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El espectáculo del futuro: así se hackea un rostro en pocos segundos

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Bienvenidos al mapping 3D que te permite tener mil caras

Natxo Medina

07 Enero 2015 12:18

Hablamos mucho sobre el futuro pero a menudo nos olvidamos que el futuro ya está aquí. En ocasiones miramos películas de ciencia ficción y no somos conscientes de que algunas de las tecnologías que aparecen en ellas ya existen, o están a un paso de hacerlo. Por ejemplo, vemos a personajes que cambian de forma a voluntad mediante avanzadas técnicas de morphing, y nos preguntamos, "¿en quién me convertiría yo si pudiera cambiar mi rostro en un segundo?". Y sin embargo, a pregunta es ya una realidad. Consulten si no a Nobumichi Asai, el hombre que hackea rostros.

Aunque los japoneses son expertos en modificaciones corporales extremas, no estamos hablando aquí de complicadas técnicas de cirugía estética, sino de una compleja técnica digital que mezcla el reconocimiento facial con el mapping más sofisticado. Como el que ya nos vamos acostumbrando a ver sobre edificios o incluso en bosques. Pero aplicado en tiempo real y con increíble detalle a un rostro humano.

Asai ya dio una buena muestra de su potencial el pasado agosto, cuando su proyecto Omote vio la luz. Entonces vimos cómo la faz de una mujer con aspecto de geisha se iba transformando ante nuestros ojos, primero a través de cambios en el maquillaje, después convirtiendo toda su cara en espejos o incluso en un mar de metal líquido que nos recordaba al T-2000 de Terminator.

Para acabar el año, el artista subió la apuesta al doble o nada. En esta ocasión no puso a uno sino a dos modelos frente a sus proyectores mágicos. En Face Hacking además introduce muchos más cambios y más radicales, desde transformar los rostros en carcasas robóticas y guepardos a personajes salidos directamente de alguna distopía cyberpunk a lo El Cortador de Cesped. Todo al ritmo de la música, y con una intención narrativa más marcada. Ya no hay sólo experimentación en el proyecto, sino también una historia que contar a través de la transformación tecnológica de los cuerpos.

Face Hacking supone sobre todo dar un paso más en la consecución de esa vieja tecnoutopía de aires transhumanistas: la disolución de la identidad a través de las máquinas, que permitirían una apariencia en flujo constante. También imaginamos posibilidades de cara a la ocultación. En un mundo en el que la vigilancia del poder tiende a infinito, ¿qué ocurriría si pudiéramos cambiar de cara en un segundo? En la obra de Asai no hay respuestas, pero a veces, basta con plantear bien las preguntas.


El futuro está en la identidad mutante: el rostro que existe pero nunca permanece



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