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Esterilizaciones forzadas: la guerra quirúrgica contra los pobres más grande de Sudamérica

Entre 1996 y el año 2000 alrededor de 300.000 mujeres y 20.000 hombres fueron esterilizados en Perú dentro del Programa Nacional de Salud Reproductiva y Planificación Familiar del Gobierno de Alberto Fujimori. Más de 2 décadas después, sus víctimas siguen buscando justicia y reparación

Imagen Getty

“Subí a una ambulancia que me esperaba en la carretera de al lado de mi casa. Me llevaron a la posta de Conchacalla, donde me pusieron un mandil verde. Yo les pregunté por qué me cambiaban de ropa si yo solo tenía fiebre. Tenía miedo porque mi esposo me iba a preguntar dónde había ido y porque había dejado a mis hijos sin comer, no había cocinado nada de almuerzo. Me metieron en una camilla a la fuerza y me hicieron contar. 1, 2, 3... Y después, ya no recuerdo nada. Cuando me desperté eran las 8 de la noche, echaba espuma por la boca, no me podía levantar, ni caminar y tenía puntos en la barriga ¿Qué me habían hecho?”

Doris, departamento de Cusco, provincia de Anta.

Doris, la protagonista de este relato, no tardó en averiguar lo que había pasado. Con tan solo 25 años, esta mujer campesina del departamento de Cusco (Perú) fue esterilizada hace 21 años contra su voluntad; despojada de su derecho a ser madre, por obra y gracia del Programa Nacional de Salud Reproductiva y Planificación Familiar del Gobierno de Alberto Fujimori.

Se trata de un programa que tiene el dudoso honor de ser el plan de control demográfico más masivo que se ha dado en Latinoamérica y que dejó entre 1996 y 2000 a cerca de 300.000 mujeres y 20.000 hombres esterilizados, la mayoría sin un consentimiento informado previo. Unas víctimas que dos décadas después siguen sin encontrar justicia.

La historia de Doris es la misma que la de Hilaria, similar a la que también vivieron Josefa y Serafina. Y sus cuatro testimonios, contados entre lágrimas y con rabia, el reflejo de una política encaminada a acabar con la pobreza de la manera más sucia: eliminando a los pobres.

I. Un método supuestamente revolucionario con muchos puntos oscuros

Alberto Fujimori, hoy en prisión acusado de delitos de lesa humanidad, se presentó en la Cuarta Conferencia Sobre la Mujer de Beijing con una premisa muy clara: ¡las mujeres peruanas deben ser las dueñas de su destino!

Era octubre de 1995 y el presidente peruano presentó en la conferencia un programa de Anticoncepción Quirúrgica Voluntaria que supuestamente iba revolucionar la planificación familiar en Perú.

El Banco Mundial aplaudió la medida y la agencia estadounidense USAID prestó fondos para su desarrollo. Y en 1996 se comenzó a aplicar en todo el país el Programa Nacional de Salud Reproductiva y Planificación Familiar, un plan que contaba con unos cuantos puntos oscuros que Fujimori “olvidó” mencionar en Beijing: se haría masivamente, a población pobre y rural, a mujeres en su mayoría y de manera forzada.

¿Cómo surge la maquiavélica idea? Alejandra Ballón, antropóloga peruana y una de las investigadoras más importantes del caso de las esterilizaciones forzadas, cree tener la respuesta. “Fujimori —explica a PlayGround— pidió al Banco Mundial 150 millones de dólares, pero el organismo financiero lo rechazó porque Perú era deudor en esa época”. El Banco Mundial le dice entonces al presidente peruano que para salir de allí debe aumentar el PIB per capita. O lo que es lo mismo, reducir la pobreza.

“Fujimori decide que, en vez de reducir la pobreza, eliminaría la cantidad de pobres”, mantiene Ballón. Esa resolución es el pistoletazo de salida del programa.

“Hasta el 95, las demandas de ligaduras de trompas no llegaban a 15.000 por año. En el 97 se desarrollan 200.000 ligaduras de trompas y vasectomías. No se puede comprender este incremento abismal en tan solo dos años sin que haya de por medio una política fomentada por el Gobierno, con metas, reportes, directivas e incentivos”, mantiene María Ysabel Cedano García, abogada y directora de la organización feminista peruana DEMUS. El PIB per cápita sube rápidamente pero no hay eliminación de la pobreza. Los pobres se vuelven más pobres y las violaciones de los Derechos Humanos no dejan de sucederse”, denuncia por su parte Alejandra Ballón.

