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Los implantes de memoria artificial abandonan la ciencia ficción

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Después de probar con éxito en animales, el neurocientífico Theodore Berger está intentando crear una supermemoria implantable en el cerebro humano

Margaryta Yakovenko

05 Diciembre 2016 18:37

Desde marcapasos hasta brazos biónicos, mejorar nuestras capacidades con implantes es una de las tareas en las que más se ha centrado la medicina y la tecnología en las últimas décadas. Pero ¿qué pasa con los implantes para nuestro cerebro?

Hace unos años, Theodore Berger, ingeniero biomédico y neurocientífico de la Universidad del Sur de Carolina, se propuso la ardua tarea de mejorar la memoria humana.

En sus primeros experimentos implantó un dispositivo en los cerebros de las ratas que medía las ondas cerebrales que llegan a la región del hipocampo. Con el implante, Berger enseñó a las ratas a pulsar una determinada palanca para obtener agua. Aún anestesiando una parte del hipocampo, el científico descubrió que gracias al chip la rata era capaz de recordar lo aprendido.


Bergen implantó en sus primeros experimentos un dispositivo en los cerebros de las ratas que medía las ondas cerebrales que llegan a la región del hipocampo


Posteriormente, Berger comprobó la eficacia de su invento en conejos y primates. En ambos casos, el implante ha funcionado a la perfección, así que el investigador ha decidido ampliar las fronteras e intentarlo también con humanos.

El dispositivo está construido de acuerdo a una teoría que sostiene que el hipocampo transforma los recuerdos de corto plazo a largo plazo. Para que nos entendamos, un recuerdo a corto plazo es saber dónde has dejado las llaves, para que a largo plazo puedas recordarlo y encontrarlas.


El dispositivo está construido de acuerdo a una teoría que sostiene que el hipocampo transforma los recuerdos a corto plazo a largo plazo.


Con los conejos, Berger y su equipo propusieron un ejemplo muy fácil: hacían sonar una tonalidad mientras soplaban aire a los conejos de forma que les obligaban a cerrar los ojos. Con el tiempo, eliminaron el aire pero los conejos, a modo de perros de Pavlov, seguían cerrando los ojos cuando escuchaban el sonido.

De esta forma se descubrió que el entrenamiento cambiaba los patrones del hipocampo. Estos patrones fueron explicados por Berger como un código de espacio-tiempo que cuando cambia, se convierte en una memoria de largo plazo.

En rojo la sección del hipocampo.


Pero, después de funcionar en ratas, conejos y monos, ¿de verdad podrá funcionar el implante en humanos?

Hay que recordar que los cerebros de ratas tienen cerca de 200 millones de neuronas en comparación con las 86 mil millones de neuronas humanas, de acuerdo a Big Think, así que de entrada, que el dispositivo funcione en un humano requiere mucho más trabajo extra.


De esta forma se descubrió que el entrenamiento cambiaba los patrones del hipocampo. Estos patrones fueron explicados por Berger como un código de espacio-tiempo que cuando cambia, se convierte en una memoria de largo plazo.


Actualmente, Berger que ya está llevando a cabo un ensayo en personas implantando los dispositivos en el hipocampo de los pacientes y estimulando las neuronas para convertir las memorias de corto plazo a largo plazo. Se espera que el implante ayude a personas con demencia, alzheimer o a aquellas que hayan sufrido un derrame cerebral.

Por el momento, el científico asegura que las pruebas de memoria están obteniendo muy buenos resultados. Y su optimismo es igualmente compartido por Kernel, una compañía de inteligencia humana dirigida por Bryan Johnson, que está financiando y dando soporte a los experimentos del neurocientifico.

Kernel, que desde hace tiempo apuesta por la innovación tecnológica aplicada a la mente, espera que el nuevo dispositivo de Berger acabe con enfermedades degenerativas como el Alzheimer y de paso, sirva como base para mejorar la inteligencia en otras áreas como la creatividad o la atención.


Se espera que el implante ayude a personas con demencia, alzheimer o a aquellas que hayan sufrido un derrame cerebral.


La pregunta que surge ahora es: ¿son estos dispositivos una forma de curar ciertas enfermedades? ¿O deberían ser, también, un instrumento para mejorar las capacidades genuinamente humanas como propone la visión transhumanista?

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