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El festival de los accesorios del futuro

Si hay algo que defina la imagen de los asistentes al Sónar son los complementos extravagantes

En un festival de música avanzada hay estilos igualmente avanzados. La estrella de la electrónica se parapeta detrás de su mesa de mezclas y deja el protagonismo visual a su audiencia. El sonido está en el escenario; la puesta en escena, en los pasillos que llevan a él. Más, cuando se trata de un festival como el Sónar, con una sección que ocurre a la luz del día, perfecta para ver y ser visto.

Hace tiempo que los festivales condensan las tendencias actuales e indican cuáles serán las futuras. Pero el Sónar no es Coachella. En este último imperan las prendas de lujo del diseñador del momento y el estilo hippie pasado por el filtro de lo sofisticado. El Sónar, por el contrario, es más urbano, impera el hazlo tú mismo, la creatividad individual y la falta de normas de estilo previas. Coachella traduce la pasarela a la calle. Sónar siembra en la calle lo que probablemente acabe viéndose en la pasarela.

El festival de los accesorios del futuro

Los cropped tops se acortan, las plataformas se ensanchan, los collares duplican su tamaño. Algunos aprovechan este contexto de libertad suprema plagado de observadores expertos para lucir lo que querrían ponerse en cualquier circunstancia. Por eso Sónar, que no apela a marcas de lujo ni a tendencias explotadas, es el festival de los accesorios. Ellos ejemplifican la vertiente más lúdica y festiva de la moda.

El festival de los accesorios del futuro

¿O acaso hay algo menos funcional que un accesorio? No, no hablamos de cinturones, bufandas o riñoneras, sino de gafas que sustituyen el cristal por el metal, gorras abiertas que no protegen del sol o collares que acaparan las miradas del resto. De bolsos de mano en los que no cabe nada, de flores en el pelo y pañuelos estampados anudados en cualquier parte del cuerpo.

Los estilistas suelen repetir hasta la saciedad aquello de que los complementos son la clave de cualquier buen estilismo. Si, además, estos no apelan a otro criterio más que a la pura transgresión estética, se convierten en moda en el sentido más estricto del término.

El festival de los accesorios del futuro

Los collares étnicos se mezclan con bombines, las cadenas doradas brillan al lado de camisetas de encaje y los vestidos se combinan con sneakers de colores. Se puede llevar turbante sin prescindir de los vaqueros rotos e incluso ponerse pañuelos anudados bajo la gorra. Las pulseras se acumulan en el antebrazo y la montura de las gafas se customiza hasta integrar un bigote. No hace falta desembolsar mucho dinero, ni recurrir a complejas combinaciones. Basta con encontrar el complemento más divertido, llamativo o curioso. Y echarle imaginación.

Tal es la importancia que cobra el accesorio que Bershka no regalaba a los asistentes camisetas o bolsas de tela, sino un enorme medallón dorado que recordaba a las estrellas del rap de los noventa. Porque en un festival donde la puesta en escena no recae sobre los artistas, sino sobre su público, hay que conseguir, a golpe de accesorio, que hasta la sprendas básicas parezcan novedosas.

Muchos sacan partido a su imaginación durante esos días mientras otros los observan sin comprender muy bien de qué va la historia. Y ahí, precisamente, está la clave: no en las tendencias del presente, sino en los estilos del futuro. Si las novedades no generan opiniones encontradas, es que no son realmente nuevas.

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