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El Thor de carne y hueso que está revolucionando Instagram

¿El hombre más sexy del mundo? Permíteme dudarlo

Thor ha vuelto a la Tierra y esta vez no lleva un martillo entre sus manos. El martillo son sus brazos.

El nuevo Thor es teniente de la marina de Noruega y oficial del Centro de Guerra Conjunta de OTAN. Pero su fama no tiene que ver con su trabajo, sino con su actividad como instagramer.

Lasse Matberg, que es el nombre del adonis en cuestión, es una especie de dios de carne y hueso que, con sus rasgos vikingos, su larga melena rubia siempre ondeando al viento y su torso vigoréxico, ha enloquecido a miles de hombres y mujeres a lo largo y ancho del planeta.

Have a nice #weekend 🙂 #smilesmilesmile

Una foto publicada por Lasse L. Matberg 🇳🇴 (@lasselom) el

Matberg tiene 30 años y le faltan 2 centímetros para llegar a los 2 metros. Sus ojos azules y su sonrisa perfecta hace suspirar a la comunidad instagram mientras él se dedica a posar estupendo, ya sea llevando el uniforme de la marina o ejercitándose en el gimnasio, en fotografías tan estudiadas como un examen de 10.

#FOS '16 ⚓️ #forsvaret #uniform #navy #beret #beard #manbun #manbunmonday 📸 by @juliakalvik

Una foto publicada por Lasse L. Matberg 🇳🇴 (@lasselom) el

Pero, hay algo que no encaja.  

Un cierto tufillo a fotos retocadas, luces perfectas y sonrisas blanqueadas revuela alrededor del hombre que ha sido proclamado divinidad.

Yes I do #smile on occasion 😏 #currentmood #beard #norwegian 🇳🇴

Una foto publicada por Lasse L. Matberg 🇳🇴 (@lasselom) el

La hipermasculinidad que desprende cada una de sus imágenes llega hasta el punto de resultar aberrante, artificiosa, cansina...

Conforme paso las fotos de su cuenta de Instagram, con más de 315.000 seguidores dedicados día sí y día también a soltarle piropos, la red me dicta que debería sentirme sonrojada, sobreexcitada y seducida por cada una de las miradas que el vikingo me lanza desde sus fotos.

Pero lo único que siento es frío.

Aversión en vez de admiración.

That awkward moment when there's a hair in your mouth and you can't find it 😒#longhairproblems

Una foto publicada por Lasse L. Matberg 🇳🇴 (@lasselom) el

El posado casual en la nieve o la fuerza bruta de la que hace gala rompiendo de un hachazo troncos del tamaño de mi cuerpo me hacen sospechar de los límites de su sensibilidad. Y sí, lo sé, no debería estar juzgándole solo por unas fotos, nunca he cruzado una palabra con este bello Adonis, pero...

Siento como si estuviera mirando un partido amañado. Donde otros y otras ven un hombre de 10, yo veo un Geyperman.

Matberg lo intenta incansable. Abarca todos los ángulos, todos los escenarios posibles. Incluso quiere despertar mi ternura, y la tuya, con la foto de un perrito Pomerania.

Lo capto. Duro como una roca por fuera, y tierno como una magdalena casera por dentro. "El hombre perfecto, con el perro perfecto", comenta una tal Gabriela en Instagram. Efecto conseguido. Entonces, ¿por qué será que yo solo pienso en la cara de tristeza del pobre animal?

Meet Junior 🦁 #suitsme right #pomeranian #menanddogs #thanks @thomasbekkeli #illtakehim anyday 🐶😌

Una foto publicada por Lasse L. Matberg 🇳🇴 (@lasselom) el

Sus fotografías, calculadas al milímetro, pretenden pasar por una captura casual, informal, estilo mira-que-bello-soy-incluso-cuando-me-roban-una-foto-sin-posar. Pero un vistazo más profundo revela que, dentro de su día a día de gimnasio y nieve, se cuelan fotos de un anuncio de Calvin Klein, uno de maletas, otro de pijamas, de calcetines de lana para andar por casa...  

¿Hombre perfecto o perfecto hombre anuncio para la era digital?

Incluso, posa cual yeti sexy superbueno con una botella de Coca-cola.

#TasteTheFeeling 📸 by @juliakalvik for @cocacola #campaign #ad #coke #cocacola #norway

Una foto publicada por Lasse L. Matberg 🇳🇴 (@lasselom) el

O en el papel de personal shopper.

#mondays and #manbuns ✌🏼️

Una foto publicada por Lasse L. Matberg 🇳🇴 (@lasselom) el

Aquí un día de paseo por el río.

Lasse Matberg parece creado para que tú te sientas protegida a su lado, resguardada por su cuerpo de acero, femenina y segura. Yo solo me siento indefensa ante La Masa.

El abominable hombre de las nieves lanza gritos varoniles antes de salir de caza —no vaya a ser que alguien le tome por lo que no es—, mientras yo, ingenua, espero encontrar al menos una fotografía en la que el vikingo tenga un libro entre las manos, aparezca con cara cansada, o haciendo algo tan mundano como cocinar.

Pero no, los dioses no están hechos para la cotidianidad.

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