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La 'hipótesis del mono borracho' podría explicar nuestra afición por el alcohol

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¿Y si existiera una conexión entre nuestra gusto por el alcohol y nuestro pasado evolutivo?

A.O.

24 Diciembre 2016 06:00

Basta teclear en YouTube las palabras "monos" y "alcohol" para asombrarse con la cantidad de vídeos de simios borrachos dando tumbos que alberga la plataforma. En la búsqueda te puedes encontrar hasta un reportaje emitido por la BBC sobre unos primates caribeños que roban los cócteles de los turistas despistados en los chiringuitos de las islas.



Esos vídeos pueden sorprender. No estamos acostumbrados a ver monos pegados a una botella. Echar unas copas o excederse con el acohol hasta límites en los que ya no se ve ni el peligro nos parece un comportamiento estrictamente humano. Un hábito que nació con nosotros y que hemos mantenido en el tiempo. ¿Pero y si existiera una conexión entre nuestra relación con el alcohol y nuestro pasado evolutivo? ¿Y si nuestros antepasados de cuatro patas ya estaban expuestos a esta sustancia?

Bienvenidos a lo que se conoce como la hipótesis del "mono borracho", o la idea que defiende que nuestra estrecha relación con el alcohol viene de mucho más atrás en el tiempo de lo que creíamos.

El químico y bacteriólogo francés Louis Pasteur nos explicó en el siglo XIX que la fermentación es un proceso natural debido a la acción de las levaduras sobre las moléculas de azúcar. Normalmente estas moléculas producen alcohol para acabar con otras bacterias indeseadas, así que el resultado es que esta bebida no solo se encuentra en las botellas sino también, en una pequeña dosis, en las pulpas de la fruta y el néctar.

A pesar de que nosotros hayamos perdido esa agudeza olfativa, el hecho de que los frutas contengan etanol es muy útil para la supervivencia de los animales. El compuesto deja un olor en el aire generando un rastro de vapor que facilita la búsqueda de esta comida. Nada como cerrar los ojos y seguir el aroma del alcohol para dar con frutas y néctar. Los animales se lanzan así a la búsqueda de un festín con una pequeña barra libre incorporada.


El rastro de etanol en el aire ayudaba a buscar dónde estaban los alimentos


Pero a nuestros parientes, el etanol no solo les sirve para indicarles dónde están los alimentos; también les da un subidón de energía. Todos conocemos la sensación placentera que produce el alcohol en una cantidad prudente. Pues los monos también la experimentan.

Ahora bien, ¿llegan a emborracharse como tú haces los sábados?

La respuesta es no. Si buscabas una excusa en la evolución para poder beber sin control el fin de semana, lo sentimos pero ésta no te sirve. Las concentraciones de alcohol en la fruta son demasiado bajas (0,5% - 3%) para que les afecte mínimamente, y en la jungla, con tanto depredador suelto, no están como para perder sentidos.

Un dato curioso es que, conforme comenzamos a caminar sobre dos pies, fuimos aumentando nuestra tolerancia alcohol. Y la tolerancia aumento porque aumento el consumo. Los primeros simios parecidos a nosotros mutaron un gen debido a que aumentaron la ingesta de alimentos naturales que contienen alcohol. Ahora tenían las manos libres para recolectar mejor. Ese cambio genético, explican los científicos, es el culpable de que podamos metabolizar el alcohol mejor que los animales, aunque eso no nos hace inmunes a sus efectos y ya sabemos que un abuso extremo puede tener consecuencias fatales.


[Vía Quartz]

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