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¿Por qué nos gustan tanto las muertes absurdas?

¿Está nuestra sociedad obsesionada con las noticias de sucesos extravagantes?

Internet no sólo ha elevado los gatitos a tema de interés universal. También ha creado otro subgénero que cada vez gana más importancia, y que pronto ocupará una sección de los periódicos entre 'Internacional' y 'Sociedad': las muertes absurdas.

Sentimos un oscuro impulso que nos empuja a leer ese tipo de noticias que en su titular nos prometen una historia rocambolesca y bizarra que termina con la muerte risible de su protagonista (o cualquier otro final desproporcionado). ¡Un hombre muere congelado al intentar recuperar su s martphone! ¡Un italiano mata a un irlandés tras discutirse por una partida de ajedrez! ¡Dos siberianos apuestan su oreja en un pulso y ambos terminan rebanándosela! ¡Matan a un hombre por hacer ruido con el Whatsapp! ¡Un hombre de 76 años mata a otro de 92 a bastonazos!

Sólo les falta acabar el titular con un excitado ¡woooow!.

Esta obsesión cultural va más allá de los titulares del día a día, ya que también encontramos cantidad de artículos recopilatorios, promesas de top ten mundial, listas que rememoran las muertes más tontas de la historia: desde Atila muriendo borracho en su lecho de bodas a Burroughs y Joan Vollmer jugando a Guillermo Tel. Un non-stop de carne cercenada, sangre desperdiciada y tragedias ajenas que consumimos con risas enlatadas de fondo. ¿Es nuestra patología una pulsión tanática al estilo freudiano? ¿O más bien tratamos de compensar nuestra estupidez despreciando socarronamente la vida y las desgracias de los demás?

La sonrisa de la muchacha tracia fue el símbolo con que Hans Blumenberg enmarcó la incomprensión del mundo ante los teóricos: la risa que despierta ver a un barbudo filósofo como Tales de Mileto caer en un pozo por estar abstraído pensando en las estrellas. No se trataba sólo de slapstick arcaico. La anécdota nos habla de la poca mundanidad de Tales y de la autoafirmación del mundo cotidiano de la muchacha. Lo cual debe hacernos pensar, ¿de qué nos habla nuestra cruel sonrisa ante la violencia de un mundo dislocado?

Quizá el sex-appeal de las muertes absurdas esté en su capacidad para reafirmar nuestro mundo, para recordarnos que seguimos siendo el Tales barbudo que tras su Mac se permite reír del tragicómico espectáculo de la vida de los esclavos.

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