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Este es el historial de amor y odio de Trump con el colectivo LGTBI

Ayer el presidente de EEUU denegó a los transgénero la entrada al Ejército. Pero, como lleva haciendo desde la década de los ochenta, su decisión es parte de una estrategia política

Ayer Donald Trump denegó a los transgénero la entrada en el Ejército amparándose en que su presencia debilitaría a las tropas. Pero se equivoca.

Un incontable número de los soldados transgénero se han jugado la vida desde el siglo XVII para servir a su país. Un coronel retirado, llamado Sheri Swokowski, ha explicado a The Washington Post que fue uno de ellos.

A los cinco años conoció su verdadera identidad de género. Al graduarse en la escuela secundaria se alistó en la Guardia Nacional del Ejército en Wisconsin para reafirmar la existencia del hombre que nunca fue. Estando 34 años y 10 meses en las filas del Ejército, forjó una carrera de éxitos. Fue el capitán que lideró una unidad de infantería de 100 soldados, que fue desplegada en dos ocasiones, para después ascender a coronel.

Poco después de retirarse inició la transición con la que reveló su verdadero yo. Era 2008 y se convirtió en el analista civil que trabajó en la sede del Pentágono, donde solo fue juzgado por su empleo.

Con el anuncio de ayer, Trump vislumbró que, para él, la sexualidad y la identidad de género repercuten en la eficiencia laboral. Pero, en realidad, no es así. Según han explicado también a The Washington Post fuentes cercanas al presidente, la postura que mantiene en cada circunstancia con el colectivo LGTBI es parte de una estrategia política. En la última ocasión, no ha sido distinto.

Como detalló al mismo rotativo Gregory T. Angelo, el líder de la organización del Partido Republicano que defiende la igualdad para el coelctivo LGTBI, Log Cabin Republicans, Trump no tiene otro objetivo que satisfacer a las filas conservadoras. ¿La razón? Ampliar su mayoría en el Congreso para acabar levantando el muro con México y derogar el Obamacare.

                                                                                                                                                                               Getty Images

Trump tiene un historial de amor y odio con el colectivo LGTBI que se remonta a la década de los ochenta. Al dar sus primeros pasos por el mundo inmobiliario de Nueva York tuvo a un mentor, el abogado Roy Cohn, que era gay. Pero eso nunca pareció importarle.

Más tarde, ofreció donaciones a la organización Gay Men's Health Crisis para que les destinara a la investigación del SIDA. En 1999, cuando se preparaba para competir contra el conservador Pat Buchanan por la candidatura del Partido de la Reforma de EEUU, se abanderó de la defensa de los derechos del colectivo LGTBI. Un modo de diferenciarse de su rival, de mostrarse como un candidato que abrazaba a la minoría.

Después de ese gesto hubo una serie más de movimientos con los que favoreció a la comunidad. Pero al ganar popularidad como parte del ala conservadora de la esfera política, el enfoque de sus maniobras dio un vuelco. En 2011 sostuvo ante el rotativo The Des Moines Register que las parejas del mismo sexo no deberían recibir las mismas ayudas que las heterosexuales. Mientras parte del espectro político empezaba a aceptar los matrimonios entre personas del mismo sexo, Trump fue por otra dirección.

Al convertirse en el líder del Partido Republicano volvió a alterar su estrategia jugando a un equilibrio de opiniones que podían parecer contradictorias. Una prueba de ello es que inicialmente dijo que se oponía al matrimonio entre personas del mismo sexo. Pero una vez ganadas las elecciones optó por alegar que le estaba "bien", ya que el asunto había sido "resuelto en la Corte Suprema".

Fuentes cercanas a Trump han indicado que la postura que mantiene en cada circunstancia con el colectivo LGTBI es parte de una estrategia política

A pesar de que durante la campaña prometió que destinaría más esfuerzos en proteger al colectivo LGTBI que su rival, Hillary Clinton, con su llegada al Despacho Oval ha vuelto a reforzar sus bases conservadoras. Ha retirado las protecciones a los escolares transgéneros, ha suprimido todo rastro de información del espacio web de la Casa Blanca acerca de los derechos de la comunidad y en junio se negó a celebrar el Mes del Orgullo.

Acarrea tras la espalda con un historial de favores y discriminaciones al colectivo. Pero con la futura directriz anunciada ayer, algunos consideran que las buenas acciones pasadas han perdido credibilidad. Una de ellas es la exdeportista y estrella televisiva Caitlyn Jenner, que hace solo unos meses habló con los ayudantes de Trump sobre los derechos de los transgénero: "Hay 15.000 americanos transgénero patrióticos en el ejército estadounidense luchando por todos nosotros. ¿Qué pasó con tu promesa de luchar por ellos?", denunció en un tuit.

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