PlayGround utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de navegación. Si sigues navegando entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

C
left
left

Now

¿Son los hipsters de derechas? Este anuncio cree que sí

H

 

Un anuncio con fines electorales muestra a un modernillo real disertando sobre políticas liberales: parece una paradoja, pero no lo es

Mario G. Sinde

20 Marzo 2014 11:41

Decía Francisco Umbral que los jóvenes que se definen como apolíticos son, en realidad, de derechas. Eso es porque en su concepción de la política sólo hay dos maneras de participar: queriendo cambiar las cosas (lo que antiguamente definía a la izquierda), o no queriendo cambiarlas (de lo que se desprende la acepción de conservador). No participar es impedir que las cosas cambien, así que mantenerse al margen es de derechas, y el hipster suele entenderse como un tipo social que raramente está del lado del cambio, a menos que sea el cambio tecnológico o de vestimenta que le beneficie en sus apetitos… nunca en su moral. Suele ser un arquetipo basado en la volubilidad, en el capricho, en la apariencia, en el cambio intrascendente: si tiene dinero su rebeldía es una forma de estética (nunca de ética), y si no tiene dinero… sólo hay que ver cómo se comportan los personajes de los libros de Tao Lin, que no suelen hacer nada productivo para cambiar las cosas, ni siquiera su situación. Puede que no sean reaccionarios, ni tampoco rancios conservadores, pero sí se desprende un desinterés —salvo en la minoría que se ha vinculado a movimientos como Occupy, más residual de lo que nos cuentan— que les hace de derechas por eliminación.

En este sentido poco sorprende que en la última campaña del Partido Republicano en Estados Unidos aparezca un personaje con apariencia de modernillo, con tupé, gafas de pasta y camiseta a rayas: ellos buscan buscan movilizar un tipo de voto que tradicionalmente ha sido suyo, y que ahora apoya a Obama, como el de las clases medias lejos de las grandes ciudades o la juventud biempensante, y que parece que volverá al origen en las próximas elecciones. Nuestro protagonista es Scott Greenberg, un votante real que trabaja en el departamento de prensa del Ballet de Washington y que apoya al Partido Republicano desde su estética definitivamente hipsteroide. ¿Su discurso?

“Me siento muy afortunado de tener un trabajo. Conozco a mucha gente que está desempleada. Es como si sus vidas se hubieran estancado, así que todos esos políticos que dicen que quieren ayudar a los desempleados y luego votanregulaciones que hacen imposible contratar a nadie me cabrean. Oídme: no podéis ayudar a los desempleados haciendo daño a la gente que pude darles trabajo. Soy republicano porque mis amigos necesitan un salario; no una promesa vacía.”

La campaña surge al poco de una reciente sucesión de acontecimientos que parecían orientar al arquetipo hipster a posiciones más progresistas: de la última campaña de American Apparel a aquella otra de Diesel pasando por el movimiento mipster. ¿Será entonces que lo hipster no es más que una excusa publicitaria para vender cualquier idea —incluida la ropa de El Corte Inglés—? Es una opción.

share