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La fotógrafa de guerra que capturó el momento de su propia muerte

El trágico testamento de un error fatal

Hilda Clayton / US Army

Inmortalizar la muerte”. Suena a paradoja. A veces el lenguaje nos juega este tipo de pasadas. Nos permite construcciones que tienen un algo de burla del destino. Sobre todo en el caso que nos ocupa. Porque Hilda Clayton no inmortalizó otra muerte que la suya.

Clayton era soldado. Pero era un soldado atípico. Lo era porque su arma era la cámara, y sus disparos simples fotos. Pero eso no la libró de morir “en el campo de batalla”, como quien dice, aunque esta vez se tratara de un simple simulacro.

Clayton era fotógrafa del ejército estadounidense. El 2 de julio de 2013 se encontraba de servicio en un lugar no precisado de la provincia de Laghman, en Afganistán. Documentaba unos ejercicios de entrenamiento de militares afganos cuando... algo que no debía pasar, pasó.

Cinco personas se encuentran alrededor de un mortero. Clayton observa la escena con su cámara. Frente a ella, dos militares afganos acercan un proyectil a la boca del mortero y se tapan los oídos ante la inminencia del disparo. Pero no. La pieza de artillería falló.

El proyectil explotó antes de lo debido. Antes, de hecho, de abandonar el tubo del mortero. Les explotó, literalmente, en la cara.

Todos los presentes murieron. Unas pocas décimas de segundo antes de ser alcanzada por la metralla, Clayton logró pulsar el disparador de su cámara. Esto es lo que captó.

En la escena había un segundo fotógrafo, un militar afgano a quien Clayton estaba formando en el fotoperiodismo de guerra. También él murió. También él retrato el instante desde una perspectiva ligeramente distinta.

El objetivo que se ve a la izquierda de su imagen es el de Clayton.

Tres años después del suceso, el Ejército de los Estados Unidos ha difundido las imágenes a través de su revista Military Review. De una forma extraña, las líneas que acompañan a ambas fotos tratan de convertir el accidente, la tragedia, en un ejemplo de avance hacia la paridad de género dentro de las Fuerzas Armadas.

“La muerte de Clayton simboliza la manera en que las mujeres soldado se ven crecientemente expuestas a situaciones peligrosas en el entrenamiento y en el combate, situándose a la par con sus compañeros masculinos”, reza la publicación. Seguro que esto consuela a su familia... tanto como el premio de fotografía de combate que el Departamento de Defensa creó con su nombre.

Inmortalizar la muerte propia. Perpetuar, con un disparo azaroso, la ausencia eterna de uno mismo en la memoria de los otros. Triste ironía.

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