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Ser famosa en Internet es una farsa, y otras enseñanzas de una It Girl arrepentida

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Essena O'Neill se atreve a contar la verdad sobre su superficial vida como It Girl

Luna Miguel

03 Noviembre 2015 18:29

Tiene 18 años y acaba de dar un giro completo a su vida.

Desde los 12, Essena O’Neill era una chica obsesionada con su imagen, con convertirse en el ideal de chica guapa, de tía buena y de celebridad exitosa en las redes sociales gracias a su manera mona y perfecta de hacerse ver.

Casi sin darse cuenta, la modelo se convirtió en aquello que ansiaba, llegando a tener más medio millón de seguidores gracias a sus fotos.

La historia de O’Neill, sin embargo, ha acabado demostrando que debemos tener mucho cuidado con aquello que deseamos. Y es que no todo es oro, risas y cupcakes en la superficial vida de una It Girl.

Las redes sociales no son la vida real

Hace tan solo unas semanas, los fans de la modelo se dieron cuenta de que su actitud estaba cambiando.

Poco a poco, O’Neill comenzó a borrar fotos de su Instagram, y a subir memes reivindicativos a sus redes, donde algunos comentaristas declaraban “que echaban de menos las fotos donde se le veía a ella”.

Lo que ese medio millón de personas no sabía es que la chica rubia y angelical que se ocultaba tras esa cuenta, estaba en realidad replanteándose su modo de vida, y tramando una especie de venganza hacia la persona en que se había convertido.

El pasado 27 de octubre fue el día en el que Essena O’Neill dio un giro de 180 grados a su vida, decidiendo tomar las riendas de su destino, y contando la verdad de lo que significa ser famosa en Internet a todos sus seguidores.

Harta, por un lado, de la hipocresía de muchos de sus fans, que la tachaban de tonta por triunfar con su cuerpo, y harta, sobre todo, del mundo de la moda para el que ella sólo era un objeto, un maniquí de promoción, ella reescribió todas sus entradas de Instagram, contando lo que escondía cada una de ellas.

Prendas carísimas, regalos de marcas, escenas en las que su cuerpo de menor de edad aparecía completamente sexualizado, joyas incómodas, kilos y kilos de maquillaje para tapar los granitos de su adolescencia, sonrisas forzadas para mostrar algo que ella en realidad no era, y mucha falsedad.

Y todas esas verdades, contadas siempre con un mensaje muy claro y muy directo: “Somos una generación de cerebros lavados”.

“La fama en las redes sociales es mentira”.

“¿Cómo vamos a saber cuáles son nuestros talentos si no dejamos de fijarnos en los de los demás?”.

La It Girl que criticaba a las It Girls y se hizo más famosa

El fenómeno de Essena O’Neill ha terminado de estallar esta semana en Internet; hoy, todos los medios de comunicación del mundo se hacen eco de su historia, generando opiniones de todo tipo alrededor de la joven.

Para muchos, este movimiento de O’Neill sólo es una parte más del teatro de la farándula y de la moda, y lo único que va a conseguir la modelo es hacerse más conocida, ya que su nombre está saliendo en todas partes.

Es cierto que si verdaderamente ella quería dejar de ser el centro de atención, podría simplemente haber borrado todas su fotos, su canal de YouTube, su Snapchat, y haber seguido con su vida, ya que aún es tan joven como para poder retomarla casi de cero.

Sin embargo, también es cierto que actos como el suyo dan cuenta de una sinceridad absolutamente grande y necesaria en nuestros tiempos.

Estamos más que acostumbrados a ver todos los días a famosas que se quejan del Photoshop, pero que siguen participando del circo de la moda, o a figuras tan influyentes como Cara Delevingne que, a pesar de criticar el machismo y la frivolidad de la industria, se pasan el día de pasarela en pasarela.

No sabemos cuál será el siguiente movimiento de O’Neill, pero lo que de momento sí podemos ver es que no ha tenido miedo de lanzar piedras contra su propio tejado. Ella no ha criticado “al mundo de la moda” ni “a las grandes marcas”.

Lo que la instagramer ha hecho es criticarse a sí misma, dejarse en evidencia delante de millones de personas, y demostrar que, quizá, de lo que más carece nuestro mundo es de un gran sentido de la autocrítica.

O como ella misma escribe:

“Me he hecho más de 50 fotos hasta que he conseguido una que quizá os guste, después he tardado años en editar este selfie con un montón de apps sólo para sentirme socialmente aceptada por ti"

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