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¿El fin de los pitillos? Ni lo sueñes…

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Volvemos a nuestro consultorio moda de Playground, esta vez sobre calcetines graciosos, prendas aclamadas por el pueblo y escritores normcore

Leticia García

17 Julio 2014 10:47

¿Cree que los pantalones pitillo han llegado a su fin y la próxima temporada serán erradicados de las tiendas?

Interesante pregunta. No porque vayan a ser eliminados en los próximos meses, sino por todo lo contrario: el vaquero es la única prenda en la que el pueblo manda. Da igual cuántos diseñadores y marcas aborrezcan la silueta de tobillo ajustado, da igual que Zara resalte en el escaparate la forma acampanada, el pitillo morirá cuando el pueblo esté preparado para que muera.

La forma del vaquero cambia tanto la percepción que tenemos de nuestro propio cuerpo que obviamente, si cambiara cada poco tiempo, nos volveríamos completamente locos. ¿Recuerda la primera vez que se probó unos pitillo? ¿No se horrorizó al ver cómo resaltaba sus piernas? ¿No le vino a la cabeza un punky desfasado anclado en los ochenta? Cinco, seis, siete años después, realice la prueba contraria y pruébese unos pantalones rectos o campana ¿no se ve raro, fatal, hortera y anacrónico?

La forma del vaquero es la prueba definitiva del poder de la moda para cambiar los gustos colectivos. El problema es que, para cambiar su silueta, se tiene que pasar por un periodo de visibilidad masiva, reconocimiento y adaptación. Los que no somos pioneros en esto de las tendencias estamos en la etapa de visibilifdad masiva: los diseñadores ya no diseñan pitillos, sino pantalones muy rectos o muy acampanados y las tiendas siempre tienen un corner con piezas de esta clase, por probar. A los pioneros no les da vergüenza y hace un tiempo que no llevan pitillo porque saben que tiene los días contados. Nos queda pasar por la fase de reconocimiento, así que hasta dentro de uno o dos años la gente de a pie no se sentirá a gusto dentro de unos pantalones campana. Momento en el que podremos decir que el pitillo ha muerto.

¿Qué opinión le merecen los calcetines divertidos?

Para empezar, la palabra "divertido" asociada a una pieza indumentaria me genera un poquito de inquietud. Me hace pensar en señores con un espíritu demasiado joven llevando camisetas con mensajes tipo "Soy fácil y estoy borracho" "Abrazos gratis" o ese diseño infame que reproducía el logo de Pepsi con la palabra "Sexsi".

Los calcetines son bonitos o feos, como todo lo demás. En general, el estampado calcetinero tiene sentido siempre que, o no se vea pero le hagan gracia al portador (como la ropa interior de súperhéroes o de muñecos Disney) o se vea y vaya acompañados de un estilismo de un sólo color. En este último caso, y si el estampado de los calcetines no cruza la frontera entre lo "alegre" y lo "graciosillo", son más que aceptables. Pero unos pantalones pesqueros con unos calcetines de palmeras y una camisa de cuadros produce un efecto horror vacui en el observador próximo al mareo o al desprendimiento de retina. Al final, en esto de la moda, que cada uno haga lo que quiera, pero si no está convencido del experimento y , sobre todo, si le importa lo que pueda pensar la gente, mejor ensaye en la intimidad de su hogar antes de dar a conocer sus invenciones estéticas al mundo.

¿Qué juicio tiene de la indumentaria de los escritores de no ficción en España? ¿qué le parece el estilo de Eloy Fernández Porta? ¿y el de César Rendueles?

Me faltan imágenes (y lecturas) para contestar debidamente a esta pregunta, sobre todo después de la existencia del genial The Sartorialit, aquel maravilloso e ingeniosísimo blog especializado en diseccionar la estética de los escritores. Pero me voy a lanzar, así sin conocer en profundidad el armario de los susodichos e intentando desembarazarme de ese prejuicio que considera que todos los escritores, por principio, visten regular tirando a mal porque bastante tienen con lo que tienen a diario.

Lo de Rendueles es lo que ahora los modernos llaman normcore. Camisetas, que eso nunca pasa de moda, vaqueros y zapatillas básicas. Combina (consciente o inconscientemente, no lo sabemos) los colores, así que no va hecho un cuadro pero tampoco se puede decir que lo suyo sea de una elegancia innata. Se nota que le da igual la moda, pero de verdad, no como a esos que se jactan de decir que son antimoda y luego van por la vida vestidos mal a conciencia. Tardan el mismo tiempo en decidir qué poner para dar esa imagen que cualquier seguidor acérrimo de las tendencias. Rendueles lleva básicos de esos que te puedes poner hoy, mañana o dentro de dos años. Aburrido, pero muy lícito. Además, he visto por ahí una imagen suya con una camiseta de The Onion, y eso, obviamente, le hace ganar muchos puntos.

La estética de Fernández Porta me parece fascinante y admirable. Muchos pensarán, "va siempre de negro, no se la juega". Pero miren atentamente sus prendas, sus botas y sus combinaciones. Muy poca gente puede ser inmune a los gustos masivos que se imponen en una determinada época. Es imposible ir por la vida con los ojos cerrados y no dejase contminar por los estilos del presente. Fernández Porta lo logra, y lleva botas góticas de los noventa, gorras militares, gorros de lana, chaquetas de cuero de corte Matrix y hasta a veces se atreve con el plástico negro sintético. Pero lo mejor es que uno no se da cuenta de esta proeza hasta que no lo observa con detenimiento. Desconozco que le lleva a decantarse por esas piezas tan simbólicas como anacrónicas, pero, en cualquier caso, logra pasar desapercibido con prendas que pertenecen a otra época, y eso, en definitiva, es una genialidad.

Eso no impide, sin embargo, que eche de menos a un Tom Wolfe de las letras patrias, alguien tan famoso por su traje como por sus escritos, alguien que crea firmemente en su propio disfraz.

¿Tienes alguna pregunta vinculada con la moda? Envíala a leticia@playgroundmag.net. ¡Gracias!

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