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Esta gente trabaja para prevenir una rebelión de robots

OpenAI emerge para garantizar un futuro en el que las máquinas estén al servicio de las personas

La Inteligencia Artificial es un arma peligrosa. O mejor dicho: podría llegar a serlo. Nos vienen avisando desde hace tiempo.

El año pasado, Stephen Hawking y otros varios científicos de primer nivel ya aprovecharon la coartada de un estreno cinematográfico de Hollywood para hacer circular un artículo en el que se exploraba el doble filo de la aceleración tecnológica.

La creación de una inteligencia artificial compleja podría ser el hito más importante en la historia de la humanidad, decían. Los beneficios de disponer de una tecnología semejante podrían son enormes. Desafortunadamente, los mismos científicos también pensaban —y aún piensan— que ese gran evento podría ser también el último logro humano, el desencadenante del fin de la historia.

Lo hemos visto infinidad de veces en el cine. Yo, Robot, Blade Runner, Terminator, Inteligencia Artificial, Transcendence...

Todas ellas nos avisan de lo que puede suponer que existan máquinas con personalidad propia y capacidad para "pensar", pero claro, es solo cine. El problema llega cuando aquellas fantasías van más allá de lo tecnológicamente concebible para acercarse, cada vez deprisa, al terreno de lo tecnológicamente realizable.

Hasta hace poco, la idea de la rebelión de las máquinas parecía cosa de los que pensaban que en el año 2000 se acabaría el mundo, pero el debate ha vuelto a surgir con más fuerza que nunca, y con nuevos protagonistas.

Elon Musk, director general de Tesla Motors y la companía aeroespacial SpaceX, ha iniciado un nuevo proyecto con un claro objetivo: hacer avanzar a la inteligencia artificial de una forma en que beneficie el máximo posible a la humanidad.

OpenAI quiere que la inteligencia artificial avance de forma responsable

Bajo el nombre de OpenAI, la empresa ya cuenta con más de 1.000 millones de dólares de capital aportados por grandes tecnólogos de todo el mundo que están dispuestos a colaborar en un proyecto común. Buscan establecer los límites morales de la inteligencia artificial y hacerla avanzar de manera que ayude a los seres humanos.

Entre los inversores hay empresas como Amazon Web Services, YC Research o el inversor Peter Thiel, cofundador junto a Musk de PayPal. Una amplia amalgama de empresarios que apuestan por dominar el desarrollo de una inteligencia artificial responsable.

OpenAI no quiere responder ante nadie. Ni ante los gobiernos ni ante el mercado. Dicen tener las mejores condiciones para considerar las implicaciones éticas de la tecnología que se desarrolle en el futuro. Creen que pueden garantizar un desarrollo útil y seguro de esta tecnología, para que nunca sobrepase los límites que podrían convertirla en conflictiva, en una amenaza para el hombre.

OpenAI cuenta ya con más de de 1.000 millones de dólares de capital

Sobre el papel, la intención es buena. Sin embargo, OpenAI está generando polémica. ¿Por qué?

1. Nadie sabe en qué se van a gastar los 1.000 millones que han recaudado, ni tampoco en qué plazos piensan gastárselos.

2. No han dicho nada sobre cómo establecerán los criterios éticos a la hora de diseñar los algoritmos y las tecnologías que probarán. Tampoco sobre quiénes se encargarán de establecer esos criterios.

Los mismos impulsores de la iniciativa han reconocido que el futuro de OpenAI es incierto. Igual consiguen avances muy tempranos que tardan años en sacar nada en claro.

¿Cómo acordarán los criterios éticos? ¿Quiénes se encargarán de establecerlos?

Pese a que el proyecto presume de ser sin ánimo de lucro, que se hayan implicado tantas empresas plantea dudas sobre si podrían acabar beneficiándose de sus decisiones, generando, incluso, situaciones futuras de poder cercanas al monopolio. De momento, tanto Google como Facebook ya se han interesado en colaborar con OpenAI para poder utilizar las tecnologías que desarrollen en un futuro.

Aun así, la eliminación de un incentivo financiero les da un voto de credibilidad. Su idea principal es desarrollar nuevas patentes y compartirlas con el mundo. No buscan ganar dinero y saben que no van a recuperar lo invertido.

" Colaboraremos libremente con otras personas a través de instituciones. Esperamos trabajar con empresas para investigar e implementar nuevas tecnologías", afirma Musk.

En OpenAI creen que su deber es garantizar un futuro en el que las máquinas estén al servicio de las personas. Que lo consigan o no, está por ver.

[Vía Technology Review]

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