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Así funciona una ciudad tomada por anarquistas

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Jón Gnarr, el comediante que quiso ser político, termina su mandato como alcalde de Reykjavik y deja a su paso un legado muy interesante para todos aquellos interesados por la política más allá de los partidos

Natxo Medina

30 Junio 2014 13:14

Islandia fue el país que notó el descalabro financiero estadounidense de 2008 con más fuerza y más rápido. Los niveles de deuda se dispararon mientras la corona se hundía. Los tres grandes bancos del país se declararon en bancarrota, y los ahorros de miles de islandeses simplemente se esfumaron. En una nación que durante años había sido una especie de Arcadia de crecimiento y felicidad, la noticia fue una bomba atómica. El presidente Ólafur Grímsson apareció en los televisores de todo el país encomendándose a los dioses para salvar al país. Sus peticiones no salieron exactamente como esperaba: en lugar de un ángel de la guarda, en la arena política del país apareció Jón Gnarr, un humorista de pasado punk y querencias anarco-surrealistas. Al principio nadie daba ni un duro por él ni por su partido, The Best Party. Y sin embargo en 2010, el 34,7% de los votos les auparon a la alcaldía de Reykjavik, por delante del partido conservador, que había hecho de la ciudad su feudo durante años.

Cómo esto llegó a pasar es una parte de lo que el ya ex-alcalde relata en “Gnarr! How I Became the Mayor of a Large City in Iceland and Changed the World”. Un libro recién publicado (no sabemos si verá la luz en nuestro país) y en el que además de hablar sobre su ascenso como figura mediática y líder político nos ilumina sobre su conflictivo pasado. Gnárr creció en una familia inestable, dejó los estudios en la adolescencia y a los 16 años se había intentado suicidar dos veces. Pensaba que era un idiota y que nunca llegaría a nada. Hasta los 14 años, Gnarr no aprendió a leer.

A partir de entonces no hubo quien le parase. Lo leyó todo, muchos autores anarquistas y surrealistas, El Arte de la Guerra, Monty Python… Todo lo que supusiera una subversión de los códigos sociales y una invitación al humor le atraía. Sobre esa base se metió en el punk y acabó haciendo un nombre como humorista. Y en el caos que siguió al colapso económico del país, tuvo la idea con unos cuantos amigos de hacer una gran broma: ¿Por qué no nos inventamos un partido político?

Una bola de nieve imparable

Jón Gnarr

La broma fue creciendo hasta que dejó serlo y no hubo manera de echar el freno. Enfrentados a los retos del momento, Gnarr y los suyos impusieron la sensatez del hombre común. Ante la invasión del traje y la corbata, ellos proponían el sano discurrir del día a día. Es decir, la misma idea de la que se nutren cantidad de movimientos ciudadanos por todo el globo, incluido todo nuestro magma post 15-M, con el Movimiento por la Democracia, la PAH, Podemos o Guanyem como avanzadilla. “Es sólo un trabajo nuevo”, cuenta al Tages Anzeiger Einar Örm, miembro del partido y ex-bajista de gira de la mismísima Björk. “No llegamos a este trabajo desnudos. Tenemos experiencia. Yo tuve un bar y después de una fiesta, siempre hay que vaciar los ceniceros”. Después del desastre, toca arremangarse y sacar la basura.

Acusados repetidamente de ser poco serios, los miembros del Best Party demostraron sin embargo un gran respeto por el trabajo bien hecho. Fuera de los despachos, les preocupaba sobre todo cambiar la cultura política del país. Ottar Proppe explicaba cómo Gnarr estaba especialmente capacitado para esta tarea:

“Jón es como una buena abuela, hace mucho con poco. Le enseñamos a la gente que te lo puedes pasar muy bien con poco […] Nosotros hablamos con todo el mundo. También puedes derribar el sistema de clases sin dinero”. Los situacionistas ya advertían que "el aburrimiento es contrarrevolucionario".

Hoy, cuatro años de legislatura en coalición con los socialdemócratas después, Jón Gnarr abandona para volver a su vida anterior. Nos ha dado grandes momentos, como el mejor video electoral de todos los tiempos (podéis verlo abajo). También ha acudido a las urnas vestido de caballero Jedi, se ha disfrazado en el desfile del Orgullo Gay de 2013 y nos ha dado ese "¡Hurra por todo!" con el que celebró la victoria de su partido.

2013

Lo mejor de todo, es que más allá de la broma, el Best Party ha sabido darle la vuelta a una situación muy adversa y serios problemas presupuestarios. Ellos han construido varias docenas de kilómetros de carril bici, desarrollado un plan urbanístico muy serio, renovado la organización escolar y hecho crecer el turismo en la ciudad a un ritmo del 20%. También se deshicieron del problema que suponía para la ciudad la empresa energética Reykjavik Energy, haciéndola más pequeña y despidiendo a todos los que la habían manejado mal. En definitiva, devolvieron a Reykjavik la salud financiera y (sobre todo) el buen humor. No está nada mal para un puñado de anarquistas.

[Vía Tages Anzeiger, Citylab]

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