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¿Qué hace James Bond apuntándome a la cabeza?

El ilustrador Jon Burgerman es víctima de la violencia publicitaria en su proyecto "Headshots"

En Estados Unidos las armas gustan. En el país de los Westerns, eso no debería sorprender. Lo que quizás sea más llamativo, sobre todo por la poca atención que se le dedica, es el alto nivel de agresividad que despide buena parte de la omnipresente publicidad de otro de los pilares de la nación: la industria del entretenimiento.

Ante el goteo recurrente de matanzas con arma de fuego que se produce en el país, y vista la cantidad de pistolas (de mentira) que le apuntaban todos los días al salir a la calle desde paredes y vayas publicitarias, Jon Burgerman empezó a sentirse un poco paranoico. Y qué mejor manera de quitarse de encima un miedo que enfrentándose a él con un poco de humor. Así que decidió que si esos tipos con caras serias y pistola en mano tenían que apuntarle, al menos iba a hacer algo al respecto. Aunque fuera dejarse matar.

Así empezó su serie "Head Shots", mediante la cual pretende darle un giro humorístico a esta constante amenaza figurada con la que los viajeros del metro neoyorquino conviven día a día, sin apenas darse cuenta. Y de paso lanzar algunas preguntas al aire e invitar a ver la realidad cotidiana desde una perspectiva "ligeramente desviada", según palabras del autor.

De hecho, Burgerman, conocido sobre todo por su trabajo como ilustrador, se muestra cada vez más interesado por lo que él llama "intervenciones calladas", "acciones sutiles, baratas y no permanentes que alteran drásticamente el significado de una situación". En este caso, la alteración consiste en mostrar al ciudadano como lo que es, una víctima metafórica, con el añadido de hacerlo con gracejo y sin dramas.

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