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Así se explica el deporte más peligroso del mundo

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El escritor Matt Higgins acaba de publicar un libro para explicar la filosofía del salto BASE: su retórica del riesgo suena igual que la de un trader financiero

Natxo Medina

04 Agosto 2014 18:08

Jeb Corliss era un tipo sin rumbo en la vida, pero eso fue hasta que encontró una salida a sus frustraciones: el salto BASE, también conocido como la última tentativa del ser humano por volar. Apenas protegidos por un pequeño paracaídas, los saltadores BASE se dedican a saltar edificios, puentes elevados o montañas. Ellos dedican su vida a uno de los deportes más peligrosos que se conocen y precisamente por eso son blanco de innumerables críticas. Para dar respuesta a las mismas, el escritor Matt Higgins acaba de publicar un libro, Bird Dream.

Un deporte (casi) nacido en YouTube

Todo empezó en los años 60 y 70, entre una serie de entusiastas del paracaidismo que buscaban llevar su pasión a nuevos extremos. Pero no fue hasta finales de los 90 cuando la práctica empezó a popularizarse, en parte gracias a la aparición de figuras visibles como Corliss, y en parte porque ese fue el momento en que se desarrollaron los primeros trajes de vuelo, esta especie de monos con alas que utilizan algunos saltadores para planear. La última revolución del mundillo fue el advenimiento de las cámaras digitales y Youtube, que permitían a los deportistas grabar sus delirantes saltos y colgarlos en la red.

Justamente fue un video llamado “Grinding The Crack” el que desató la popularidad de nuestro protagonista. Hoy acumula 27 millones de vistas y es perfecto como ejemplo de lo peligroso que puede llegar a ser el volar sobre un paisaje a más de 100 kilómetros por hora, con la única protección de un mínimo casco. No es de extrañar que el salto BASE registre una tasa de mortalidad tan elevada. En toda la historia del deporte los fallecidos conocidos son más de doscientos, veintidós de los cuales murieron en 2013. Como dice Higgins en una entrevista para Outside, “No hay garantías, y al menos de que estés preparado para la posibilidad de dar tu vida, no lo hagas”.

"No estamos locos, sabemos lo que queremos"

Aún así, el autor insiste: “La gente que toma riesgos no está necesariamente loca. Hay un componente genético el tomar riesgos”. No es una locura clínica, al menos, sino la pulsión del más difícil todavía. ¿Y qué puede pasar por la cabeza de alguien que pone su integridad física en entredicho tan a menudo? Es difícil de entender. Lo que está claro es que pocas cosas deben de igualar esa sensación de poder, de presente, de aquí y ahora. Por no hablar del salvaje subidón de adrenalina.

En cualquier caso, el salto BASE es una práctica que no tiene intención de desaparecer, al menos de momento. Y eso puede deberse a que encaja con los patrones de nuestro tiempo. O como afirma el autor:

—Hay algo en nuestra era, una combinación de prosperidad económica, tecnología en expansión y ansiedad por el futuro del mundo que tal vez ayude a explicar el libro a las futuras generaciones […] Yo vi los deportes extremos como el Woodstock de nuestra generación. El salto BASE y los trajes de vuelo sólo llevan esa idea hasta el último de los extremos.

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