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Agit-tech contra la apatía: Holly Herndon y el poder político del pop

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Laptops hiperemocionales, rabia e ideas en Sonar+D: así es la reina de la tech-topia que se deja bailar

Luis M. Rodríguez

22 Junio 2015 06:00

Privacidad. Transparencia. Vigilancia. Interferencia. La seguridad nacional por encima de nuestra dimensión personal. El 'big data' como mecanismo de control social. Son conceptos sobre los que hemos oído hablar hasta la saciedad, pero que rara vez vienen acompañados de una banda sonora audaz, rabiosamente contemporánea, que anima al baile neuronal.



La imagen y el currículum académico de Holly Herndon son de los que incitan a tomarse sus cosas en serio. Máster en Música Electrónica y Medios de Grabación por el Mills College, estudiante de doctorado en composición en la Universidad de Stanford, profesora de Estética de la música electrónica experimental...

Tendiendo finos puentes entre el pop, el club y la academia, la norteamericana se ha postulado, en apenas cuatro años de carrera, como la nueva gran dama de la música experimental. Ella es la poetisa de los procesos tecnológicos y la excitación aural, la musa pelirroja de la era 'post-internet' capaz de casar la reflexión conceptual con uno de los discursos sonoros que mejor representan el ahora y sus demandas.

«Me gusta que mi música entable una conversación con el año en el que sucede», contestaba la artista en una reciente entrevista con The Wire. «Quiero que la música sea importante, y tenga voluntad, que no se quede en una serie de festivales a lo largo del mundo que siempre tienen el mismo aspecto, donde las experiencias son siempre las mismas, y es simplemente gente emborrachándose y escuchando techno escapista».

Para mí es importante que el proceso de hacer una pieza y el concepto detrás de esa pieza se entrelacen. Estoy usando estas ideas para crear o intentar ir desenredando una nueva estética

Ese sentir explica su presencia doble, este año, en Sónar. Ella protagonizó uno de los últimos grandes momentos del festival con su performance del sábado, pero igual de interesante fue su conversación, un día antes, con la periodista Kate Hutchinson en el marco de Sonar+D.

A continuación resumimos algunas de las ideas que sobrevolaron una charla que destilaba intención política desde su mismo título: Crea tus propias reglas.

El laptop como reducto de intimidad

Pocos artistas contemporáneos manifiestan una vinculación tan empática con el laptop como Holly Herndon. Hace tres años, la artista planteó Movement como una exploración de su propia relación con su ordenador portátil. El disco llegó con la difícil tarea de indagar en las zonas más imprecisas de la electrónica de autor a partir de la manipulación digital de la respiración, los suspiros y otras expresiones vocales de la propia Holly. Todo ello con el laptop como único instrumento. Pero el interés y la vinculación de Herndon con su máquina de truenos va mucho más allá de su versatilidad como herramienta para la manipulación sonora.



Frente a quienes denuncian los peligros de una vida confinada a mirar una pantalla, nuestra protagonista prefiere adoptar un discurso más positivo. Herndon defiende el valor de nuestros dispositivos citando la intimidad que encierran nuestras historiales de navegación, el profundo empoderamiento que supone el acceso instantáneo a todo tipo de conocimiento o la emocionalidad que experimentamos a través de nuestras máquinas, auténticos portales dimensionales que nos conectan con el mundo y con nosotros mismos.

Si mi inbox es más personal que mi apartamento, y alguien está potencialmente teniendo acceso a ese lugar sin mi permiso, ¿cómo me hace sentir eso?

Para Holly todo es prueba de nuestra sofisticada e irreversible unión con esos aparatos, llegando hasta el punto de ver su laptop como su verdadero hogar cuando está lejos de casa.

«[Mientras concebía el disco] yo vivía en San Francisco, estaba viajando con cierta frecuencia, mi pareja tuvo que mudarse a Los Ángeles, todo estaba como repartido en diferentes lugares y sentía que todas mis relaciones estaban siendo mediadas a través de mi bandeja de entrada, que era allí donde mi intimidad estaba teniendo lugar y no necesariamente en mi apartamento en San Francisco. Es entonces cuando me di cuenta de lo hiperpersonal que puede llegar a ser es espacio», contaba Herndon a su paso por Sónar+D.

Cuando afloraron los detalles sobre el espionaje masivo del NSA norteamericano y otros servicios de inteligencia, Holly llegó a asegurar que se había sentido físicamente violada. Alguien podía haber penetrado en su espacio más íntimo. Esa es la idea de fondo que subyace a Home, una canción de ruptura que aborda el asunto de la privacidad online con un plus emocional.






