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Antes que Snowden, estos dos hombres también se enfrentaron a la NSA

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Corrieron demasiados riesgos

Margaryta Yakovenko

23 Mayo 2016 21:09

Edward Snowden no fue el primero. Después de conocer la revelación masiva de documentos secretos de la NSA que hizo el agente recluido ahora en territorio ruso, es sorprendente conocer la historia de otros dos hombres que se rebelaron contra la omnipotente maquinaria de los servicios secretos antes que él.

Estamos hablando de Thomas Drake y John Crane, dos víctimas más del Estado que conocían demasiado. Sin embargo, su historia es muy diferente a la de Snowden.

Exactamente 10 años antes de que Snowden abriera la caja de los secretos, Thomas Drake, oficial de la NSA con un rango superior al ostentado por Snowden, también intentó denunciar las prácticas irregulares de los servicios secretos estadounidenses. Sin embargo, Drake no fue directamente a la prensa como hizo el exagente, él intentó hacerlo por los canales oficiales existentes dentro de la NSA.

Exactamente 10 años antes de que Snowden abriera la caja de los secretos, Thomas Drake, oficial de la NSA con un rango superior al ostentado por Snowden, también intentó denunciar las prácticas irregulares de los servicios secretos estadounidenses

Su decisión le arruinó la vida para siempre.

Todo comenzó cuando Drake fue asignado para preparar un informe tras los atentados del 11S. La intención era saber qué había ido mal en los servicios secretos estadounidenses que había permitido que los reclutas de Bin Laden llevaran a cabo el ataque terrorista más devastador de los EEUU.

Thomas Drake.

Drake quedó horrorizado. En sus pesquisas encontró información de la negligencia con la que habían actuado los agentes de la NSA. Además de que la agencia estaba actuando ilegalmente recopilando información sobre comunicaciones tanto dentro como fuera de EEUU, Drake descubrió que había claras evidencias en los archivos de siete llamadas telefónicas desde San Diego hasta el cuartel base de Al Qaeda en Yemen.

El número de las llamadas era el de los dos secuestradores que estallaron los aviones contra las torres gemelas. La conclusión era que la NSA había tenido claras evidencias sobre los ataques terroristas que simplemente nunca se investigaron.

Pero lo que más impresionó al agente fue la creación de Trailblazer, un programa de vigilancia de la NSA que además de ser un agujero negro de despilfarro, tenía importantes implicaciones constitucionales de vigilancia masiva sin orden judicial.

En 2002, John Crane y sus colegas de la Oficina del Inspector General del Pentágono recibió una denuncia firmada por tres ex oficiales de la NSA, un ex empleado de alto nivel del Congreso y Thomas Drake, que aún era trabajador de la NSA.

Después de que Crane y sus colegas revisaran la denuncia y afirmaran que el programa violaba de lleno la cuarta enmienda de la Constitución estadounidense, las conclusiones fueron trasladadas a los comités de ambas cámaras que supervisan el funcionamiento de la NSA. 

Después de que Crane y sus colegas revisaran la denuncia y afirmaran que el programa violaba de lleno la cuarta enmienda de la Constitución estadounidense, las conclusiones fueron trasladadas a los comités de ambas cámaras que supervisan el funcionamiento de la NSA. Sin embargo, esta actuación de los investigadores que prefirieron seguir los cauces legales e internos de la agencia se volvió en su contra en unos pocos días.

Crane recuerda que su jefe, en una reunión interna, propuso presentar los nombres de los denunciantes a los oficiales del Departamento de Justicia para que investigaran el caso. Crane se opuso, pues la revelación de los nombres constituía una violación de la protección del anonimato supuestamente garantizada.

John Crane.

Poco después, importantes documentos relativos al caso de Drake desaparecieron de la oficina del inspector general. Las sospechas de Crane sobre el peligro que corría Drake crecieron. Los documentos que habían desaparecido en realidad demostraban que los papeles que contenía su ordenador privado no habían sido robados sino que estaban allí porque el agente los iba a presentar al Inspector General.

Los superiores de Crane le dijeron que habían sido borrados por error. Él no se creyó ni una sola palabra. Estaba convencido de que los archivos habían sido destruidos deliberadamente y que la NSA estaba mintiendo deliberadamente en el juicio.

En 2013, llamaron a Crane a la oficina del inspector general. Sobre la mesa reposaban los papeles de su renuncia. En la puerta, un guardia de seguridad le quitó su tarjeta de identificación. Crane ya no estaba dentro de la NSA.

Crane declaró que no iba a guardar silencio.

En 2013, le llamaron a la oficina del inspector general. Sobre la mesa reposaban los papeles de su renuncia. En la puerta, un guardia de seguridad le quitó su tarjeta de identificación. Crane ya no estaba dentro de la NSA.

Por supuesto, Thomas Drake también había sido despedido. Ambos solo pudieron reunirse cuando ya no trabajaban para los servicios secretos. Ambos comparten la esperanza de que algún día, su actuación será reivindicada.

Por el momento, Drake, despojado de su pensión, solo ha podido conseguir trabajo en una tienda Apple de Washington. Crane, espera que una investigación que sigue en marcha le devuelva su puesto de trabajo.

Sin embargo, su historia ahora sigue más viva que nunca. Edward Snowden ha citado el destino de Drake como el motivo por el que decidió no denunciar sus descubrimientos de manera interna sino acudir directamente a la prensa. La existencia de posibles represalias es demasiado evidente.

Edward Snowden.

La historia de Crane había estado oculta hasta ahora. El escritor Mark Hertsgaard acaba de publicar un libro titulado Bravehearts: la denuncia de irregularidades en la era Snowden, en el que recupera el relato del agente que quiso actuar legalmente dentro del sistema, y fue despedido por ello.

"Es triste que alguien tenga que exiliarse porque tiene la sensación de que no puede utilizar los diferentes canales disponibles para él. Alguien como Snowden no debe haber sentido la necesidad de dañarse a sí mismo por hacer lo correcto", ha declarado Crane.

Precisamente lo correcto ha sido lo que ha acabado con la carrera de tres hombres que se negaron a someterse a las violaciones inmorales de la administración.

Edward Snowden ha citado el destino de Drake como el motivo por el que decidió no denunciar sus descubrimientos de manera interna sino acudir directamente a la prensa. La existencia de posibles represalias es demasiado evidente.

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