Actualidad

¿Es hora de tomarse en serio el culo de Nicki Minaj?

Llevamos décadas viendo a mujeres afroamericanas moviendo sus nalgas frente a raperos con deportivos. Pero lo de 'Anaconda' es, quizá, algo muy distinto

El culo. Esa zona anatómica que los videoclips de hip hop noventeros convirtieron en el centro de la trama. Un esquema visual que admite múltiples variaciones (mangueras, ventiladores, barro) y millones de marcos (garajes, paseos marítimos, pistas de baloncesto) pero que en esencia, se reduce a hombres paseándose en deportivos y mujeres moviendo las nalgas a su paso.

Muchos crecimos en los noventa aceptando el meneo del trasero femenino como un elemento natural en los programas musicales. Luego nos dimos cuenta de que, en la mayoría de los casos, la sobreexposición mediática del culo era de todo menos algo lógico. Sin embargo, la fascinación por esta parte del cuerpo femenino, su forma y, sobre todo, sus movimientos, sigue ahí. Incluso podríamos estar hablado de un revival del género que aboga por convertir a los culos femeninos en objeto decorativo.

Enrique Iglesias lo ha usado como mesa, Pitbull los ha agrupado hasta hacerlos confundirse con un paisaje de palmeras y Major Lazer los ha convertido en protagonistas de una delirante historia de ciencia ficción. El culo es, por desgracia, el elemento indispensable de cualquier videoclip que, a falta de una trama ingeniosa, pretenda ser tenido en cuenta.

Pero no cualquier culo en buena forma es válido. La mitología de las nalgas se centra en la mujer afroamericana. Ellas, y sólo ellas, son en el imaginario colectivo las verdaderas poseedoras de buenos culos (y del talento para moverlos): cuando estalló la era del twerking, se hablaba de Miley Cyrus como impostora. Y resulta que ahora hasta la princesa inmaculada del pop, Taylor Swift, se disfraza con sudaderas y cadenas de oro en su nuevo vídeo. Ese es, en teoría, el código de vestimenta oficial para empezar a mover el culo.

Por eso lo de Nicki Minaj se veía venir. No será porque no lo hubiera avisado con la portada del single, un primer plano de su retaguardia que se convirtió, en horas, en viral y fuente de todo tipo de memes. El teaser de Anaconda, en coherencia con su imagen promocional, ya apuntaba a una celebración desenfrenada del twerking. Pero pocos esperaban que dicho videoclip fuera tan lejos en lo que a culos se refiere.

Como si la cantante estuviera pensando en destrozar a golpe de cadera toda la apropiación cultural que el pop ha llevado cabo con las vibraciones de la retaguardia, Anaconda parece decir a gritos: "este gran culo es mío, miradlo hasta la saciedad, cansaos de ver cómo lo muevo".

En Anaconda, el culo no es ni un añadido decorativo, es casi un concepto. En una selva, un salón, sobre un fondo blanco. Nalgas coreografiadas filmadas de perfil, de frente y en plano cenital que se mueven, como no podía ser de otra manera, al ritmo de frases como "Oh dios mío, mira su culo. Oh dios mío, mira su culo. Oh dios mío, mira su culo".

Minaj sabe cómo reventar el contador de visitas: ni canciones buenas, ni vídeos elaborados; es tan fácil como ofrecer una sobredosis de culos (o lo que es lo mismo, un generador inagotable de gifs). Porque, en apariencia, nada tiene sentido. Ni en los decorados, ni en los estilismos, pero a fuerza de ver nalgas botar, todo se vuelve mucho más coherente que en esos vídeos de raperos hieráticos y chicas semidesnudas:

Bailarinas blancas y negras, azotes y sesiones acrobáticas y de pesas dan paso a una escena en la que la cantante, de vuelta a sus pelucas y sus disfraces, se esparce nata en el escote y corta un plátano en trozos. Un recurso muy básico, una alusión a aquel video, Hard Up, en el que Lilly Allen ridiculizaba la estética hipersexualizada de las nuevas estrellas del pop chupando una banana.

"Que les jodan a las zorras delgadas. Quiero ver a todas las zorras de culo gordo en el club", canta Minaj mientras prueba sus dotes como bailarina erótica frente al rapero Drake.

¿Y si, tras décadas de cosificación femenina centradas en el culo, Minaj estuviera invirtiendo los términos sobreexponiéndolo? ¿Y si, ademas de una básica aunque brillate estrategia de marketing, Anaconda es un rechazo a todos estos meses de twerking en cantantes ajenas a esa práctica? Si ya se dijo que el Bootylicious de Beyoncé era un retorcido alegato feminista en contra de todas aquellas mujeres juzgadas por llevar faldas cortas, lo de Nicki Minaj podría considerarse, directamente, una reapropiación del culo por parte de sus dueñas.

"Todas estas escenas llevan al mismo punto; el cuerpo de Nicki es un ideal moderno. Y como está todo el tiempo haciendo chistes rápidos con él en la pantalla, es imposible reducir a Minaj a un mero cuerpo", afirma Molly Lambert en Grantland.Negación por sobreexposición. Alegato político centrado en las nalgas. Y, a la vez, la enésima prueba irrefutable de la simplicidad humana: todos tenemos un culo, pero basta con enseñarlo para ganar visitas, dar pie a polémicas e inspirar elucubraciones como ésta.

Tags:

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar