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Los humanos pueden moverse a oscuras con el sentido de la ecolocalización, como delfines y murciélagos

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Un estudio demuestra que tanto ciegos como videntes pueden aprender a usar la ecolocalización de una manera sorprendentemente sencilla

astrid otal

01 Marzo 2017 17:08

Los humanos poseen una capacidad desconocida que nos asemeja a murciélagos y delfines. Aunque mucho menos desarrollada, las personas tienen sentido de la ecolocalización.

Hasta el momento, se conocía que los ciegos podían llegar a desarrollar esta habilidad que consiste en emitir sonidos para que el eco nos revele las características físicas del entorno y las distancias a las que se encuentran los objetos que nos rodean. Sin embargo, se creía que los videntes, al depender de casi totalmente de la percepción visual, no podían adquirirla. Y sí pueden.

O mejor dicho: ya la tenemos, es innata y todos podemos valernos de ella.

Si se entrena, claro.



Científicos de la Universidad Ludwig Maximilian de Munich han demostrado que podemos orientarnos sin la necesidad de ver.

Durante su estudio entrenaron a 12 personas, once videntes y un ciego, en una cámara anecoica. Se trata de una sala diseñada para absorber en su totalidad las reflexiones producidas por ondas acústicas, de manera que no se percibe ningún tipo de eco. Allí se les hizo escuchar diferentes grabaciones de clicks registradas en distintas dependencias de edificios reales.

En ausencia de eco, los participantes aprendieron a diferenciar los distintos matices sonoros que identifican espacios grandes o pequeños. Es decir, los investigadores les instruyeron para reconocer el tamaño de una habitación según el eco que se origina en ellos.

Una vez completado el entrenamiento, a los participantes se les metió en una máquina de resonancia magnética que estaba conectada a un modelo virtual de una capilla cercana. Se les pidió que adivinaran el tamaño de las salas utilizando la ecolocalización. Está podía ser activa —si generaban ellos los sonidos con chasquidos de lengua— o pasiva, guiándose exclusivamente por el sonido ambiente que escuchaban. Los sonidos les llegaban por unos auriculares.

El grado de acierto fue sorprendente. Los participantes fueron capaces de decir el tamaño aproximado de las salas hasta que la diferencia en las dimensiones fue escasa. La persona que más capacidad demostró fue capaz de detectar diferencias del 4%.

"Incluso personas que no lo hicieron especialmente bien podían a menudo identificar diferencias de entre el 6 y el 8 por ciento, con los menos habilidosos quedándose en una diferencia del 16 por ciento", informó Virginia Flanagin, autora principal, a The Atlantic. "En líneas generales, ese es un nivel de agudeza —habilidad para distinguir diferencias— prácticamente igual al que encuentras en muchos test visuales".

Los científicos observaron que el área del cerebro que se activa durante el esfuerzo de ecolocación, eso si, es distinta según se sea ciego o se pueda ver. Los invidentes procesan la información en la corteza visual, inactiva por su privación, sugiriendo que visualizan los ecos rebotando en las paredes. Los videntes procesan en la corteza motora, que involucra al movimiento.

Todos somos potenciales Daniel Kish, nos dicen los investigadores de la Ludwig Maximilian. De bebé, Kish se quedó ciego, pero nunca vio en eso un impedimento para montar en bici o aventurarse por la montaña. A él le basta escuchar. No siempre se necesitan ojos para ver.


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