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Tu gato es mi cliente: cuando crear memes es una profesión

Descubrimos las nuevas maneras de ganarse el pan en el mundo de los fenómenos virales

Michael M. es un tipo normal. No sabemos exactamente a qué se dedica en su vida diaria, pero sí que tiene una afición: crear blogs absurdos para echarse unas risas. Eso que casi todos hemos hecho en un momento u otro de nuestras vidas, cobra otra dimensión cuando tus tonterías blogueras empiezan a compartirse y volverse virales, y de pronto ese montaje que has improvisado en tus horas muertas de Photoshop se convierte en un meme. Un icono de internet que tiene potencial cultural y, cada vez más, económico.

Eso precisamente es lo que le pasó a Michael M., creador de blogs como Slug Solos, Dog Solos e Ignore Hitler, entre otros. Tres ideas bastante tontas que se le fueron de las manos y han llegado a hacerse populares hasta el punto de aparecer en publicaciones como Buzzfeed, The AV Club o esta misma casa. “No hay un por qué”, afirma M. en una reciente entrevista para The Verge. Su motivación es la misma que la de muchos de nosotros a la hora de enfangarnos en las redes: pasar el rato, y quizás conseguir que alguien suelte una risa.

Pero ¿qué pasa cuando a esa imagen o ese microfenómeno viral se le puede sacar un rendimiento económico? Si los memes son el lenguaje de internet, ¿por qué no considerarlos como objetos culturales con valor?, ¿Por qué no gestionarlos como se gestionan otro tipo de creaciones?, ¿Por qué, incluso, no vivir de ellos?

Las nuevas vidas del meme

Ben Lashes es la respuesta a todas estas preguntas. En cierto sentido, se podría decir de él que es un visionario. ¿Su profesión? Manager de memes. Lashes gestiona el uso comercial de creaciones tan populares como el Grumpy Cat, el Keyboard Cat o el Nyan Cat, fenómenos virales de primera magnitud. Su trabajo es básicamente el mismo que el de un agente convencional: trabajar con los creadores y conseguir que sus inventos lleguen al público conservando una cierta imagen de marca. Y también asegurarse que un meme no se usa de forma indebida o se vulneran ciertos derechos de autor.

Todo empezó para él cuando el creador del Keyboard Cat, Charlie Schmidt, contactó con él. Schmidt pensó que Lashes, que venía de la industria músical, tendría algunas ideas para mover al gato de marras de la forma correcta. Y efectivamente así fue. Desde el principio ambos tuvieron claro que Keyboard Cat tenía que ser tratado como si fuera un artista, con su personalidad, sus creaciones y su propia página web.

El resultado salta a la vista. Hoy es uno de esos virales que definen la personalidad de internet mismo, absurdo como él solo, pero irresistible. A partir de ese éxito, vinieron los demás, y hoy Lashes vive exclusivamente de gestionar fenómenos virales, y se está hablando incluso de que Hollywood desarrolle una película basada en Grumpy Cat. Un personaje que ahora mismo cuenta con su propia marca de capuccino, entre otras cuantas toneladas de merchandising relacionado.

La duda pues no es si el meme puede ser rentable: lo es. La duda es saber si esta mercantilización del meme, una de las esencias mismas de internet, no vendrá a quitarle la gracia a este noble arte de crear chorradas y compartirlas con el mundo. Como Michael M. decía, el encanto del meme es que normalmente no tiene un por qué. ¿Pueden estos “managers” acabar consiguiendo que la red se convierta en un lugar repleto de picapleitos con ganas de poner demandas a quien no use los memes “correctamente”?

De momento, parece que no hay peligro en ese sentido, pero no está de más que tengamos presente una cosa: el meme será libre, ¡o no será!

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