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Goma de mascar y muchos fluidos: 8 retratos de una feminidad pegajosa

¿Chicas guapas o amasijos de basura?

La delgada línea entre lo erótico y lo asqueroso es esa en la que reposan las obras de Francine Spiegel. Sus cuadros de mujeres semidesnudas hechas de chicle, de chocolate y de otros fluidos dulces y coloridos son una muestra de esa pequeña fantasía infantil en la que absolutamente todo debería estar hecho de caramelo. Pero el exceso de azúcar aquí provoca un coma diabético a quien contempla las obras de Spiegel, y se vuelve una metáfora de aquello que en realidad denuncia la artista: vivimos en una sociedad dominada por la desnudez, por los cuerpos de las mujeres esbeltísimas, por los pechos guesos y apretados de las modelos que protagonizan nuestro mundo. Tan empalagoso como el caramelo es el cuerpo perfecto e inalcanzable que a diario se nos obliga a mirar. Aborreceremos lo dulcísimo tanto como aborrecemos lo suavísimo. Quizá sea el momento de encontrar otros sabores. Quizá la hora de atender otros tipos de cuerpos haya llegado al fin.  

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