II. “Ya no vas a tener más hijos porque te hemos cortado las trompas”

“Fui al hospital Antonio Lorena a vacunar a mi hijita y me agarraron, me pusieron en una camilla y me anestesiaron. Desperté y tenía cortada la barriga. Me dijeron, 'ya no vas a tener más hijos porque te hemos cortado las trompas' ”, recuerda Hilaria, una mujer de la comunidad campesina de Taca que fue esterilizada en 1996.

“Cuando llevaba 8 o 9 meses de embarazo vinieron a mi casa enfermeras de la posta de Maras y me dijeron que no había ido a revisarme, que éramos unas analfabetas y que me iban a poner una multa por no dejarme controlar. Fui al hospital Antonio Lorena a parir para que no me ligaran. Di a luz y le dijeron a mi esposo que fuera a comprar pañales para el bebé”, recuerda Serafina Díaz, una mujer peruana operada a los 34 años. A su esposo le hicieron firmar el consentimiento con engaños, contándole que eran los papeles necesarios para inscribir al recién nacido. Y a ella, la metieron en el quirófano para esterilizarla.

“Hasta el 95, las demandas de ligaduras de trompas no llegaban a 15.000 por año. En el 97 se desarrollan 200.000 ligaduras de trompas y vasectomías.

Estos testimonios son solo dos ejemplos de las miles de prácticas que se llevaron a cabo para convencer y forzar a las mujeres peruanas a esterilizarse. Porque según denuncia el Comité Lationamericano y del Caribe de los Derechos de la Mujer ( Cladem), tan solo el 10% de las mujeres esterilizadas en aquel período dieron su consentimiento.

Vía Amnistía Internacional

“Se hizo en los centros de salud donde los médicos y las enfermeras trabajaban y ganaban dinero aparte de su sueldo. Iban a las comunidades, se alojaban allí y se llevaban a las señoras a operar”, explica Rute Zuñiga, afectada por las esterilizaciones y presidenta de la Asociación de Mujeres Afectadas por las Esterilizaciones Forzadas.

“Los métodos más comunes fueron la aplicación de la fuerza física, el engaño psicológico, la manipulación, las amenazas o el convencimiento a través de beneficios económicos, promesas de alimentos o una combinación entre amenaza-beneficio del tipo 'si no te operas, tú y tu familia nunca más serán recibidos en la única posta médica que hay a 5 horas a la redonda'”, explica Alejandra.

“El programa fue hecho en hospitales donde no debió hacerse, con médicos que no debieron practicarlo, con pésima infraestructura, sin las condiciones higiénicas necesarias, sin los exámenes pre-operatorios, sin seguimiento post-operatorios y en casi ninguno de los casos se siguió lo que se estipulaba en el protocolo de consentimiento, bastante limitado y que fue modificado a lo largo de los años”, denuncia Alejandra Ballón.

III. Una guerra quirúrgica contra la disidencia y las mujeres

Más allá de cuotas, de los testimonios y de los diversos atropellos que sufrieron las víctimas de las esterilizaciones forzadas, cada vez son más las voces en Perú que llaman a entender este fenómeno como una parte más del conflicto armado interno: la lucha del grupo marxista Sendero Luminoso contra el estado de Perú que tuvo lugar entre 1980 y 2000. Una de las personas que abogan por esta teoría es la propia Alejandra Ballón quien, en sus estudios, propone este cambio en la memoria política peruana. “Las esterilizaciones forzadas no fueron un programa que coincidió temporalmente con el conflicto armado, sino que fueron parte de este problema”, incide Ballón.

Para la investigadora, hay varias pistas clave que probarían esta hipótesis.

Por un lado, la tremenda permeabilidad del programa de salud reproductiva en las zonas más recónditas del país. “Un programa del estado que llega a las comunidades indígenas más alejadas solo se entiende gracias a la coordinación con las fuerzas armadas”, explica Alejandra Ballón.

“Se hizo en los centros de salud donde los médicos y las enfermeras trabajaban y ganaban dinero aparte de su sueldo. Iban a las comunidades, se alojaban allí y se llevaban a las señoras a operar"

Por el otro , el papel inspirador que jugó el Plan Verde en Alberto Fujimori. “El Plan Verde fue un programa militar diseñado por la cúpula militar en la época del Gobierno de Alan García en el que se llamaba a esterilizar a los posibles subversivos, gente en su mayoría pobre y de comunidades rurales, que ellos consideraban personas excedentes”, cuenta la antropóloga. Una lógica militar en la que según Alejandra, se inspiró el fujimorismo. “De hecho, las cifras oficiales del Ministerio dicen que han sido más de 4.000 las esterilizaciones practicadas solamente por las fuerzas armadas entre 1993 y 1999”, recuerdan.

