Actualidad

El horror de habitar un mundo en el que ni siquiera besar es posible

La literatura, la inocencia y la memoria vencerán al miedo

Un beso puede ser sinónimo de libertad, especialmente cuando quien lo da es un niño, ilusionado con la posibilidad de poder tocar por primera vez con sus labios a la niña de la que está enamorado; esa chica con trenzas, con coloretes y con el corazón enorme. Pero un beso también puede ser sinónimo de culpa, de castigo, de vergüenza. Porque antaño hubo lugares en el mundo en los que la libertad era una auténtica utopía —lugares que, tristemente, siguen existiendo en muchos puntos de planeta, escondidos a veces bajo un disfraz falso—.

En la novela gráfica No puedes besar a quien quieras (La Cúpula), de la ilustradora francesa Sandrine Revel y la guionista y poeta polaca Marzena Sowa nos adentramos en una historia que ahonda, precisamente, en estas cuestiones. Ambientada en la Polonia gobernada con mano dura por el estalinismo, sus protagonistas son un grupo de niños que han de enfrentarse a una desagradable realidad: descubrir que la supuesta nación fuerte y brillante que habitan es en realidad un lugar de terror y de opresión, en donde los más poderosos son capaces de hacer daño a los débiles, sólo porque estos tienen opinión propia.

Y todo empieza con un beso. Un diminuto e inocente beso que un niño quiere dar a una niña que lo rechaza, un hecho que más allá de quedarse en algo anecdótico e infantil termina por convertirse en una pesadilla. ¿De dónde habrá adquirido él esos modales? ¿Por qué habrá querido besar a una chica mientras veían por enésima vez una película propagandística sobre Stalin? ¿No serán sus padres unos disidentes? ¿Acaso habrá recibido una educación contraria a la que el nuevo régimen de su país desea? ¿Habrá que hacer justicia? ¿Habrá que perseguir a esos desagradecidos?

Esas son las preguntas que se harán los profesores, los militares y los vecinos que rodean a los protagonistas de No puedes besar a quien quieras, y ese será el miedo que finalmente recorrerá el cuerpo del padre del pequeño niño, quien tendrá que destruir sus poemas contra el régimen, sólo por el bien de su familia. Un beso ya no es libertad. Un poema ya no es libertad. Una idea ya no es libertad y sólo el engaño se hará dueño de todo. Pero, al final, nuestros pequeños protagonistas a los que les ha tocado crecer a pasos agigantados, saben en secreto que si luchan por sus ideales, el futuro les será más luminoso, y que el amor les unirá por encima de todas las cosas. De todos los líderes. De todos las mentiras…

Porque el futuro, sí, estará lleno de besos.

(Aquí puedes leer un adelanto del libro).

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar