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Hacia un futuro sin palabras: llegan los dispositivos que leen la mente

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¿Estamos preparados para lo que la ciencia sea capaz de crear?

Leticia García

05 Septiembre 2014 11:05

Son muchos los que creen que la comunicación digital nos está haciendo, poco a poco, perder contacto con el mundo real y nos incapacita para la comunicación gestual. Pero también son muchos los que no ven en esto una desventaja, sino una nueva forma de interacción humana que debe explorarse cuanto antes.

El instituto alemán Fraunhofer acaba de desvelar una aplicación para Google Glass que detecta las emociones de nuestro interlocutor. Se llama SHORE (Sophisticated High Speed Object Recognition) y funciona como un programa de reconocimiento facial que registra instantáneamente la edad aproximada, el género y, supuestamente, las emociones de la persona que tenemos enfrente. Pero para ello, hay que presuponer que los gestos están íntimamente relacionados con el estado de ánimo (y presuponer también, por otro lado, que las Google Glass acabarán triunfando en el mercado y llevándose por la calle).

El vídeo explicativo muestra su funcionamiento, y en él se ve cómo para detectar si nuestro interlocutor está feliz, triste o enfadado, este tiene que gesticular con amplias sonrisas y ceños muy fruncidos, algo un poco histriónico y no demasiado frecuente en la vida diaria. En cualquier caso, SHORE está aún en fase de pruebas, y para muchos se dibuja como la solución a los problemas de comunicación que, cada vez más, surgen en las interacciones cara a cara.

Pero si las aplicaciones de reconocmiento de emociones nos equiparan a robots, ciertos experimentos que se están llevando a cabo en distintas instituciones internacionales nos sitúan, directamente, en una película de ciencia ficción en la que el lenguaje verbal no existe, sólo la comunicación cerebro a cerebro. Según dichos investigadores, la telepatía es posible.

Ya existen sensores que a través de la encefalografía permiten controlar bicicletas, coches e incluso ordenadores utilizando nuestro cerebro. Sin embargo, dichos aparatos funcionan sólo detectando las corrientes neuronales, pero no descifran su significado.

Hace unos días, se desvelaba que un equipo de neurocientíficos (de centros de robótica y psicología de Barcelona, Estrasburgo y Boston) ha logrado que una persona en la India envíe mensajes a tres personas en Francia utilizando la telepatía:

Según detalla el informe, un casco lee la actividad neuronal del emisor y la transmite a un ordenador, que la traduce a lenguaje informático. Es el propio emisor el que, mediante su actividad cerebral y utilizando dispositivos de control remoto especializados para personas con parálisis, logra enviar dichos pensamientos a su interlocutor. En el momento en que el mensaje se envía, los receptores, que llevan puestos unos aparatos electromagnéticos, comienzan a ver luces. Un brazo robótico se desplaza por su cabeza situando cada unidad informativa en la parte de su cráneo que se encarga de descrifrarla.

Complicado, muy aparatoso y aún muy rudimentario (los científicos sólo han logrado enviar con este sistema las palabras "Hola" y "Ciao"). Pero, en cualquier caso, esto demuestra que la telepatía es posible. Y que, en un futuro no demasiado lejano, la posibilidad de leer el pensamiento resulta hasta plausible. Una prueba más de que los avances científicos transcurren a una velocidad que ni el propio ser humano que los genera es capaz de asumir.

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