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Una niña de 9 años graba a su padre hablando de los abusos sexuales a los que la somete

María y su madre denunciaron hace meses al progenitor de la niña pero el juez desestimó la denuncia

Su padre había estado abusando de ella durante años. Cada vez que le tocaba irse con él, la niña se negaba, gritaba a las puertas del colegio hasta que venía la policía y la obligaba a cumplir con el régimen de visitas impuesto por un juez.

Su madre intentaba hacer todo lo posible para impedir que el padre se quedara a solas con la niña. Después de que María contara a su madre que su progenitor le había tocado los genitales, varios análisis en urgencias dieron positivo en infecciones vaginales. Justo acababa de pasar una temporada en la casa del padre.

La madre de María (el nombre es ficticio) denunció al padre por abusos sexuales. Después de una intensa espiral burocrática, aquella acusación fue archivada por un juez. Hasta que la propia María, ahora de 9 años, decide tomar cartas en el asunto.

Harta de abusos, la niña se metió una grabadora en el calcetín y grabó una conversación entre su padre y sus abuelos donde este reconocía que había abusado de ella

La niña busca pruebas para quienes no creen lo que cuenta. Busca, de hecho, una confesión inculpatoria.

Para escapar de los abusos decide grabar una conversación en la que su padre reconoce todo lo que le ha hecho. La grabación, publicada en exclusiva por el periódico El País, fue posible gracias a que la niña escondió una grabadora en su calcetín antes de irse a casa de su padre.

En una parte de la conversación, el padre le echa en cara que no quiera pasar tiempo con él. "¿Pero cuándo te he tocado yo?". "Muchas veces", contesta la niña. "Pero cariño, eso es para jugar", le responde el padre.

"Es que no tienes que hacerme eso nunca, mi cuerpo es mío". "Tu cuerpo es tuyo, efectivamente... Cuando tú decías que no te tocara, yo paraba", le dice el padre. "Yo lo único que te estaba haciendo era cosquillas y estaba jugando contigo".

Durante años, los poderes judiciales habían considerado al abusador inocente. El psicólogo que examinó a la niña dictaminó que su testimonio "carecía de estructura lógica"

El abuelo intenta mediar explicándole a la niña que su padre le tocaba para lavarle. "Eso hay que asearlo muy bien y darle pomada", dice el abuelo. "No, no, no, si yo sé por lo que la niña lo dice, si yo sé a lo que ella se refiere", le corrige el padre.

El abuelo insiste: "Yo también te lo he lavado, entonces sería igual". "No, si ella no se refiere a eso, si yo sé a lo que se refiere", vuelve a decir el progenitor. "¡Bueno, pues ya está!", grita la niña. "¡Bueno, pues apechuga, pues apechuga!", le contesta gritando el padre.

Como suele ocurrir en los casos de abusos a menores donde no hay pruebas físicas, demostrar los abusos es tremendamente difícil

El abuelo insiste en que el padre solo la tocaba para lavarla y su hijo le vuelve a cortar: "Ya está, papá, si ella se refiere a otra cosa. Habla con ella como si fuera una persona mayor, que ella no se refiere a eso". "Ya, si lo sabemos", zanja la abuela. Ahí acaba la conversación ya que la abuela desvía el tema hacia las muñecas de María.

Queda grabada, sin embargo, la aparente autoinculpación del padre al que durante años los poderes judiciales habían considerado inocente. Y queda, también, una pregunta: ¿Por qué nadie tomó en cuenta los testimonios de la niña antes de la grabación?

Como suele ocurrir en la mayor parte de casos de abusos a menores donde no hay rastros físicas, demostrar los abusos es tremendamente difícil. En el caso de María, un psicólogo redactó un informe en el que la niña le contaba cómo su padre la había tocado durante años. Pero el perito determinó que su narración carecía de "estructura lógica" y de "detalles".

Su caso se parece mucho a otros como el de Andreína, narrado por su abuela para PlayGround como parte de una reciente serie de artículos sobre el abuso a menores. El padre de Andreína había abusado de ella durante años. En esta ocasión, la juez también sentenció que el abusador era inocente.

En la mayoría de los casos los jueces consideran que son invenciones de los niños apoyadas o promovidas por madres que se quieren quedar con la custodia total. En otros, los peritajes se realizan de forma incorrecta y no se presta suficiente atención a los testimonios infantiles

Los dos sucesos siguen patrones comunes: testimonios de los niños y rechazo a estar con el padre, pruebas médicas que determinan posible abuso, denuncias de la madre al progenitor de su hija y desestimaciones de abusos durante el proceso judicial. ¿A qué se debe que en España no se encarcele a los abusadores?

En la mayoría de los casos los jueces consideran que son invenciones de los niños apoyadas o promovidas por madres que se quieren quedar con la custodia total. En otros, los peritajes se realizan de forma incorrecta y no se presta suficiente atención a los testimonios infantiles.

Durante años, también ha imperado el tabú y el negacionismo ante casos de abusos, sobre todo los que ocurren en el hogar, y las estremecedoras estadísticas revelan que el 87% de los abusos ocurren en el seno familiar.

El caso de María demuestra una vez más que en cuestiones de abusos infantiles en el hogar, aún queda mucho camino por recorrer.

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