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"Yo no hago boxeo femenino, yo soy boxeadora"

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La última campaña de Everlast deja al sexismo deportivo en KO técnico

Alba Muñoz

02 Febrero 2015 17:26

"Me imagino haciéndolo lo mejor que puedo, me imagino ganando. Imagino un mundo donde no importa si eres chico o chica, sino lo bien que juegas". Así habla la joven protagonista de la última campaña promocional de Everlast.

En casi todas las áreas hay un mercado femenino, minoritario pero creciente, al que abastecer. Y al que alimentar en sueños y referentes. La marca de productos de boxeo hace mucho que entendió esto y tiene una amplia gama dedicados a las boxeadoras.

Sin embargo, con esta campaña Everlast ha querido ir más allá y abordar uno de los mayores tabús sexistas: el del deporte.

Fútbol femenino, tenis femenino, la sección femenina de golf. En el mundo de los deportes, ser mujer es una especificidad, una situación particular que se traslada al lenguaje. Algo que, por ejemplo, no sucede con las profesiones: nadie diría Medicina femenina o Derecho femenino.

En esta campaña, vemos cómo por primera vez una gran marca rompe el silencio ante una situación normalizada: "No me llames boxeadora femenina, llámame boxeadora". El hecho de que haya competiciones separadas por sexo no implica que las futbolistas no sean sólo eso, futbolistas.

En el deporte, las mujeres juegan con desventaja desde el principio. Los galardones son un 30% más rácanos en los deportes practicados por mujeres, los medios de comunicación suelen ignorarlas hasta que no pueden evitarlo (como cuando una deportista gana una medalla de oro o bate un récord) y las deportistas se encuentran con infinidad de dificultades para encontrar espónsors durante sus carreras. Además, tienen que soportar que su actividad física sea vista como algo erótico por parte de la prensa.

En España, el fútbol femenino ni siquiera es profesional y los clubes no están obligados a contratar a las jugadoras. Hasta 2012, las boxeadoras no podían participar en las Olimpiadas.

Una de las claves en esta industria la dan las audiencias, después vienen los derechos televisivos y los contratos publicitarios. Simplemente, el público busca a los mejores en una disciplina, y estos suelen ser hombres. En muchos casos eso se basa en la suposición de que como ellos, en general son más fuertes, más altos y tienen más testosterona, son hábiles en la actividad física.

Sin embargo, como apunta Rick Paulas, periodista y entrenador de un equipo de softbol mixto en un artículo para Vice, en general, el mundo del deporte está amañado: en primer lugar, los niños adquieren más habilidades porque desde pequeños se les introduce en el deporte, mientras a las niñas se las educa en la maternidad y en las tareas del hogar.

En segundo lugar, los deportes fueron creados en tiempos en que las mujeres estaban todo el día en casa: "Fueron diseñados por hombres para ser practicados por hombres".

Así, casi ninguno de estos juegos competitivos gira entorno a las habilidades físicas en las que, según Paulas, las mujeres destacan: "Flexibilidad, agilidad, inteligencia, el umbral de dolor, trabajo en equipo y una jodida vida más larga", sino que están orientados hacia "saltar más lejos", "correr más", "levantar más peso".

No deja de resultar sorprendente la actitud de deportistas de élite ante preguntas sobre sus compañeras: Zlatan Ibrahimovic, jugador del Paris Saint-Germain, respondió airado que "no se puede comparar el fútbol masculino con el femenino" cuando hace un año fue preguntado por quién era mejor, si él o Lotta Schelin, una de las jugadoras estrella en el Olimpique de Lyon, que juega en su misma posición.

La película Million Dollar Baby contribuyó a popularizar a las boxeadoras, pero esta campaña de Everlast ha puesto sobre el tablero, aunque de forma indirecta, el mayor tabú de todos: en el boxeo, como en otros deportes, no todo es la fuerza ni la altura: está la agilidad, la habilidad, la técnica, la estrategia.

¿Qué ocurriría si se dejara competir a las deportistas que lo desearan en las grandes ligas masculinas? ¿Por qué tantos deportistas, y grandes actores económicos, se muestran tan reacios si están tan seguros de su superioridad?

Parece evidente que esa medida supondría un gran terremoto en las leyes que regulan el deporte, y aunque desconocemos las implicaciones a largo plazo sobre esta cuestión, una cosa parece clara: las reglas del juego no volverían a ser las mismas.


Si los deportistas están tan seguros de su superioridad, ¿por qué no pemiten que las mujeres que lo deseen se enfrenten a ellos?





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