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Esto es lo que ocurre cuando el mar sueña con ser pintor

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Warren Keelan se dedica a fotografiar las caprichosas formas pictóricas que adoptan las olas del mar

PlayGround

07 Marzo 2016 19:26

El fotógrafo Warren Keelan captura olas que se mueven como pinceladas de pintura, produciendo imágenes que parecen cuadros al oleo en vez de fotografías.

Porque hay días en los que el mar se levanta artista y se cree que sabe pintar.



Hay días en los que el mar se levanta tranquilo y decide crear de manera pausada. Entonces salen trazos claros, sencillos y gruesos, como los de los expresionistas.



Otros días, el mar está revuelto. Es entonces cuando elige crear con pinceladas gigantes que ocupan todo el lienzo del océano.



Hay veces que el mar se siente surrealista. Y mira la realidad a través de la lupa deformada que hace la combinación del Sol y el agua. Un filtro que provoca que el mundo se distorsione y se ablande. Como aquellos relojes líquidos que tanto obsesionaban a Dalí.



Cuando se pone el Sol, el mar se vuelve loco. Arroja los cubos de pintura, sin orden ni sentido. Con violencia, sin cuidado. Morado, negro, naranja y violeta confluyen en la cresta de la ola.



Algo parecido pasa cuando hay tempestad. Los días de tormenta todo el mar se convierte en un cuadro abstracto que juega con nosotros y reta a nuestra imaginación a inventar qué estamos viendo. ¿Una ballena, un tiburón o quizás una medusa gigante?




El mar no aprendió en ninguna academia, pero hace los cuadros más hermosos del mundo.



El mar no conoce que si mezclas el azul y el rojo sale el violeta, ni que los colores del arcoiris son siete, pero nadie mezcla como él las distintas tonalidades de la naturaleza.



El mar cuando se enfada se asemeja a un cuadro de Pollock. Una obra del expresionismo abstracto en el que el negro es el color principal  y casi el único. 



A veces se siente travieso y quiere imitar a las caracolas, enroscándose como si fuera uno de sus caparazones. A veces, tiene envidia de la vida submarina y quiere hacerse pasar por uno de ellos.



Otros días crea formas caprichosas, pinceladas sueltas en las que no se puede distinguir el comienzo y el fin del trazo.




Pero sin duda, el momento álgido llega con el atardecer. Allí es cuando el mar saca toda la belleza del Sol y el Mar y la mezcla. Es ahí cuando surge la magia. Justo en el preciso instante en el que la línea del horizonte se difumina y es casi imposible distinguir donde empieza uno y donde acaba el otro.


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