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¿Por qué nos gusta ver fracasar a las rubias pijas?

Vuelve la aclamada serie 'Orange is the new black', con un montón de hostias, intrigas y caritas de pena

Caritas de pena perfectamente estudiadas. Sonrisas pícaras, casi vergonzosas, para expresar algún sentimiento de compasión entre los presentes. Comentarios culturetas que demuestran un perfecto conocimiento de aquello que recomienda The New Yorker, del catálogo imprescindible de la HBO e incluso de la última tontada de alguna estrella del pop en Twitter. Todo eso, por supuesto, mezclado con un alegre look juvenil, que resalte la delgadez, el cabello brillante y la actitud desenfadada. Una rubia pija, con muchos viajes a sus espaldas y una casa en Nueva York. Una rubia tontita pero graciosa llamada Piper Chapman, que a pesar de poner siempre muecas monas guarda oscuros e inconfesables secretos. Algunos, de esos que le llevarían a la cárcel. Otros, de esos que harían su vida imposible una vez se encontrara entre rejas.

De hecho, cuando acabó la primera temporada de Orange is the new black todos suspiramos con alivio y miedo a partes iguales, al saber lo que Chapman era capaz de hacer si le tocabas un poco las narices. Aunque ella se lo había buscado, y mucho. Quizá uno de los aspectos más atractivos de la serie resida en que por fin la chica blanca de clase media y con cara de buena que siempre solía librarse de todos los problemas, ahora pringaba como el resto de los mortales. Recibiendo sus consecuentes castigos ya no sólo por parte la Justicia, sino también por la curiosa fauna de las cárceles estatales para mujeres, Chapman descubrió que hay lugares en los que la educación, las lecciones grandilocuentes y las artimañas femeninas no tienen cabida.

En el mundo hay quienes luchan sólo por salvar su propio culo, y también quienes con afán de caer bien a todo el mundo, acaban por confiar demasiado en la bondad humana. El segundo caso es el de nuestra protagonista, quien comienza la segunda temporada prácticamente como lo hizo en la primera: engañada, sola ante el peligro y mintiendo compulsivamente sin beneficio alguno. Orange is the new black, entonces, es sólo el título de lo que también podría haberse llamado “Las Adictivas Desgracias de la Rubita Encarcelada”. Porque su logro épico, al fin y al cabo, es el de tener al espectador completamente atado a la pantalla, deseoso de verla sufrir un poquito más.

El pasado 6 de junio, Nerflix nos sirvió en bandeja todos los capítulos de esta serie basada en un testimonio real de la escritora Piper Kerman. Por el momento, en el primer capítulo pudimos ver a una Chapman completamente chiflada, encerrada en unas celdas de alta seguridad y a punto de iniciar un viaje hacia la que sería su más alta condena: volver a convertirse en ella misma durante el juicio que podría darle la libertad.

Da igual que no haya matado a nadie o que haya vuelto a caer en las trampas de los malos. Da igual que sentimentalmente su vida sea una completa cagada o que sus compañeras de celda estén locas. Da igual que se muera de hambre, o que tenga que vender sus bragas a un preso salido. A nosotros, que también hemos convivido con las cucarachas y que a menudo tenemos la impresión de que vivimos en el día a día de una pequeña jaula, nos encanta ver fracasar a las pijas. Es el equilibrio del mundo, es el destino, es el karma. Y por eso nuestra recomendación es la de digerir Orange is the new black en pequeñas dosis, mirar atentamente la carita de Chapman y dejarse llevar por sus dulces frustraciones.

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