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El gueto nómada que desafió a las ciudades globales

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No es Harlem ni Varsovia, es arquitectura para sistemas en descomposición

Natxo Medina

19 Diciembre 2014 07:00

Barcelona, Berlín, Nueva York, París... En las grandes ciudades globales es donde más rápidamente se dejan ver los grandes problemas de la economía contemporánea y la producción industrial. Todas ellas luchan contra monstruos similares: paro, pobreza, desigualdades, homogeneización y terribles procesos gentrificadores. Las ciudades se van despojando de identidad mientras los precios del metro cuadrado suben a la estratosfera.

Para luchar contra esta destrucción hay una herramienta muy clara: las decisiones políticas. Pero si estas fallan, y de momento lo están haciendo, habrá que inventar nuevas posibilidades de supervivencia. Esto es lo que plantea Malka Architecture con su P9 Mobile-Ghetto, una microciudad autónoma que tiene una peculiaridad: puede montarse y desmontarse en cuestión de horas.

Sostenida por una estructura de andamios, se sirve de módulos habitacionales y pasarelas para construir un intrincado sistema de convivencia que pretende contar con sus propias viviendas, servicios y espacios públicos interiores. Es un espacio autónomo robado a la ciudad, pensado para establecerse allí donde se le deje estar. O como ellos lo llaman, "un gueto voluntario, una comunidad de ideas".

Que los renders de aspecto vanguardista y el Pont-Neuf no os engañen, esto es anarquismo autonomista de toda la vida. Ante un sistema que excluye, la salida se dibuja en la búsqueda de nuevas vías para compartir espacios comunes. Puede que los creadores del P9 no lo sepan, pero a su manera colorista y de apariencia extraterreste, están continuando una fecunda senda histórica.

De momento el "gueto voluntario" es sólo un proyecto y unos planos muy bien ejecutados. También, todo hay decirlo, es una excelente herramienta de marketing para sus creadores que, ni cortos ni perezosos, la han colocado encima de una arteria fundamental de París, una de las ciudades más caras del mundo. Por eso dudamos que un proyecto así pudiera existir en esas condiciones.

Pero, ¿acaso no es bonito que el urbanismo de vez en cuando nos invite a soñar?



Ante un sistema que excluye, la única salida es la búsqueda de nuevas vías para compartir espacios comunes



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