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¿Por qué nos gustan tanto los chistes absurdos?

Porque son entrañables y despiertan nuestro ingenio, como los de Nabhan Abdullatif

Una caca feliz nos hace gracia porque la imaginamos irremediablemente tierna pero maloliente. Un queso azul diciendo que se siente triste nos hace gracia porque su naturaleza azulada siempre lo mantendrá melancólico. Una nube meando nos hace gracia porque nos damos cuenta de que la lluvia no son lágrimas de dios, sino simples gotitas de un ser animado que no podía aguantarse más las ganas. Así se mueve, en estos códigos que se debaten entre lo entrañable y lo ridículo del mundo, el humor de Nabhan Abdullatif, un ilustrador y diseñador gráfico que encuentra su inspiración en lo cotidiano.

Con dibujos muy tiernos que dan vida a huevos, nubes, quesos y objetos de oficina, Abdullatif juega a los dobles sentidos, y rompe las reglas del lenguaje y de la imaginación. En su universo cabe toda la vida, y en su vida caben todos los chistes malos. Esos que al principio miramos con recelo, pero que en realidad nos llenan de alegría la panza, e incluso nos hacen explotar muy fuerte de risa. 

Nos gusta reírnos de las cosas absurdas porque la vida también es un poco absurda.

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