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5 historias futbolísticas que te harán cuestionar tus valores

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Analizamos 'Del juego al estadio. Reflexiones sobre ética y deporte', el libro de Rivero y Tamburrini

José Necky

26 Febrero 2014 09:16

Filosofía y fútbol. Éste es el difícil matrimonio que intentan crear Jacobo Rivero y Claudio Tamburrini en su libro "Del juego al estadio. Reflexiones sobre ética y deporte". Aparándose en los estudios culturales, intentan ahondar en ese inexplorado nicho de pensamiento que es la teoría moral en el deporte. No se trata de una metafísica del fútbol, que también existe: su preocupación se centra en los valores. ¿Qué enseñanzas transmite el deporte? ¿Qué ideales éticos ejemplifica? ¿Cómo deberían comportarse los deportistas?

1. El sacrificio de nuestros hijos: ¡al campo a competir!

El fútbol, como los demás deportes, tiene por objetivo último la diversión: es una actividad recreativa. Salvo en el mundo profesional, el sistema de valores que debe regir la práctica, sobre todo cuando se trata de niños, ha de entenderse en el seno de una actividad formativa: se transmiten ideales básicos como el compañerismo, el sentido comunitario, el respeto a la autoridad, el aceptar las injusticias, etc. Sin embargo, tendemos a transvasar los ideales del mundo profesional al pabellón municipal: nuestros hijos se entrenan dos o tres veces por semana para ser mejores; les aplaudimos cuando lo hacen bien, premiándolos por su esfuerzo; los cargamos con la responsabilidad de entrenar y asistir a los partidos por compromiso; los educamos en los valores de la competencia absoluta. ¿No es ya una desviación ética que nuestro hijo no pueda quedarse en casa mirando la tele, en lugar de ir a darle a la pelota, si así lo prefiere él?

2. José Mourinho metiendo dedos en los ojos.

Otro elemento interesante es la figura del entrenador: la autoridad. De algún modo, son ellos quienes definen el código ético que reina en un vestuario. No son detalles irrisorios los que comentan Rivero y Tamburrini al señalar la diferencia entre aquellos entrenadores que se dirigen al equipo incluyéndose a sí mismos ("lo estamos haciendo mal") o quienes se excluyen del juego ("los estáis haciendo mal"). Por eso, tanto a nivel recreativo como a nivel profesional, debe procurarse que el entrenador se comporte más como líder moral que como un tirano esclavista. Ahí está el caso de Anna Tarrés y el equipo de natación. En caso que fuera verdad, ¿estaría justificado explotar psicológicamente a las personas para que lleguen a rendir más? O volviendo al fútbol: ¿qué mensaje da un entrenador como José Mourinho, que antepone la victoria a todo lo demás, incluso si ha de meter el dedo en el ojo de un rival?

Historia relacionada: 6 historias políticas para fanáticos del deporte (o viceversa). Por César Rendueles.

3. El fútbol no es cosa de mujeres.

Una problema enorme, que se ha señalado no pocas veces, es el sexismo en el fútbol (y el deporte en general). Si bien es cierto que en los últimos años ha aumentado exponencialmente el número de mujeres que juegan al fútbol, los prejuicios siguen estando ahí, y siempre parece que las competiciones femeninas son una versión light del mismo deporte. Como señalan Rivero y Tamburrini, los deportes mayoritarios están diseñados para las fisiologías masculinas, pensando en sus cualidades físicas: la segregación sexual está inscrita en el seno del deporte. Por ello, por más que las mujeres puedan ser mejores futbolistas que un hombre en términos relativos, nunca (o casi nunca) podrá serlo en términos absolutos. Esta diferencia de base ha llevado a una ideología machista que sigue imperando en nuestra cotidianidad. El debate debería replantearse del todo: no podemos reírnos de las mujeres por perder siempre en un juego que está estructuralmente amañado contra ellas.

4. Manolo Lama riéndose de un vagabundo.

Otra esfera ética que debe tenerse en cuenta cuando hablamos de fútbol es aquella que se refiere a la prensa deportiva. Este tipo de periodismo es el altavoz y el traductor en palabras de la experiencia deportiva: también el entorno mediático debería estar comprometido con la transmisión de valores y la educación. No basta con venerar a Del Bosque y Guardiola por lo que transmiten, sino que los mismos medios deportivos deberían evitar convertir el futbol en un encuentro visceral y cainita, viviendo más del gossip morboso que de las historias edificantes. El caso paradigmático que explica esta conversión de la prensa deportiva en una gran fiesta de la televisión es un episodio que todos recordaremos: Manolo Lama riéndose de un vagabundo. Es cierto que pudo haber un malentendido, y que esa no era la intención de Lama, pero nos da una idea acertada de la falta de rigor y de preocupación ética del periodismo deportivo.

5. ¡Qué crimen! ¡Una camiseta con lemas políticos!

Cada año se modifican los criterios sobre qué pueden manifestar los futbolistas y qué no. Pero de un tiempo a esta parte, ha quedado radicalmente prohibido levantarse la camiseta para enseñar cualquier mensaje: ni dar soporte a enfermos del cáncer, ni lamentarse por los muertos en una guerra o aupar a un compañero lesionado. Los lemas políticos tienen sanción especial: se considera que un partido de fútbol no es lugar para la política, y los futbolistas no son quienes para hacer tales proclamas. Sin embargo, en los estadios suenan himnos nacionales, se muestra publicidad de países dictatoriales o se lanzan campañas contra el racismo. ¿Por qué, pues, los futbolistas son los únicos que deben mantenerse al margen de ese juego politizado?

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