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Lo que de verdad le cuesta a la economía que la extrema derecha gane en Europa

El coste económico del populismo, ¿más alto que el de la austeridad?

En diciembre de 2016, un informe de la división de gestión de bienes del banco JP Morgan previó que una victoria de los partidos populistas en Europa en 2017 afectaría al 41% de la economía de la Eurozona de manera negativa. Un mes más tarde, en enero, otro estudio de Fitch Ratings, auguró que el crecimiento económico de la UE podría verse reducido hasta un 1% de su PIB global, otra vez, si ganaban los populismos.

A partir de ese último informe, el diario El Mundo calculó que el coste económico de una victoria de Geert Wilders en Holanda, de Marine Le Pen en Francia y un ascenso considerable de la AfD en Alemania en las elecciones de finales de año, podrían costar a Europa más de 100.000 millones de euros.

Lo más sorprendente de todo es que los países cuyas economías se verían más afectadas no serían ninguno de los anteriores. Lo serían estados como España, que pasaría de un crecimiento del 2,1% del PIB a un 0,6%; o Italia, que descendería de su 0,8% a quedarse en 0.

Con mucho sentido, los mercados europeos reaccionaron con alivio a la victoria de Mark van Rutte frente a Wilders en los Países Bajos. El euro, sin ir más lejos, tuvo una subida porcentual de cinco puntos frente al dólar. ¿Pero significa esto que, aunque los partidos extremos no ganen elecciones, la economía europea está a salvo?

La victoria de los partidos de extrema derecha en Europa podría costar a la economía de la Eurozona 100.000 millones de euros

Ambos informes, el de JP Morgan y el de Fitch, hablaban en el terreno de la especulación. La realidad es que, aunque Wilders no haya ganado en Holanda, los mercados siguen al borde del precipicio. El anuncio de una fecha para que se formalice el Brexit -el 29 de marzo- y la inquietante campaña para las elecciones francesas tiene entre la espada y la pared la confianza de los inversores y, por tanto, impiden que la economía se mueva a un ritmo deseable.

Robert Kahn, analista senior del Council of Foreign Relations de Nueva York, señala en conversación telefónica lo siguiente: “Aunque no estemos hablando todavía de victorias electorales, el simple clima político generado por el ascenso de los partidos extremistas está poniendo presión sobre los grandes partidos tradicionales para que apliquen medidas económicas más populistas, que generan la misma inquietud en los mercados que si gobernasen los populistas”.

El descontento generalizado que reina en Europa desde el inicio de la crisis de 2008, acentuado por las medidas de austeridad que asumieron todos los países, han dado una ventana a quienes proponen todo lo contrario en materia económica. “Los grandes partidos se ven abocados a proponer políticas expansionistas o proteccionistas para salvarse. En Francia, por ejemplo, aunque no gane Le Pen, ya tenemos políticas más rígidas y más populistas”, apunta Kahn.

El experto también señala que una segunda consecuencia del ascenso populista en Europa es la dificultad de los países para ponerse de acuerdo en política económica. Kahn cita el ejemplo de que, por esta división, no haya podido resolverse todavía la crisis bancaria que atraviesa Italia.

El anuncio de una fecha para que se formalice el Brexit -el 29 de marzo- y la inquietante campaña para las elecciones francesas tiene entre la espada y la pared la confianza de los inversores y, por tanto, impiden que la economía se mueva a un ritmo deseable

Ahora bien, los miedos que genera el populismo en los mercados golpean a la economía, pero lo hacen en las cifras macroeconómicas. La siguiente duda que esto plantea es: ¿si el populismo afecta el crecimiento, la solución es la austeridad que ha mantenido a la economía en alza hasta ahora? Es decir, ¿qué es mejor en la vida de la gente, las políticas populistas o las de austeridad?

Como es obvio, ninguna de las dos. Según Kahn, las políticas de austeridad solo son la causa del clima político actual y que tiene como consecuencia final un decrecimiento económico. “ No cabe plantearse la solución en la austeridad. Ha sido una política totalmente irresponsable. Las circunstancias actuales presentan una oportunidad para los grandes partidos de impulsar la economía a través del estímulo de la demanda y una política fiscal más flexible que luchen por el interés colectivo”, asegura.

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