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Hay que follar con las mentes: la bisexualidad es un valor en alza

Uno se piensa que dentro de las minorías no puede haber otras minorías, y eso no puede ser más falso. En el caso del colectivo LGTB, los trans y bisexuales han sido históricamente los colectivos con menos privilegios: ser bisexual es algo que parece incomodar a gays y heterosexuales, dejando a todas las sombras de gris que van de blanco a negro a menudo bastante desamparadas. No hablamos en ningún caso de un desamparo legal, como es el caso del colectivo trans, pero a menudo los bisexuales están socialmente considerados como homosexuales-to-be, o como heterocuriosos. Han sido pocos los que abiertamente han expresado su capacidad de desear y indistintamente a hombres y a mujeres.

Recientemente el New York Times publicaba un artículo a propósito de la salida del armario de Tom Daley como bisexual, y en su portada figuran dos fotos muy cuquis: el espléndido nadador olímpico con su supuesto amante, el guionista Dustin Lance Black; y la actriz Cynthia Nixon —Nuestra querida Miranda de "Sexo en Nueva York"— sujetando un hermoso bebé pelirrojo al lado de su mujer.

Quizá la creciente tendencia al género fluido —y por consiguiente, el sexo fluido— haya hecho que muchos bisexuales se suelten la melena y opten por desenmascararse. Ya lo decía Dante a Martín (H): “Hay que follarse a las mentes”.

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