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La historia de McGuinnes: de líder del IRA a hombre de Estado

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El activista al que un día denominaron terrorista que pasó a convertirse en el hombre de Estado que estrechó la mano a la reina Isabel II

alba losada

21 Marzo 2017 13:50

Martin McGuinness es el hombre que un día fue jefe militar del Ejército Republicano Irlandés (IRA) y a la vez, una figura clave en el proceso de paz que puso fin al conflicto de Irlanda del Norte después de 30 años de violencia.  

Este martes, ha muerto a los 66 años en el hospital Altnagelvin de Derry, rodeado de su familia, a causa de una rara enfermedad genética llamada amiloidosis. Sin embargo, ya sea porque algunos le han alabado como a un pacifista o porque otros le han despreciado acusándole de terrorista, el rastro de su trayectoria no se olvidará fácilmente.

Desde niño fue testigo en la ciudad fronteriza de Derry, de las fuertes tensiones que había entre los unionistas de Irlanda del Norte, la mayor parte de ellos protestantes y partidarios de preservar sus vínculos con Reino Unido, y los republicanos irlandeses, casi todos católicos que apostaban por la independencia.

Así que en 1968 le bastó con ver como las manifestaciones pro derechos civiles pasaron a ser actos de violencia para abrazar al activismo siguiendo a sus hermanos hasta las filas del IRA, donde ascendió rápidamente de escalafón.

A partir de entonces, se convirtió en una figura clave del grupo armado acusado de matar a más de 1.500 personas. Sin embargo, aunque su trayectoria hacía que fuese imposible imaginar que algún día dejaría de lado la lucha armada, con los años se convirtió en un pacificador ejemplar. Un hombre de Estado.


Ya sea porque algunos le han alabado como a un pacifista o porque otros le han despreciado como a un terrorista, su trayectoria no ha dejado indiferente a nadie


Todo empezó cuando tras 22 años de conflicto viajó a Londres, junto a su aliado político más cercano, Gerry Adams, para dialogar secretamente con el gobierno británico el proceso de paz. A pesar de que en aquella ocasión no consiguieron lo que pretendían, a partir de entonces, nunca perdió el contacto con la capital británica.

Sus conversaciones fueron cruciales para ser el negociador principal del partido republicano e izquierdista Sinn Féin, brazo político del IRA, en el Acuerdo del Viernes Santo firmado entre el gobierno británico y el irlandés. Esa firma el 10 de abril de 1998 puso fin al enfretamiento de 30 años entre católicos y protestantes por Irlanda.

"Sabemos que no habríamos logrado tener el acuerdo de paz de Irlanda del Norte sin el liderazgo de Martin, el coraje y la pausada insistencia de que el pasado no debería definir el futuro", alegó Tony Blair tras la firma, Primer Ministro británico durante las negociaciones del Viernes Santo.

De ahí, la carrera de McGuinness tomó un derrotero político lógico. Pasó a ser viceministro del Gobierno de Irlanda del Norte de colación entre unionistas y republicanos durante una década, una alianza que ha garantizado la estabilidad y el avance de los acuerdos de paz en Irlanda del Norte.


A pesar de que estaba dispuesto a bombardear y a matar para expulsar a los británicos, con el tiempo se convertiría en un hombre de paz



Sin embargo, dimitió dos meses antes de su fallecimiento en protesta por una mala gestión sobre el escándalo de un programa de ayudas a energías renovables por parte de sus aliados unionistas, en particular de la Primera Ministra Arlene Foster.

A pesar de sus diferencias, Foster ha dicho tras conocer su muerte que "la historia también mostrará que su contribución al proceso político y de la paz fue significativa. Sirvió al pueblo de Irlanda del Norte como Primer Ministro durante casi una década y fue fundamental en el establecimiento del movimiento republicano hacia una posición de emplear medios pacíficos y democráticos".

McGuinness, que terminó abandonado la clase política a causa de su enfermedad, se llevó consigo una trayectoria insólita: el activista al que un día denominaron terrorista que pasó a convertirse en el hombre de Estado que estrechó la mano a la reina Isabel II. A pesar de haber sido el líder del grupo armado que asesinó en 1979 a un primo de la reina.

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