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14 razones por las que tu padre es un superhéroe

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Ilustraciones que retratan aquellos momentos en los que tu padre y tú fuisteis el mejor equipo

PlayGround

07 Abril 2016 13:37

Conforme crecemos, nos alejamos más y más de nuestros padres. Vivimos nuestra vida, se reducen las llamadas y las visitas solo llegan por Navidad. Lejos quedaron esos tiempos en los que tú y tu padre erais el mejor equipo.

La vida adulta y las ocupaciones se llevaron también esa relación tan especial que tenías con él. Pero siguen estando ahí los recuerdos, las postales mentales que nos mantienen para siempre ligados a aquellos primeros años. Recuerdos que Snezhana Soosh pinta y sube a su cuenta de Instagram porque sabe que aún nos dan calor.

Esos momentos en los que tu padre era lo más parecido a un superhéroe que conocías. Mucho mejor que Spiderman, Batman o Superman. Un superhéroe con la capacidad de salvar tu pequeño mundo con tan solo un súper abrazo.

Esos momentos en los que tu padre era el mejor peluquero. Nadie hacía las trenzas como él y el moño de ballet quedaba mucho más redondito que el del resto de tus compañeros. Aunque, eso sí, seguías sin poder librarte de los tirones de pelo.



Esos momentos en los que tu padre te subía a la cima del mundo para que pudieras observar la realidad desde otra perspectiva.


Esos momentos en los que la barriga de tu padre era mejor que cualquier almohada. O que el colchón más caro.

Esos momentos en los que tu padre se hacía más pequeño solo para dejarte el mejor sitio en la cama.

Esos momentos en los que tu padre, pese a estar muy ocupado, tenía tiempo para tomar una tacita de té contigo.

 O para ser el actor que todo el mundo desearía.

Esos momentos en los que tu padre se marchaba y tú creias que iba a ser para siempre.

Y la única manera que se te ocurría para reternerlo era subirte encima de la maleta. O de su pierna. O de su espalda. Todo ello con un simple objetivo: que se quedara contigo un poco más.


Quizás para jugar a juegos nuevos.

O para inventar especies nuevas con las manos.

Esos momentos en los que tu padre te enseñaba las cosas que no se pueden aprender en el colegio. El ajedrez, las sombras chinescas o como ser un gigante con tan solo una gabardina de detective. Las reinas, los peones, las águilas y los misterios dejaron de tener secretos gracias a aquellas tardes.


Esos momentos en los que tu padre traía el mar a casa. Con tan solo un barreño, una camiseta de rayas y una regadera de hojalata, podía fabricar la peor tempestad o el mar en calma necesario para navegar sin miedo por sus aguas.

Esos momentos en los que tu padre intentaba practicar los juegos que más gracia te hacían. Aunque a veces fuera una tarea un poco complicada. Y el hula hoop se quedara atascado cada dos por tres.



Esos momentos en los que por la noche tu padre te arropaba, te contaba un cuento y te deseaba las buenas noches.

Esos momentos en los que imaginabas que después de cerrar la puerta de la habitación, tu padre cogía la capa de súperheroe y se lanzaba a salvar el mundo una noche más.


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