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El extraño caso de los hombres que se volvían invisibles al besarse

Una epidemia insólita fotografiada por el artista de origen iraní Laurence Rasti

Es un fenómeno extraño que hasta ahora nadie ha podido explicar con claridad. Sucede en Irán desde hace mucho tiempo y por más que se investigan sus causas, los científicos del país no dan con las razones de tan peculiar suceso.

Todo comenzó hace 8 años muy lejos de las fronteras del país persa. Mahmud Ahmadineyad, por entonces presidente de Irán, pronunció un discurso en la Universidad de Columbia (EEUU) que haría historia.

"En Irán no tenemos homosexuales, como en vuestro país. En Irán no existe este fenómeno".

La contundente respuesta de Ahmadineyad a una pregunta sobre orientaciones sexuales provocó risas incrédulas y abucheos entre los asistentes, pero las verdaderas consecuencias de estas palabras se sintieron a miles de kilómetros de distancia.

A partir de ese momento, cada vez que dos personas del mismo sexo se besaban en Irán, se volvían invisibles, como si un manto mágico se los tragara para siempre:

Así, sin más. Dejaban de existir. Sus deseos, sus caricias, sus abrazos, sus susurros... todo se esfumaba con ellos.

Nadie quería verlos, su presidente negaba su existencia. Así que poco a poco, se iban volviendo invisibles y desaparecían.

Algunos se fundían con el papel de las paredes...

...otros quedaban sepultados en vida por un ejército de globos censores...

...y otros veían cómo de sus rostros brotaban flores cuando cogían la mano de su amante.

Así que algunos de ellos, asustados por esta epidemia, decidieron huir para poder seguir queriéndose sin extrañas consecuencias. La pequeña localidad turca de Denizli se convirtió en el destino de muchos.

Allí permanecen refugiados hasta que algún país libre de esta inexplicable plaga les ofrezca asilo.

Mientras esperan a que esto suceda, algunas parejas de enamorados recuperan el tiempo perdido en Irán, donde habían dejado de besarse por miedo al implacable manto de invisibilidad.

Aquí, en los rincones de Denizli, sus labios y sus lenguas se abrazan de nuevo.

Hay quienes se toman fotos, posan para ser retratados por artistas como Laurence Rasti para que su rostro nunca se olvide en caso de que la epidemia acabe por alcanzarles.

No quieren mirar atrás ni volver a tener miedo. Sin embargo, aunque saben que allá donde terminen viviendo podrán besarse sin volverse invisibles, tendrán que seguir luchando para que nadie se atreva a darles la espalda de nuevo.

No hay más ciego que el que no quiere ver

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