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La mujer que casi mató a Charles Manson antes de sus asesinatos

"Piensa cuánto mejor habría sido el mundo, todas esas personas podrían estar vivas. La Familia nunca habría existido, porque tenía a Manson a tiro y lo habría matado"

Casi 50 años después de la sangrienta matanza de la Familia Manson, se ha hecho pública la historia de cómo una mujer llamada Windy Bucklee casi mata a su líder, Charles Manson. Recientemente, ella misma la ha explicado a The Daily Beast bajo el nombre que adoptó desde que testificó en el juicio de Manson y en el de uno de sus seguidores, Steven Grogan, por temor a sufrir represalias.

Si hubiese logrado acabar con Manson, probablemente, la "familia" nunca habría cometido los asesinatos que tuvieron lugar en la casa de la actriz y entonces esposa del director Roman Polanski, Sharon Tate, ni habría matado al matrimonio LaBianca en 1969. Pero falló.

Bucklee llegó a California una década antes de su enfrentamiento con Manson. Después de probar con varios empleos, acabó trabajando en el Rancho Spahn, el mismo que en 1968 fue ocupado por el grupo de asesinos. Una presencia que, con el tiempo, le hizo sentirse incómoda en el lugar al que un día había llamado hogar: tenían relaciones sexuales al aire libre, corrían desnudos, las chicas satisfacían sexualmente al dueño del rancho, George Spahn, y, en alguna ocasión, habían sacrificado animales.

"Puedo verlos ahora mismo rajándola. Es una mierda que quieres borrar de tu cerebro, pero nunca lo harás", explicó al recordar como maltrataban a una perra.

Manson también intentó, en repetidas ocasiones, convertirla en una seguidora más de su siniestra familia: "Me decía: '¿Por qué no tiras tu sujetador y vienes a vivir con la gente hermosa?'. Hacía comentarios como: 'Tienes que mirarme a los ojos. Tienes que relajarte. Escúchame'". Pero ella nunca le prestó atención.

Si hubiese matado a Manson, probablemente, la familia nunca hubiese cometido aquella sangrienta matanza

Más adelante, cuando Bucklee ya vivía en una casa de la calle Gresham, no muy lejos del rancho, un día la policía la alertó de que se había utilizado su camioneta para atracar varias gasolineras y tiendas. Ella no había hecho nada, así que cuando comprobaron su coartada la dejaron marchar.  

Sin embargo, aunque no había dicho nada a los agentes, sabía quien estaba detrás de eso: Bill Vance, un vecino exconvicto, al que dejaba regularmente el vehículo, y que había conocido a Manson en la cárcel. Así que, más tarde, su casa se convirtió en Yellow Submarine, el lugar en el que el grupo de asesinos se prepararía para su "apocalipsis inminente".

"Sé que fuiste tú. Dame mis malditas llaves. No te vuelvas a acercar a mí. Cualquier otra cosa no habría importado, pero pusiste en peligro a mi maldita hija. Si voy a la cárcel, ¿quién cuidará de ella? No tiene a nadie", le dijo al sacarle las llaves.

"Manson me decía: '¿Por qué no tiras tu sujetador y vienes a vivir con la gente hermosa?'"

Pero, aquel episodio no terminaría allí. Cuando Manson se enteró de lo ocurrido, fue a ver a Bucklee para hacerle "entender" que no podía privarles de su camioneta:

- "Soy Charles Manson y quiero recuperar esas llaves".

- "Me importa una mierda quien coño te creas que eres. Sal de mi puta casa".

No sirvió de nada. El exconvicto entró, y la golpeó tan fuerte que se deslizó por la cocina hasta llegar al fregadero donde su compañera de habitación, Frances, aguardaba con un cuchillo entre las manos.

Pero Bucklee no se quedó quieta. Sabía que si no actuaba podía acabar muerta. A pesar de estar sangrando y dolorida, fue al dormitorio y cogió una pistola Luger cargada que le había regalado su primo, Donald Shea. Mientras volvía a la cocina, retumbaban en su cabeza las palabras que predecían el inminente final de Manson: "voy a disparar a este hijo de puta".

Le apuntó "hacia abajo, donde dolería", apretó el gatillo y no ocurrió nada. Aunque estaba acostumbrada a manejar toda clase de armas, el raro mecanismo de seguridad de que aquella pistola alemana se le resistía. Al verse apuntado, Manson se asustó y se fue, no sin antes pronunciar la frase que la atormentaría durante los siguientes años: "Esto no ha terminado, perra".

Mientras volvía a la cocina, retumbaban en su cabeza las palabras que predecían el inminente final de Manson: "voy a disparar a este hijo de puta"

Ahora, casi 50 años después, Bucklee no puede evitar pensar que habría pasado si hubiese disparado el arma. "Es una pena, una verdadera vergüenza que nunca me hubiese molestado en aprender a utilizarla. Piensa cuánto mejor habría sido el mundo, todas esas personas podrían estar vivas. La Familia nunca habría existido, porque yo lo tenía a tiro y lo habría matado".

"Realmente lo intenté".

[Vía The Daily Beast]

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