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¿Puede el hip-hop convertirse en un arma contra la depresión?

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Estos psiquiatras británicos creen que sí

Natxo Medina

15 Octubre 2014 16:37

En uno de sus contundentes versos junto a Violadores del Verso, el rapero zaragozano Lírico decía: “Mi música es/para meterse en líos/para educar a críos/para creerse Dios”. A lo largo de su historia, el género nos ha dado cientos de estrofas como esta, alegatos a favor de mantenerse fuerte en un mundo hostil. Ahora una pareja de científicos británicos quiere convertir esta sabiduría en una herramienta real para curar a sus pacientes.

La neuróloga de Cambridge Becky Inkster y el psiquiatra de Essex Akeem Sule han fundado una empresa llamada Hip-Hop Psych. Una “iniciativa social”, como ellos lo llaman, para abordar problemas como la depresión utilizando armas tan poco ortodoxas como las rimas crudas de Lupe Fiasco o el optimismo de Pharrell Williams.

Es un lugar común señalar los aspectos menos positivos del mundo hip-hop, como la violencia, el sexismo, o las luchas de ego. Pero Inkster y Sule quieren hacer justo lo contrario: conseguir hacer entender que lo que muchos de esos artistas expresan son sus vivencias en barrios conflictivos, su lucha contra las adversidades, el alcoholismo, la droga, las pandillas.

De paso no les vendría mal conseguir ampliar un poco el espectro de lo que la gente conoce por hip-hop. Destacar que por cada 50 Cent, N.W.A. o Eminem existen unos De La Soul, unos The Roots, un Mos Def o incluso un Chojin. Raperos y raperas comprometidos, conscientes, politizados y con mensaje siempre positivo.

Rimas catárticas

En definitiva, lo que pretende Hip Hop Psych es que el paciente aprenda a crear narrativas propias a partir de las experiencias de otros. Que encuentren en las rimas de los artistas formas de expresión o catarsis que puedan hacer suyas.

“El hip-hop tiene mucho más contenido del que el público piensa”, dice Inkster en The Guardian. “Queremos trabajar con raperos, ONG, grupos de medicina y otros para desarrollar este potencial”. Pero antes deberán luchar precisamente contra esa idea errónea de que el hip-hop es “poco intelectual”. Tal vez les sirva como ilustración la historia de aquel profesor de literatura que había incluido el disco “good kid, m.A.A.d. city” de Kendrick Lamar a sus lecturas obligatorias del año.

Los aficionados al rap saben desde hace tiempo que no hay nada como enchufarse unos buenos beats y rimas para salir a la calle comiéndose el mundo. Ahora sólo falta que los no iniciados se den cuenta de la importancia de escuchar con los oídos realmente abiertos.



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