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El éxodo urbano es la solución a muchos de tus problemas en la ciudad

Así es: la gente ya está repoblando aldeas

Dejar la ciudad para irse a vivir al campo puede parecer una opción atractiva en determinado momento. Las grandes urbes generan estrés debido a la masificación, los elevados precios de las casas y el frenético ritmo de vida que suponen. Y a fin de cuentas, ¿quién no se ha sentido en alguna ocasión agobiado al subir las escaleras del metro a toda prisa porque llegaba tarde al trabajo? ¿O quién no se ha echado a temblar ante la mera idea de tener que buscar piso de nuevo? La ciudad tiene muchas ventajas pero también una buena lista de inconvenientes.

Avivado por la crisis y la dificultad para sobrevivir en la ciudad con poco dinero, algunos municipios han aprovechado ese creciente atractivo de lo rural para fomentar la repoblación de aldeas deshabitadas o con muy pocos habitantes. El éxodo a las ciudades de los jóvenes y la progresiva desaparición de los ancianos han provocado que algunos pueblos españoles hayan pasado a ser sólo núcleos de casas sin habitantes. Se calcula que en la península hay unos 3.000 ejemplos de este fenómeno. El portal pueblosbanadonados.com ha elaborado un mapa en el que se pueden ver un buen número de ellos. Según dicha referencia, la mayoría se concentran en la mitad norte del país.

Una de las opciones más habituales para atraer a nuevos habitantes a estos pueblos suele ser ponerlos en venta por un precio muy bajo. Tanto, que por esa cantidad no podrías comprarte ni un apartamento de 30 metros cuadrados en una ciudad como Barcelona o Madrid. Se ponen a la venta los solares o las casas que conforman la aldea (por ley una persona o una empresa no puede convertirse en propietaria de una población, aunque sí de todas las viviendas) con la idea de atraer a empresas o personas interesadas en crear negocios en el ámbito rural. Un ejemplo es el hotel Peralta, situado en el pueblo abandonado de mismo nombre perteneciente a Tarragona. Allí solo viven los dueños y demás personal del hotel, que es el único edificio de la población junto la iglesia.

Sin embargo, más allá del lucro por el lucro de extranjeros que ven un chollo inversor de cara a la jubilación en un sitio tranquilo, existen otro tipo de iniciativas. Éstas buscan repoblar poblaciones exentas de habitantes con la idea de crear un tipo de comunidades cooperativas. Un ejemplo es el de Las Graceas, un proyecto iniciado por Pedro Carvajal en la provincia de Jaén. En un principio, la idea estaba dirigida a ganar dinero comprando el pueblo y vendiendo sus casas después. Finalmente ha acabado siendo una iniciativa sin ánimo de lucro.

Según explica Carvajal: “ El proyecto empezó hace 5 años, así que ya llevamos tiempo organizando y buscando a gente. La idea es que el pueblo sea rehabitado por artesanos que trabajen en cooperativa en algunos campos como la venta, la exposición en ferias o la fabricación, con la sinergia de diferentes sabidurías, métodos y materiales”. El creador del proyecto tiene algunos socios que le han ayudado económicamente a ponerlo en marcha, pero no ha conseguido ninguna subvención por parte del Estado.

Tras comprar el pueblo, Pedro y los inversores crearon una sociedad limitada llamada Las Graceas S.L, que se convertirá en cooperativa cuando los artesanos empiecen a trabajar para ellos mismos. Las personas que vayan a vivir allí compran el terreno, que cuesta unos 6.000 euros por 100 metros. Además tienen derecho a un espacio agrícola de unas 2 hectáreas y se encargan de rehabilitar la casa. Hecha esa inversión, ya no tienen que pagar nada más. El pueblo tendrá también una casa rural en la que podrán alojarse las personas que acudan a realizar los talleres impartidos por los artesanos, consiguiendo así ingresos extra para la comunidad.

Otro concepto asociado a Las Graceas es el de ecoaldea: “ Se trata de vivir de acuerdo a unos principios ecológicos. Por ejemplo, que para construir las casas se utilice barro, paja, materiales reciclados… además, se intentará hacer cultivos basados en la permacultura”, detalla Carvajal. El término permacultura define la integración de vivienda y paisaje, generando menos deshechos y conservando mejor los recursos naturales. “ El terreno no se pisa, se diseña en forma de circunferencia, tapándolo con heno o con paja. En él se cultivan diferentes productos a tres niveles y todo es comestible y aprovechable. Todo se recicla”.

Por el momento hay 4 artesanos vinculados al proyecto. Uno de ellos ya está construyendo su casa. Para poder instalarse en el pueblo deben de cumplirse ciertos requisitos como dedicarse a la artesanía, tener una mentalidad ecológica y ser autosuficiente. “ De momento necesitamos a personas que vivan de su trabajo, no podemos ofrecer empleos a nadie, al menos en el presente”, según explica Carvajal, que también añade que cada mes llegan 2.000 solicitudes de familias que se quieren mudar al pueblo. Pocas son las que cumplen los requerimientos.

En España existen otros proyectos similares, no enfocados concretamente a artesanos, sino a cualquier persona que quiera vivir en un régimen de comunidad. Generalmente el planteamiento base suele ser la autosuficiencia y la ecología. Sin embargo, aún está lejos de convertirse en una tendencia pese a lo atractiva que puede parecer la idea en un primer momento. La experiencia de Carvajal es que: “ Hay mucha gente intentando hacer proyectos así, pero lo cierto es que no es fácil. Es un proceso muy lento, cuesta encontrar a la gente adecuada para embarcarse en un proyecto así”. Quizás solo sea cuestión de tiempo.

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