró Stephanie Wilson tardó un año en llegar a sus manos desde que cruzó los muros de la prisión. Las investigaciones empezaban a dar sus frutos cuando descubrieron que Wilson cumplió su condena y había sido puesto en libertad el pasado diciembre. Ahora vive en Dubai, trabaja en una empresa de limpieza y sabe que nadie le compensará por aquellos días de trabajos forzados.

Su historia no es única. Los abogados de la fundación hicieron llegar la carta de Njong al Departamento de Seguridad Nacional americano. Estos les respondieron que ya habían investigado sin éxito un asunto similar. En esta ocasión, la bolsa provenía de una tienda Kmart en Oregón, y el mensaje escondido en la caja de unos adornos para Halloween decía:

"Señor, si usted compra este producto, reenvíe esta carta a la Organización Internacional de los Derechos Humanos. Las miles de personas oprimidas por el gobierno chino se lo agradeceremos para siempre".

Falta de pruebas

Según afirmó un portavoz de KMart entonces, el caso se investigó y no se encontraron violaciones de los derechos fundamentales ni se tuvo noticia de trabajos forzados. En Saks Fifth Avenue la respuesta fue similar: las grandes compañías subcontratan empresas para realizar estos productos. Y aunque realizan auditorías periódicas, no pueden controlar todo el proceso.

La empresa que se encarga de realizar las bolsas de este centro comercial es, según cuenta la revista New Yorker, Elegant Prinpac. También presta sus servicios a marcas como Calvin Klein y Polo. Por el momento, no se han pronunciado sobre este asunto.

Los laogai se crearon durante el maoísmo para "reeducar" a los presos políticos mediante trabajos forzados. Con la caída del régimen la mayoría se cerraron y se crearon leyes regulando este sistema. Sin embargo, siguen existiendo en la actualidad, y varias organizaciones internacionales los vigilan de cerca. Según la Laogai Research Foundation, se estima que más de mil campos de trabajo seguían en activo en 2008. En ellos se fabrica cualquier tipo de producto, desde té a telas, juguetes y objetos decorativos. Sin embargo, las exportaciones son tan pequeñas que es muy difícil investigar la cadena de producción hasta llegar a ellos.

Aunque Njong no recibirá compensaciones por aquellos años, su historia ha servido para que el mundo conozca la existencia de los laogai. Ahora sólo falta que los organismos internacionales investiguen este asunto y, con suerte, nadie tenga que volver enviar una desesperada carta de auxilio como esta.

La historia de Njong ha sacado a la luz la cuestión de los trabajos forzados en China.

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