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La razón por la que mucha gente exitosa sigue siendo infeliz

La felicidad no depende del éxito profesional ni de la inteligencia. Incluso puede que seas más infeliz si eres listo.

Imagen de Bobby Doherty

Según la ciencia, hay tres cosas en la vida que son el secreto de la felicidad: tener relaciones sociales plenas, ser bueno en aquello a lo que nos dedicamos todos los días y tomar decisiones vitales de manera independiente.

Sin embargo, investigaciones recientes en el campo de la felicidad han llegado a la conclusión de que estar mejor educado, ser más rico o haber conseguido diferentes logros... no te hace más feliz.

Esa es la tesis detrás de Si eres tan listo por qué no eres feliz, el nuevo libro de Raj Raghunathan, un profesor de marketing de la Universidad de Texas.

Raghunathan explica en su libro cómo aquellas características que llevan al éxito también llevan a la infelicidad. O lo que es lo mismo, por qué ser exitoso no garantiza ser feliz. Para ello, este profesor investigó las vidas de sus compañeros de clase, quince años después.

Y encontró algo extraño. Muchos de los que habían conseguido los mayores éxitos en sus carreras se encontraban también entre los más insatisfechos con la vida. No importaba lo bien que les fuera en el trabajo, estas personas eran infelices.

Raj decidió investigar este fenómeno ampliando la muestra a estudiantes, gente de negocios, amos de casa, abogados o artistas. De esta investigación sacó un resultado sorprendente. Incluso la gente más brillante y exitosa -por su intelecto, su capacidad y conocimiento- comete los mismos errores en la vida que aquellos menos inteligentes. De hecho, muchos de los rasgos psicológicos que llevan al éxito pueden fomentar hábitos que se interponen en el camino de la felicidad.

Tener éxito no te hace más feliz. Incluso puede que te sientas más triste que aquellas personas menos exitosas

Raghunathan discute en su libro sobre cómo conseguir logros profesionales no necesariamente nos hace más feliz, ya que la felicidad que eso proporciona suele tener fecha de caducidad. Tal como cuenta Raghunathan en una entrevista para The Atlantic, esto es lo que ocurre, por ejemplo, cuando tenemos un cambio positivo en nuestro trabajo.

Nos adaptamos muy rápidamente a una nueva situación. Si, por ejemplo, consigues un aumento de sueldo este mes, serás feliz por un mes, dos meses, tal vez seis meses. Pero despues de eso, vas a acostumbrarte a ello y vas a querer algo más. O al menos seguir manteniendo eso que tienes. En la mayoría de personas se puede ver que eso no es una fuente sostenible de felicidad”.

Para ello, el experto recomienda un enfoque alternativo de la felicidad. "Recomiendo llegar a ser un poco más conscientes de las cosas en las que somos buenos y lo que nos gusta hacer. Cuando no es necesario compararse con otras personas, nos rodeamos de cosas que nos gustan por instinto y nos centramos en ello durante un tiempo lo suficientemente largo, es probable que lleguemos también al progreso. Y entonces la fama, el poder y el dinero serán un subproducto de ello, en vez de algo que hace que seas superior a otras personas".

Por otra parte, uno de los secretos de la felicidad para Raj consiste en no centrarse en el objetivo final sino disfrutar del proceso de conseguirlo. “Mucha gente cree que si consigue un objetivo va a ser feliz. Pero resulta que no es cierto. Y eso se debe a la adaptación pero también a la sensación de que tenemos una montaña (el objetivo) y la queremos escalar, pero cuando lo logramos nos damos cuenta que aún quedan muchas más montañas por subir”.

¿Y cómo conseguir ser felices en un mundo en el que la felicidad suele ir asociada a los resultados?

Raj habla en su libro del concepto de “búsqueda desapasionada de la pasión”, que básicamente consiste en no asociar la felicidad a la consecución de resultados.

La razón por la que es importante no atar la felicidad de los resultados es que los resultados por sí mismos no tienen realmente un efecto claramente positivo o negativo en la felicidad. Sí, hay ciertos hechos como una enfermedad terminal o la muerte de un hijo que son bastante extremos y sí que nos pueden afectar". "Pero si recuerdas cuando te rompiste el brazo o lo dejaste con tu novia y pensaste 'Oh Dios mío, es el fin del mundo. Nunca me voy a recuperar', realmente no es así. Somos muy buenos recuperándonos y solo unos pocos acontecimientos realmente negativos tienen la capacidad de afectarnos en la manera en la que crecemos y aprendemos”.

[Vía The Atlantic]

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