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El fin del petróleo: la distopía ya está aquí

El científico Antonio Turiel alerta de que podemos ser la próxima civilización en colapsar

Finales de julio, Barcelona. Antonio Turiel, científico titular del Instituto de Ciencias del Mar (CSIC) es de los pocos trabajadores que aún rondan por las desérticas instalaciones. El especialista en sistemas complejos me recibe con una expresión exhausta: lleva 14 años divulgando sobre el cénit del petróleo, la crisis que más allá del cambio climático puede llevarnos al colapso como civilización, y de la que muy pocos hablan.

Turiel es autor de un blog de referencia sobre el llamado Peak Oil: la evidencia científica, reconocida por la propia Agencia Internacional de la Energía, de que en 2005 se llegó a la producción máxima de este recurso. O lo que es lo mismo: desde hace nueve años la extracción de crudo disminuye de forma acelerada en todo el planeta debido a la escasez de explotaciones y a que las nuevas que se descubren, pequeñas y complejas, ya no son rentables.

Sin descanso, Turiel dedica su escaso tiempo a difundir lo que él llama una realidad “pública pero no publicitada”. Está preocupado por sus hijos pequeños, por un futuro irremediablemente apocalíptico de seguir con el actual sistema basado en el crecimiento económico exponencial. El científico es claro: de esta crisis no vamos a salir nunca, y el crash del petróleo es más responsable de lo que pensamos. “Es curioso que me pase el día escribiendo sobre decrecimiento y que ahora que tengo que despedir a gente de mi equipo me resista a hacerlo. Porque, ¿sabes que los recortes tienen que ver con el Peak Oil, verdad?”.

Guerras por recursos

Para comprender las consecuencias de la escasez del petróleo en un mundo que pelea por superar la crisis financiera tan sólo hay que atender a este dato: de los casi 100 países que han producido este recurso a lo largo de la historia ya hay 65 que han reducido su ritmo de producción, y otros simplemente la han detenido: “Han dejado de exportar con la pérdida de ingresos que eso implica, y el consumo interior ha superado su propia producción. Esto explica las inestabilidades de Egipto, Siria, Yemen. Libia ha colapsado por completo. México, Venezuela y Nigeria tendrán problemas graves pronto”, explica Turiel.

Según los datos que publican las agencias internacionales e incluso las propias petroleras, aproximadamente en 2018 el petróleo disponible para la exportación sólo podrá satisfacer las necesidades de China e India: “Alguien va a tener que dejar de consumir petróleo de forma abrupta para que otro pueda hacerlo. Incluso el crecimiento de estos dos países se estancará, porque estarán absorbiendo toda la producción”. Los océanos, dice Turiel, no están llenando ese agujero con nuevas explotaciones, precisamente porque extraer el crudo del subsuelo requiere más energía de la que recibimos.

¿Renovables?

Es materialmente imposible que las energías renovables suplan los miles de teravatios de potencia que consumimos. Ni los nuevos hidrocarburos ni el fracking (técnica para la extracción de gas) están respondiendo a la exorbitada demanda. De hecho, señala Turiel, en Estados Unidos 61 de las empresas que se dedicaban al fracking ya están a punto de quebrar: “Esta técnica es una burbuja financiera que está empezando explotar. De aquí a uno o dos años ni siquiera se mencionará. En España muchas empresas que extraían gas mediante este método ya han cerrado”.

En nuestro país, donde el 56% de la energía primaria procede del petróleo, estamos notando más la crisis que en otros lugares: no podemos competir con el precio del barril que todavía está en máximos históricos. Desde 2008 los españoles hemos disminuido el consumo de petróleo un 25%: “Un economista dirá que como hay crisis se consume menos petróleo, pero es al revés. El petróleo sigue estando por encima de los 100 dólares el barril y las empresas no pueden competir con el precio creciente de la energía. Ese es el principal factor que nos impide salir de la crisis”.

Sencillamente, no hay recursos disponibles para seguir creciendo como hasta ahora, pero los dirigentes no parecen conocer otra forma de hacerlo que consumiendo más materiales y energía: “Crecer al 2,8% significa que cada 25 años tienes que duplicar tu PIB. En España eso significaría 16 veces más carreteras cada nuevo siglo, 16 veces más turismo, y 800 millones de habitantes. Es evidente que no tiene sentido”.

Top Secret

Ningún presidente ha pronunciado jamás las palabras “Peak Oil”. Tan sólo en 1978, Jimmy Carter sentó un mantra para todos aquellos que le sucederían: Estados Unidos debía superar su gran dependencia del petróleo. “Llegó a instalar placas solares en la Casa Blanca, pero Reagan se encargó de quitarlas”, explica Turiel.

El Peak Oil es algo que los gobiernos conocen. Tanto Estados Unidos como Gran Bretaña tienen comisiones parlamentarias específicas para tratarlo. Sin embargo, se han descubierto presiones por parte del gobierno norteamericano para que la Agencia Internacional de la Energía edulcorara sus proyecciones: “Lo destapó el periodista inglés Terry Macalister en 2009. Se tiene miedo a que los mercados entren en pánico”. Que es, con los datos en la mano, donde deberían estar: “Las instituciones son conscientes, pero quizá no entiendan las implicaciones sociales, y confían en que la innovación tecnológica y las renovables solucionarán el problema”.

Hace tres días, el periodista canadiense Andrew Nikiforuk publicó unos sorprendentes datos que han pasado desapercibidos este verano: 127 de las mayores compañías de petróleo y gas el mundo se están quedando sin dinero en efectivo. Están gastando más de lo que ganan y, presionados por la deuda, empiezan a vender sus activos.

Antonio Turiel batalla con los lobbies neoliberales y con los medios que, como el Politikon, han querido desmitificar el crash del petróleo: “El think tank IHSZ Cera está formado por consultores que los medios americanos presentan como las voces autorizadas en materia de energía. Muchos de ellos están financiados por las propias petroleras. Su discurso es que hay abundancia y que los científicos somos unos alarmistas". Según el científico, el problema subyacente es la cultura del progreso, la inercia económica que guía los gobiernos occidentales: " Defienden que habrá abundancia simplemente porque la necesitamos. No es un argumento muy sólido, pero a ver qué gobierno se atreve a implantar medidas adaptativas que implican necesariamente un descenso del consumo material. La anticipación es muy impopular”.

El lobby de la verdad

Los movimientos sociales y ecologistas no van errados en reclamar un más justa redistribución de la riqueza y los recursos. Sin embargo, según Antonio Turiel se trata de un problema, no EL problema. La crisis energética, con sus consecuentes crisis económicas, favorecerá los gobiernos autoritarios y extremistas: “Podemos adaptarnos y tener un estándar de vida muy parecido al actual, en incluso superior en algunos aspectos, pero hay que trabajar en comunidad, hacer partícipe a la ciudadanía”.

Eso sí, de nuevo un científico nos recomienda superar nuestra soberbia como especie: “Antes que nosotros, 26 civilizaciones han colapsado por una crisis de recursos. Los romanos, los mayas, los vikingos de Groenlandia. Podemos adaptarnos pero negarlo es idiota: nos falla el motor con el que queremos seguir adelante”. Antonio Turiel no es optimista y cree que reaccionaremos cuando empiece el desabastecimiento. Sin embargo, junto a otros científicos españoles ha lanzado el manifiesto Última llamada, con el que esperan vertebrar una comunidad científica inexistente sobre el Peak Oil y pepararnos para lo inevitable.

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