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“Mi propio padre intentó matarme para limpiar su honor”

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Un documental nominado a los Oscar se sumerge en el drama de los crímenes familiares contra mujeres en Pakistán

PlayGround

09 Febrero 2016 19:23

Su padre y su tío quisieron apalearla, pegarle un tiro en la cabeza, meterla en una bolsa y lanzarla al río. De noche, cuando nadie estaba mirando. Y de hecho lo hicieron, pero ella logró sobrevivir. Contra todo pronóstico.

Saba Qaiser es una de las miles de víctimas de crímenes de honor que pesan sobre Pakistán. Según los datos oficiales del propio Gobierno, unas 1.000 mujeres son asesinadas al año por crímenes de honor. Las estimaciones no oficiales multiplican esa cifra por cuatro.

Entre las motivaciones de este tipo de crímenes caben actos como el vestir de forma "impropia", mantener relaciones fuera del matrimonio o negarse a contraer un matrimonio arreglado, haber sido víctima de una violación o fugarse de casa con una persona que tu familia no aprueba, como le pasó a Saba.

Pero el de Saba es un caso especial. Ella ha conseguido sobrevivir y contarlo.

Saba logró agarrarse a unos arbustos en la orilla y salir del agua. Logró sobrevivir a pesar de que su propia familia la quería ver muerta

Cuando Sharmeen Obaid Chinoy, una cineasta paquistaní, se encontró por primera vez con Saba, esta se recuperaba en la camilla de un hospital.

Su padre y su tío lograron poner en práctica su plan macabro pero cometieron un error: la bala que debía acabar incrustada en el cerebro de Saba afortunadamente solo le rozó la mejilla izquierda, dejando un profunda cicatriz y anegando en sangre uno de sus ojos.

Tras ser lanzada al río y cuando sus verdugos ya la daban por muerta, Saba logró agarrarse a unos arbustos en la orilla y salir del agua. Logró sobrevivir a pesar de que su propia familia la quería ver muerta.

Ahora, Obaid Chinoy ha decidido convertir su historia en un documental titulado A Girl in the River: The Price of Forgivess. La intensidad y crudeza de la historia le ha valido para ser uno de los cinco documentales nominados a los Oscar.



No es la primera vez que Obaid Chinoy se involucra en un proyecto comprometido. En 2012 ya fue galardonada con su primer Oscar por Saving Face, un documental que trata sobre las mujeres paquistaníes víctimas de ataques con ácido.

Con la realización de este nuevo filme la cineasta pretende no solo darle visibilidad a casos como el de Saba, que ocurren cada día, sino también relatar la historia de una chica que lucha contra una comunidad obsesionada por un concepto de honor caduco y aberrante, resultado de puntos de vista fuertemente patriarcales, en nombre del cual un padre puede matar a su propia hija.

Y decimos "puede" porque los crímenes de honor están tan profundamente arraigados en el tejido social de Pakistán que las autoridades suelen tolerarlos. La mayoría de los casos de mujeres mutiladas y asesinadas a manos de sus familias se quedan sin investigar. Con frecuencia, las víctimas de crímenes de honor acaban siendo registradas como suicidios o muertes accidentales.

La mayoría de los casos de mujeres mutiladas y asesinadas a manos de sus familias se quedan sin investigar. Con frecuencia, las muertes son registradas como suicidios o bajas accidentales

El documental muestra cómo Saba lucha contra la "ley del perdón" paquistaní, una laguna en el sistema legal que permite a las familias perdonar y dejar en libertad a los asesinos involucrados en los crímenes de honor.

"Quiero que la gente vea que los crímenes de honor no son más que asesinatos a sangre fría. Es importante que la gente empiece a pensar en el asesinato de esposas e hijas como en un crimen por el que puedes ir a la cárcel", argumenta Chinoy en The New Yorker.

"Si la gente no piensa en ello como en un crimen, ¿cómo vamos a cambiarlo? ¿Es parte de nuestra religión, de nuestra cultura? ¿Cómo podemos permitir que ocurra?".

El documental muestra cómo Saba combate la "ley del perdón" paquistaní, una laguna legal que permite a las familias perdonar y dejar en libertad a los asesinos involucrados en crímenes de honor

Durante la grabación del documental la cineasta pudo comprobar de primera mano cómo el Gobierno paquistaní no hacía mucho para acabar con los crímenes, a pesar de todos los servicios públicos que parecían funcionar a favor de la víctima.

La ambulancia que la traslada de urgencia, el doctor que opera a Saba, los policías que trabajan para dar con sus verdugos, el abogado que la apoya si decide no perdonar a sus familiares... Pero el castigo no terminar de llegar. Para la cineasta, es necesario cambiar las partes del sistema que no funcionan y concienciar.

Por el momento, el equipo de rodaje del documental ha lanzado una campaña online a favor de una legislación que criminalice estos asesinatos. Se trata de exigir justicia, y a la vez educar. Por eso el documental será proyectado en colegios e institutos paquistaníes. Porque en el asesinato no hay nunca ninguna clase de honor.



"Si la gente no piensa en ello como en un crimen, ¿cómo vamos a cambiarlo? ¿Es parte de nuestra religión, de nuestra cultura? ¿Cómo podemos permitir que ocurra?"

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