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8 historias de hostigamiento, humillación y lucha laboral

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¿Has sentido al menos una vez el deseo de llegar tarde al trabajo? ¿Llegado el caso, ¿tienes la intención de partirle la cara a tu jefe? ¿Sientes el deseo de hacer el amor—no por rutina, sino apasionadamente—con tu pareja, con el primer o la primera recién llegado/a, con tu hija, con tus padres, con tus amigos y amigas, con tus hermanos y hermanas? En tal caso, has entendido que trabajar más es vivir menos»

Antonio J. Rodríguez

02 Mayo 2017 21:43

*Fotos: AJR/ Con información de Thomas Deslogis


«¿Has sentido al menos una vez el deseo de llegar tarde al trabajo, o de abandonarlo antes de hora? ¿Te ha sucedido sentir fuera del lugar de trabajo la misma repugnancia y el mismo cansancio que en la fábrica? Mientras saboreas la producción, ¿sientes el deseo de divertirte en sabotear las redes represivas? ¿Ya has sentido el deseo de dejar de leer periódicos y de romper tu televisor? Llegado el caso, ¿tienes la intención de partirle la cara a tu jefe o cualquiera que te trata de subordinado? ¿Sientes el deseo de hacer el amor –no por rutina sino apasionadamente– con tu pareja, con el primer o la primera recién llegado/a, con tu hija, con tus padres, con tus amigos y amigas, con tus hermanos y hermanas? ¿Sueles sentirte harto de tu mujer, de tu marido, de tus padres, de tus hijos, e los trabajos caseros, de las obligaciones familiares? En tal caso has entendido que trabajar más es vivir menos»


Raoul Vaneigem



1. Plaza de la République, París, manifestaciones del 1 de mayo: «Soy animadora infantil —dice Katia, protagonista de la foto de portada de este artículo—, trabajo a media jornada. Hay algunos meses en los que gano 300 euros y otros en los que gano 800. No sé lo que voy a ganar cada mes. A mí me costó tres años encontrar mi primer trabajo, lo que significa que durante ese tiempo ni siquiera fui considerada como desempleada. Dado que el salario es el que es, a veces necesito pedir dinero a mi familia. Paradoja: trabajo pero no puedo ser independiente». Katia pertenece a las Jeunes Communistas y es uno de los rostros del desempleo juvenil en Francia, que es de largo el más acentuado del país. Para conseguir su empleo tuvo que sacarse un diploma en tres partes: primero, con un pago que rondaba los 500 euros; luego, con unas prácticas no remuneradas; finalmente, con otro pago de 500 euros. Todo eso sin haber visto nada de dinero». Para ella, esta manifestación contiene un mensaje para quien sea que gane las elecciones: 'Las calles son nuestras y nos vamos a quedar'.



2. Justo ahora se cumplen veinte años desde que Tony Blair, emblema de la Tercera Vía europea, llegase a Downing Street con su voluntad de modernizar la izquierda. A causa de ese aniversario hablaba este fin de semana con Libération, donde elogió a Macron como fuerza del cambio en Europa; en esa conversación, el laborista también defendía la vigencia de los planes políticos y económicos con los que llegó al poder en 1997: «La principal característica del mundo actual es la aceleración del cambio; para la izquierda, esto significa modernizarse constantemente», aseguraba el ex primer ministro. En el Centro de París, todo los bares y restaurantes están abiertos el 1 de mayo, dado que la ciudad no puede parar ante los efectos que a ella le ha deparado la globalización: un chorro incesante de turistas. Parar aquí sería renunciar al presente. Modernizarse constantemente, siguiendo el razonamiento de una de las inspiraciones de Macron, consiste en convertir el día del trabajador en el día del consumidor.

3. Laura es una profesora jubilada hispanohablante. Cuando le preguntamos que nos diga lo que para ella significan Le Pen y Macron, dice esto: «Le Pen: fascista; Macron; fascista enmascarado, al servicio de los grande intereses del neoliberalismo».  



*Laura, profesora jubilada: «Le Pen: fascista; Macron: fascista enmascarado»


4. «Está oscuro en el país de las luces» (pintada)



5. Moussa es de Mali y se ocupa en una empresa de trabajo temporal; constantemente va cambiando de tareas. Dice que ha trabajado sobre todo como albañil. Añade: «también de albañil en edificios públicos». Es la manera que Moussa tiene de dejar por escrito que su trabajo constituye una contribución a la prosperidad del país. Moussa milita en la CGT: «Aunque los salarios son importantes, las condiciones en las que se trabajan lo son aún más. Yo si estoy aquí es para alertar a los nuevos presidentes de que hay unos derechos de los trabajadores que van a tener que ser respetados».

6. Huele a pólvora —o a lo que sea que huelan los fuegos artificiales y los explosivos caseros— y a gas lacrimógeno en la cabeza de la manifestación, donde alguna gente se aplica gotas humectantes en los ojos y se aclara la garganta con. Un grupo de antifascistas que no quiere ver cámaras está rodeado de cámaras mientras se enfrentan a la policía. Le Monde habla de seis policías armados heridos pero no dice nada de heridos por la policía. Todo lo demás, que es la práctica totalidad de la manifestación, transcurre tranquilamente.



*Kevin, organizador del movimiento #LePenNon.



7. «Ni patria ni patrón. Ni Le Pen ni Macron» (pintada).

8. Román pertenece a la CGT, es informático, y dice que en 2002, cuando Chirac se enfrentaba a Le Pen, la manifestación fue mucho más multitudinaria. Es el mismo diagnóstico que comparten los medios. En aquella época, a comienzos de los dosmiles, Roman se dedicaba a Alfrom, una unión de asociaciones antifascistas, que entonces tenía mucha fuerza: «con Sarkozy se debilitó: la idea de fascismo empezó a llegar al poder y entonces la lucha antifascista se volvió política, pero nosotros hacíamos nuestra lucha desde las calles». El vecino de Román participa en dos sindicatos: CGT y LO, Lutte Ouvrière. Asegura: «la mayoría de los que estamos aquí no votarán ni a Macron ni a Le Pen y eso para mí es importante: elegir significa que tenemos el uno y lo otro. Es importante no elegir porque eso significa que no nos hemos rendido».



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