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Un futuro sin género: tres ejemplos de literatura infinita

Poesía e identidad en continua reinvención

Que el futuro no tendrá género es algo latente, algo sabido por todos los que día a día luchan por reivindicar sus derechos, sus sentimientos, sus gustos más allá de lo establecido. Puesto que la literatura no es ajena a los cambios culturales y sociales de la historia, no es de extrañar que en los últimos años se haya convertido también en una de las armas más potentes a la hora de batallar en la guerra por la libertad de expresión.

Poesía de entretierras

Si bien medios como Lambda Literary llevan desde 1989 dando voz a la literatura LGBT, ahora gracias a ellos conocemos la publicación de Nepantla, una de las primeras revistas dedicadas a la poesía queer, trans y agénero, escrita por autores de distintas sexualidades y razas.

Según la feminista Gloria E. Anzaldúa, cuyas palabras abren las páginas de Nepantla a modo de cita, este término designa un lugar entre dos mundos. Una especie de tierra-puente en el que todo cabe porque no pertenece a nadie y porque no está regido por ninguna norma.

La literatura, en general, siempre ha sido y siempre debería ser sinónimo de entretierras, y por eso proyectos como el de Nepantla tienen tanta importancia. Fuera de ser excluyentes, invitan a descubrir todo un abanico de voces que terminan de llenar un mosaico de futuro y de entendimiento. Un pantone de experiencias, de pieles, de sexos y de estilos que terminan de invitarnos a concebir un nuevo canon poético.

Dos aullidos que retumban desde Internet

Más allá de esas voces que día a día promocionan publicaciones como Lambda Literary, la red nos ha entregado un gran número de nuevas propuestas. Autores que surgieron de su trabajo en Internet y que en ella habitan compartiendo poemas, apoyando a otros autores de su generación e invitándonos a conocer un mundo de posibilidades distintas a través de su intimidad. De entre las firmas más célebres destacan las de la norteamericana Joshua Jennifer Espinoza y también la del mexicano Dante Tercero, de quien también hablamos aquí tiempo atrás cuando este aún firmaba como Patricia Binôme.

Hace unos días el colectivo Boost House anunció en sus redes que a finales de septiembre se podría adquirir el primer libro de poemas de Joshua Jennifer Espinoza, bajo el título de I’m alive It’ hurts I love it (Estoy viva, duele, me gusta), una recopilación de textos en los que se aborda con brillantez temas tan complicados como la enfermedad mental, la transexualidad y la dificultad de encontrar belleza en un mundo de disconformidades. Porque antes de ser Joshua Jennifer, ella era sólo Joshua, y gracias al arte y a la poesía la joven autora ha podido ir reconciliándose con su propio cuerpo y con su identidad.

La reconciliación con uno mismo es otra de las cosas que han influido en la obra y en la vida de Dante Tercero, porque hasta ser quien ahora es, antes tuvo que enfrentarse a una transformación tanto anímica como literaria. El poeta de Tijuana y editor de Ojo de Pez antes se llamó Patricia Biôme, algo que quedó reflejado no sólo en su magnífica obra publicada, sino también en sus redes sociales, en las que la tecnología aún es capaz de poner en duda quién es o cómo se siente cada uno de sus usuarios. Volvemos a citar las palabras de Dante, para quien "ser transgénero es ser parte de la evolución del ser humano y no debería resultar algo doloroso ni punible sino festivo."

Fiesta, sí, y también libertad.

Porque eso es cuanto nos trae la literatura infinita del futuro.

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