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El filósofo más polémico del mundo tiene unos chistes verdes que contarte

Se publica en castellano la recopilación de bromas del filósofo Slavoj Žižek 'Mis chistes, mi filosofía'

El director de una cárcel de mujeres escoge a tres presas y concederá la libertad solo a una de ellas. Las tres se colocarán, formando un triángulo, sobre una mesa. Serán penetradas por detrás por un negro o un blanco. Debido a su disposición en torno a la mesa, no verán quién las penetra a ellas pero sí a las otras dos reas. En total hay tres blancos y dos negros. Quien, aplicando la lógica, deduzca el color de su partenaire, será liberada.

De esta manera, de entre las múltiples combinaciones para la vista de cada una de las mujeres, se abre un juego de suposiciones. Por ejemplo, pongamos que hay un negro y dos blancos en juego: somos una de las mujeres, y vemos frente a nosotras un negro y un blanco. Si quien nos penetra fuera negro, la mujer penetrada por un blanco vería a dos negros, y concluiría rápidamente que el suyo es blanco. Si ésta no dice nada, tendremos que concluir que, necesariamente, tenemos detrás a un blanco.

Con este juego y la pregunta "¿Qué soy para la mirada del Otro mientras me follan?", se abre Mis chistes, mi filosofía , una recopilación de bromas de Slavoj Žižek, sin duda el filósofo más mediático de la última década. Coñas sobre el ego, el superego, el subconsciente colectivo o la proyección del miedo: sólo el esloveno sería capaz.

Un trabajador alemán consigue trabajo en Siberia. Para evitar la censura, les dice a sus amigos que si reciben una carta suya escrita en tinta azul, es verdadera, si es en rojo es falsa. Sus amigos reciben la primera carta, en azul. Pone que todo es maravilloso, que las tiendas están llenas, hay abundante comida, casas grandes y chicas guapas. Lo único que falta es la tinta roja.

“Este es mi chiste favorito de Žižek. Lo ha contado varias veces, incluso en Occupy Wall Street", nos dice Eugene Wolters, fundador de Critical Theory, una web de referencia de filosofía radical y cultura pop de Brooklyn. "Lo que quiere decir es que nos falta el lenguaje mismo para articular la libertad. Para Žižek, así son las democracias liberales”.

Sexo y religión: cada uno en su cama y Dios en la de todos

Ni los liberales, ni los cristianos moralistas, ni los comunistas ortodoxos, ni los judíos... nadie se libra del bofetón de Žižek. Reparte mandobles a diestro y siniestro, y a estos últimos además los tiene más a mano.

¿Practicar el sexo con condón no es como darse una ducha con el impermeable puesto?... No es de extrañar que la marihuana sea tan popular entre los liberales que pretenden legalizarla: ya es una especie de ‘opio sin opio’.

Y sí, el sexo. Žižek, ese viejo verde :

Una joven cristiana reza a la Virgen María: "Oh, tú que concebiste sin pecado, ayúdame a pecar sin concebir".

Hay más. Clinton desvirgando a la Virgen María en el cielo. O ¿saben aquel que dice que los seguidores de Cristo no querían que lo crucificasen sin haber follado?

Así que le piden a María Magdalena que lo seduzca. A los cinco minutos sale frustrada del lugar donde Cristo descansaba. '¿Qué ha pasado?', preguntan los acólitos de Jesús. 'Me he desvestido, he abierto las piernas y le he enseñado el coño. Se lo ha quedado mirando y ha dicho 'qué herida tan terrible' y ha colocado encima la palma de la mano'.

A Žižek se le ha llamado el filósofo más peligroso de Occidente. También el Elvis de la teoría cultural. En realidad, se parece más a una mezcla entre ambas. Podríamos decir que es la última estrella pop del comunismo desde Mao. Un gurú de la perversión obsesionado con el deseo.

Para Wolters, “ el deseo recorre todo el trabajo de Žižek. Analizarlo es analizar cómo funciona la sociedad. En cuanto a la religión, los psicoanalistas como él suelen estar interesados en fantasías o historias teológicas. Y cuando el sexo y la religión se encuentran, es fácil examinar cómo el mundo se enfrenta a las reglas y transgresiones del placer”.

“De todas maneras, a Žižek le encantan los chistes verdes por su perverso sentido del humor. Le encanta ofender a todo el mundo”, concluye Wolters.

Partirse el culo es político

Pero ¿y si la risa fuera liberadora y por tanto revolucionaria? Eugene Wolters lo tiene claro. “Como decía Mark Twain: ‘nada puede resistirse al ataque de la risa’. El final de un chiste nos coge por sorpresa, si no no sería gracioso. Esto es políticamente productivo, porque ahí suelen entrar las contradicciones, tensiones y fraudes de la sociedad. Cuando nos reímos de los políticos estamos rompiendo la imagen que quieren que tengamos de ellos. Hacer coñas absurdas sobre lo que los poderosos quieren que sea respetable es en cierta manera revolucionario. Pero ojo, porque la risa también puede ser contrarrevolucionaria. Como con los chistes racistas.

Para Žižek, los límites políticos del humor no existen si la broma le hace partirse el culo. Como esta conversación que, a pesar de la distancia y el tiempo, podemos imaginarnos bien. Costumbrismo soviético + zoofilia = LOL:

En la URSS, dos desconocidos sentados en el tren. Tras un prolongado silencio, de repente uno se dirige al otro: '¿Alguna vez se ha follado a un perro?'. Sorprendido, el otro contesta: 'No, ¿y usted?'. 'Por supuesto que no. Es algo asqueroso. Sólo pretendía entablar conversación'.

Dios, el supremo bromista

Quizá uno de los misterios que más nos atraen de los chistes es su autoría. ¿De dónde vienen? Nunca se sabe. Son colectivos. Anónimos. La mayor expresión de creatividad sin reclamo de copyright. ¿No es algo revolucionario también esto?

Y si todo esto –la vida y especialmente el verbo, el lenguaje– tiene una procedencia casi divina, ¿no acabaríamos concluyendo que Dios es el supremo bromista?

¿Es gracioso algo que no ofenda absolutamente a nadie?

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