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Más de 100 hipopótamos aparecen muertos en un parque natural de Namibia

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Decenas y decenas de animales de 3 toneladas flotando panza arriba como si fueran globos. ¿Qué demonios está pasando?

L.M.R.

13 Octubre 2017 11:28

Namibian Broadcasting Corporation/YouTube

Los hipopótamos aman el agua. Son animales que pasan buena parte del día chapoteando y reposando sus cerca de tres toneladas de vida ahí dentro. Animales que nadan y bucean con maestría, que pueden permanecer hasta media hora sumergidos, e incluso caminar por el fondo del río o del lago que hayan elegido como su particular balneario. Por algo sus parientes vivos más cercanos son —sí señorito— los cetáceos, las ballenas, las marsopas... Y por eso duele tanto ver imágenes como estas. Es como acercarse a ver entrenar a Michael Phelps y encontrárselo flotando boca arriba, muerto, en mitad de la piscina.



Las imágenes están tomadas en el Parque Nacional Bwabwata, un espacio protegido con el estatus de parque nacional situado en el noreste de Namibia.

En los últimos días, uno de los ríos que fluye a través del parque, el Kavango, se ha empezado a llenar de cadáveres. Decenas y decenas de cuerpos inflados que flotan panza arriba como si fueran odres de talla XXXL.

La primera víctima se localizó el 1 de octubre. Diez días después ya son más de un centenar, y la cuenta sigue subiendo.

Más de 100 han muerto en la última semana”, ha explicado Pohamba Shifeta, ministro de Medio Ambiente y Turismo de Namibia, a la agencia AFP. “La causa de la muerte es desconocida, pero las señales hasta ahora apuntan a que podría haber sido ántrax. Nuestros servicios veterinarios están trabajando en el área para determinar la causa. Cuando tengamos los resultados podremos decidir cómo actuar”.


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Aunque los lances de la historia han hecho que nuestras cabezas asocien la palabra ántrax con la barbarie de la guerra química, lo cierto es que el ántrax maligno, o el carbunco, como también se conoce en español, es una enfermedad causada por una bacteria del género bacillus —la Bacillus anthracis—, que se encuentra en el suelo.

Los brotes se suelen producir en épocas de lluvias fuertes, inundaciones o sequías. La transmisión en animales se produce normalmente por ingestión de pasto o agua con cieno en suspensión, o por ingestión de carne de animales previamente contaminados.

De confirmarse la sospecha, no sería la primera vez que la vida natural de esa zona de Africa se ve azotada por el ántrax. “Es algo que ya hemos visto antes. Sucedió en Zambia y suele pasar cuando el nivel de los ríos está tan bajo”, explica Colgar Sikopo, director del Directorio de Servicios Regionales y Gestión de Parques de Namabia, al periódico New Era.

Sikopo se refiere a un brote ocurrido en 2003, que causó la muerte a varias decenas de hipopótamos y elefantes en la reserva de Kasika. También en 2004 se vivió una situación de emergencia por ántrax en el Parque Nacional Reina Isabel de Uganda. En aquella ocasión murieron hasta 300 hipopótamos. Volvió a suceder en 2010, aunque aquel brote fue menos virulento, afectando "solo" a 82 hipopótamos y 9 búfalos de agua.


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El miedo en Namibia ahora es doble. Primero, porque el Parque Nacional Bwabwata es una importante ruta de migración de Botswana a Angola para el elefante africano y otras especies. Segundo, existe miedo a que la infección pueda afectar a los humanos. Porque resulta que, de forma atípica, en el área protegida del Bwabwata viven unas 5.500 personas.

“Recomendamos que nadie consuma esta carne”, dicen las autoridades. “Estamos haciendo todo lo posible para quemar cada cadáver que encontramos para prevenir que la infección se propague, pero también para evitar que alguien pueda llegar a estos animales y decida alimentarse de ellos”.

Antes de esta infección, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza estimaba que había alrededor de 1300 hipopótamos en Namibia, una especie que en su último informe aparece calificada como “vulnerable”. Aún habrá que esperar para saber cómo queda esa cifra tras este brote.

“No hay mucho más que nosotros podamos hacer”, cuenta resignado un funcionario del país a National Geographic. “No podemos mover la vida salvaje de sitio”.


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