El virus pop contra la servidumbre digital

La apariencia de androide de mirada fría que Holly suele gastar en las fotos promocionales contrasta con una personalidad cálida —en persona, la pelirroja es todo afabilidad y sonrisas— y un discurso íntimamente preocupado por las connotaciones políticas de nuestra vida digital en la era 'post-internet'. Esa realidad que el economista suizo Hannes Grassegger, autor de Das Kapital Bin Ich (Yo soy el capital), caracterizaba hace poco de forma pesimista con la expresión: Ya no nos pertenecemos a nosotros mismos.

La mención a Grassegger no es gratuita. Él es uno de los colaboradores, por la vía de las ideas, de Platform, un disco decididamente colaborativo en el que Herndon expande su lenguaje musical hacia terrenos más pop, sin dejar de hacer gala de un profundo sesgo experimental en la forma y en el fondo (su música no se entiende sin atender a sus procesos).

En sus manos, el laptop vuelve a convertirse en una maquinaria recodificadora de emociones e ideas que tienen mucho que ver con el presente: hipervigilancia, singularidad, intimidad, las plataformas digitales y sus paradojas, la esquizofrenia que se deriva de la creciente disolución de las fronteras entre nuestro ser físico y nuestro ser digital...

Todos estamos muy implicados emocionalmente en nuestros avatares. Son parte de nosotros. Incluso cuando son una representación idealizada, o no son un reflejo perfecto de la parte física de nosotros, aún son una parte emocional de nosotros mismos.

Platform es la banda sonora de un futuro transhumanista, pero no necesariamente distópico. Un escenario al que Holly mira con el optimismo propio de quienes se saben comprometidos con el cambio. Herndon cree en la música como activador de conciencias, y el pop puede ser una vía para el contagio.

«Me gusta esa expresión que se refiere al 'pop como señal transportadora'. El pop puede viajar y puede llegar realmente lejos. Y tú puedes aprovecharte de eso, puedes insertar un mensaje en esa señal».

Es por eso por lo que Unequal, uno de los momentos más melódicos y amables de Platform, es también un estimulante ejercicio de canción protesta que vincula el pasado feudal con la nueva realidad definida por las grandes corporaciones tecnológicas.

«En esa canción particular, pensábamos en la idea de representar a Colin Self como una especie de Juana de Arco. Le imaginaba ardiendo en una pira, y por eso hay tantos sonidos crujientes y un diseño sonoro de aire medieval», explica Holly. «Hannes Grassegger escribe mucho sobre feudalismo neo-digital y ese fue el punto de partida. Él escribe sobre la necesidad de tener una carta de derechos digitales de la misma manera que tenemos una carta de derechos para nuestros cuerpos físicos. Necesitamos proteger nuestros cuerpos digitales. Todos estamos muy implicados emocionalmente en nuestros avatares. Puedes verlos como una extensión emocional de nosotros mismos. Se trata de reconocer el valor que hay en eso, y proteger ese valor».


Sobre la necesidad de imaginar nuevos paraísos políticos

«Realmente me gusta la idea de crear 'nuevas fantasías'. El economista Guy Standing habla mucho sobre cómo la izquierda necesita aprender a imaginar sus propios paraísos políticos y hacer 'política de paraísos'. La derecha es realmente buena en crear este tipo de visiones paradisíacas en las que la gente puede creer, y la izquierda a menudo falla cuando se trata de crear visiones extáticas sobre cómo las cosas deberían ser, o podrían ser».

Se trata de generar lo contrario a la apatía. De intentar curar la apatía

Para Herndon, la música puede y debe tener un papel en este proceso; debe forzarse a ir más allá del entretenimiento o el escapismo para constituirse en parte de la conversación sociopolítica global.

«En mi campo de investigación, me he cuestionado mucho sobre lo que significa ser un músico, cómo puedo puedo imbuir mi música de este otro tipo de ideas. Cuál es el valor de la música, para qué tipo de cosas es buena. Y me he dado cuenta de que crear este tipo de fantasías, esas visiones paradisiacas de cómo queremos que sean las cosas, es algo que la música puede hacer realmente bien. Se trata de generar lo contrario a la apatía. De intentar curar la apatía. Intentar evitar esa sensación derrotista. 'Vamos a estar pringados con el capitalismo para siempre'. 'Todo es una mierda'... Frente a eso se trata de imaginar cómo queremos ser, cómo queremos que las cosas sean, y cómo podemos ir dando pasitos para llegar hasta allí. Si no sabemos qué aspecto tiene aquello a lo que queremos llegar, ¿cómo vamos a saber por qué luchar?».


                                         Holly Herndon durante su charla en Sonar+D

En el mundo hiperconectado, lo personal es geopolítico

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