Otro de los asuntos que cuesta entender si atendemos a las cifras de esterilizaciones, es la tremenda diferencia entre hombres y mujeres. La abogada Giulia Tamayo, autora del informe Nada Personal (la primera investigación acerca del fenómeno de las esterilizaciones en Perú), incide en el militarismo que encierran estas cifras. "Las mujeres somos úteros, sujetos a controlar", dice Tamayo. Y ese control del útero es parte de una estrategia militar. 

“Las consecuencias post operatorias son menores en el cuerpo del hombre, económicamente es parecido, no hay ninguna cuestión médica que legitime que esta práctica se haga más en mujeres que en hombres”, explica Alejandra Ballón. “¿Cuántos hijos puede tener una mujer? ¿y cuántos hijos puede engendrar un hombre? Si lo que se quiere es reducir la cantidad de hijos, en una política de natalidad deberías tener de objetivo al hombre antes que a la mujer”, resume la experta.

IV. Más de 20 años en busca de solo dos cosas: justicia y reparación

“Desde que me esterilizaron yo ya no vivo bien. Tengo dolores, no puedo ni caminar por culpa de esto. Voy al médico y me echan de allí. Me dice que soy una desagradecida y que si no me hubieran esterilizado habría parido 10 hijos. Me han dicho que denuncie pero no tengo plata”, se lamenta Doris. Hilaria, por su parte, cuenta que tiene problemas de los nervios y no dispone de asistencia en los hospitales de la zona. “Tengo dolor de estómago, de cabeza, no puedo trabajar en el campo. Las esterilizaciones han afectado a mi vida, no es justo que nos hagan estas cosas sin consentimiento”, denuncia por su parte Serafina.

 “Los métodos más comunes fueron la aplicación de la fuerza física, el engaño psicológico, la manipulación, las amenazas o el convencimiento a través de beneficios económicos, promesas de alimentos o una combinación entre amenaza-beneficio

Ya han pasado 21 años desde que se implantó el Programa Nacional de Salud Reproductiva y Planificación Familiar. Y Serafina, Doris, Hilaria, Josefa y muchas más siguen sufriendo sus consecuencias. La justicia camina muy lento, a pasitos que apenas llegan a sus comunidades indígenas.  “El Estado se comprometió a investigar y sancionar a los responsables directos del caso", explican las abogadas de Demus. En 2015 se implantó un registro de víctimas –el REVIESFO – pero muchas de ellas siguen sin estar registradas, solo una de las  miles de víctimas ha sido compensada económicamente y son poquísimas las demandantes que tienen representación legal.

Algunas, han muerto sin que su caso sea reconocido. Otras, ni siquiera llegaron a enterarse de lo que les ocurrió.

María Ysabel Cedano, abogada de Demus (vía Perú21)

“La investigación dura hasta el día de hoy”, exponen en Demus. Desde la organización feminista peruana explican que desde que en 2009 se empezara a tratar judicialmente el caso, se han ido sucediendo las aperturas y cierres de los procesos. ¿El último? En septiembre del año pasado, cuando la Fiscal Marcelita Gutiérrez resolvió que no había esterilizaciones forzadas en el caso de 2089 mujeres esterilizadas contra su voluntad.

“Yo no creo en la justicia peruana, tengo pocas esperanzas reales”, expone por su parte Ballón. Y mientras la justicia sigue dando la espalda a estas mujeres, ellas no cejan en su empeño. El pasado viernes, un grupo de valientes agrupadas de la Organización Nacional de Mujeres Indígenas Andinas y Amazónicas del Perú (Onamiap), viajó hasta Nueva York para presentar el caso de las esterilizaciones forzadas ante la ONU, en el marco de la 16 sesión del Foro Permanente para Cuestiones Indígenas de las Naciones Unidas.

Imagen vía Asociación de Mujeres Afectadas por las Esterilizaciones Forzadas de Cusco

En una cultura como la andina en la que el cuerpo femenino sigue siendo motivo de vergüenza, en la que muchas de estas familias peruanas se han roto por las esterilizaciones y en la que confesar semejante violación del cuerpo femenino podría ser motivo de marginación social, que un grupo de mujeres valientes decida hablar, aportar nombres y contar su historia, dota de aún más valor a su testimonio.

Y como bien asegura Josefa, las víctimas de esterilizaciones forzadas ya no tienen "ni vergüenza ni miedo”. Porque estas mujeres solo persiguen dos cosas: “justicia y reparación”. Y no pararán hasta lograrlo.

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